"Son dos patas y no debemos olvidar cómo llegaron estos países a esa situación". Con esa frase, Mario Draghi se hizo de rogar un poco más y le dio otra vuelta de tuerca a la situación de España. Según el presidente del Banco Central Europeo, será la última que dé, ya que el Gobierno toca con los dedos la deseada intervención en los mercados de deuda.

El BCE comprará bonos de deuda para relajar la prima de riesgo, pero antes España tendrá que pedir un rescate a sus socios de la eurozona. En otras palabras: si la culpa de que España e Italia estén sometidos a una presión máxima es una consecuencia de la falta de decisiones políticas contundentes, son éstas las que tendrán que producirse antes de que Fráncfort entre en escena.

Draghi presentó este jueves, tras la reunión mensual de la institución, una estrategia encaminada a frenar los "miedos infundados" de los mercados, según él. Pero habrá "estrictas condiciones" a cambio de la intervención del banco de banco. La primera de ellas, que el BCE no actúe solo y no sea el primero en hacerlo. La activación del BCE, considerada por los analistas como definitiva, "está en manos del Gobierno de España y de los Gobiernos de la eurozona", aseguró.

La bolsa recibió con una gran subida el anuncio de Draghi y cerró la jornada con una ganancia del 4,9%. Por otra parte, la prima de riesgo bajaba hasta los 445 puntos.

DOS OPCIONES PARA RAJOY: LAS DOS CON CONDICIONES

El presidente Mariano Rajoy, que comparecía al mismo tiempo en Madrid junto a Angela Merkel, tendrá que solicitar una intervención primero a los fondos de rescate europeos, a través de los cuales ya tiene garantizados 100.000 millones de euros para reflotar al sector financiero.

Rajoy tiene ahora dos opciones: o bien pedir una intervención total de la economía, como hicieron Grecia, Irlanda o Portugal, o bien una línea de crédito preventiva, según fijó Draghi. Ambas implican ya, según las reglas de funcionamiento de los fondos de rescate, la imposición de un programa de medidas económicas. Las exigencias podrían pasar por nuevos recortes del défitit, subidas de impuestos o modificaciones en el sistema de pensiones.

Aunque Draghi citó la fórmula del rescate total, el Gobierno la rechaza de plano y los socios de la eurozona tampoco la plantean. La línea de crédito puede articularse de tres maneras diferentes, dependiendo del grado de deterioro de la economía, lo abultada que sea la deuda o el estado de la banca. Según sea de grave la situación de la economía, la UE ejercerá un mayor control sobre el Gobierno y ofrecerá una mayor asistencia, a priori a cambio de contrapartidas más estrictas.

"La estricta condicionalidad" que aplicará también el BCE será, en realidad, la del rescate de los socios de la eurozona. Pero la capacidad de Fráncfort para estabilizar los mercados de deuda es mucho mayor. "Créanme, será suficiente", aseguró en julio. Hoy se limitó a decir que la talla será "adecuada para cumplir los objetivos", en el habitual lenguaje cauto e insondable de los banqueros centrales.

Eso sí, el BCE sólo actuará "si la condicionalidad se respeta plenamente" y dejará de hacerlo en cuanto se desvíe, pudiendo vender el resto de bonos de deuda que ya atesora, lo cual tendría un efecto catastrófico sobre la credibilidad del país. Las compras serán de bonos que venzan en de uno a tres años, es decir, los que con más urgencia necesitan refinanciación. El volumen de compra de bonos se publicará semanalmente, según anunció Draghi.

PRESIÓN SOBRE RAJOY... Y SOBRE MERKEL

La decisión tomada por Draghi pone de facto mucha presión sobre Mariano Rajoy, porque le obliga a pedir un rescate a sus socios europeos antes de que Fráncfort entre en escena para despejar cualquier tipo de duda.

Sin embargo, la decisión tampoco responde a las peticiones de Alemania y su banco central, el Bundesbank, que rechazaba la medida. Draghi reveló que, pese a la "casi unanimidad" de las decisiones, un miembro del Consejo de Gobierno (los gobernadores de los bancos centrales) votó en contra, aunque eludió decir su nombre.