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¿Qué ha quebrado a la mujer de hierro?

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ESPE
EFE

Esperanza Aguirre se va. Tras 30 años dedicada en cuerpo y alma a la política como concejal, diputada regional, ministra, presidenta del Senado y de la CAM, oírle decir que siempre creyó que la política era una actividad temporal resulta tan extravagante que es lógico preguntarse qué ha vencido su innegable pasión por estar en el ojo del huracán de la vida pública.

EL CÁNCER

Dice Aguirre que hay “acontecimientos” personales que la han llevado a tomar esta decisión, como el cáncer de mama que le fue detectado en 2011, del que se operó y al que ahora, lejos de restarle importancia, ha definido como una grave enfermedad. Aguirre dice estar “presuntamente” curada, pero el nivel de hiperactividad que desde siempre impuso a su agenda como presidenta, unido a los años y al tratamiento médico, no es fácil de compatibilizar con los tratamientos. Durante los últimos días, apenas han pasado 24 horas sin que Esperanza Aguirre fuera titular de prensa: por sus intuiciones sobre Eurovegas, por las pancartas que pedían “Esperanza, muérete”, por su estilo desabrido cuando llegó a Valmaqueda, por sus comentarios despectivos hacia los arquitectos, por el tuperazo que le lanzó una madre cabreada…

EL MOMENTO

“Nunca hay un buen momento para irse”, ha dicho conteniendo las lágrimas. Pero ella sí ha elegido el momento, y las formas. Salvo que Rajoy la desmienta, los hechos han sucedido así: le pidió audiencia, y ha estado esperando a la entrevista esta mañana, para ponerle al presidente sobre la mesa los hechos consumados: “Adiós, me voy, se queda Ignacio”. Ignacio González, su vicepresidente y un outsider del nuevo PP, que no puede verle con peores ojos. Aguirre no ha dado opción al presidente de su partido a diseñar su salida, a pactar su sucesor, a negociar todos los flecos que deja pendiente su estampida.

LA DISTANCIA

Los modos en los que se ha producido su salida ponen en evidencia la distancia que separa a Aguirre de Rajoy, de su gobierno, y del partido dirigido ahora por Cospedal. No le quedó más remedio que tragar con que su hiperrival Gallardón fuera nombrado Ministro de Justicia, pero el caso Bolinaga la ha llevado a discrepar de manera abierta en los órganos de dirección del partido. Tampoco la gestión de la crisis económica resulta cómoda para Aguirre, que ha tenido que asumir la subida del IVA después de ser la más rabiosa detractora de la medida cuando la adoptó el gobierno de Zapatero. Mucho más difícil de asumir ha sido el escándalo de Bankia y la salida de la entidad de Rodrigo Rato, el hombre del que siempre fue principal valedora.

El FUTURO

Aguirre es técnica de Información y Turismo del Estado, y hoy ha dicho que pedirá el reingreso en el Ministerio: no parece muy probable, pero podría hacerlo. También ha asegurado que seguirá militando en el PP, y participando en la vida pública en la medida que el partido la requiera. Quienes intuyen que podría dar el salto fuera de las siglas no la conocen; pero aunque pierda el poder que tenía gracias la presidencia de la CAM, no hay que desdeñar el peso de Esperanza en el ala dura del partido.

LA EXPLICACIÓN MÁS SIMPLE

En cualquier caso, conviene no despreciar el Principio de Occam, según el cual cuando hay varias posibilidades que explican un hecho, la teoría más sencilla suele ser la más acertada. En este caso, no es incompatible que todos y cada uno de los factores señalados se hayan convertido en un peso excesivo incluso para una mujer con tanto nervio, y espaldas tan anchas, como Esperanza Aguirre.
Siempre fue por libre, pero ahora ya es un verso suelto; Rajoy tiene razones para no perderla de vista ni un momento.

La dimisión de Aguirre, en Twitter
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