La corrupción y el nombre de John Dalli, hasta este martes el comisario europeo de Sanidad y Consumo, son viejos conocidos. En 2004, el entonces ministro estrella del Gobierno maltés, en el que ocupaba la cartera de Exteriores, dimitió tras ser acusado de trato de favor en la concesión de contratos públicos. Aquellos cargos demostraron ser falsos y Dalli volvió a la escena política hasta llegar al Ejecutivo comunitario.

En esta ocasión, su vuelta es más incierta. Una empresa tabacalera maltesa contactó con otra sueca, Swedish Match, extorsionándola con su pretendida influencia sobre el comisario, que estaba preparando la nueva legislación sobre el tabaco que importa a Malta, por el tabaco de mascar, y a Suecia, por el snus, alto en nicotina y que se consume colocándolo bajo el labio.

La oficina europea contra el fraude, conocida por las siglas OLAF, inició a petición de la empresa sueca una investigación que acabó en un informe entregado al presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso. Este martes, Barroso habló con Dalli y este dimitió. Así explicó la Comisión en un comunicado la dimisión:

"Entre la compañía y el empresario no se realizó ninguna transacción ni se efectuó ningún pago. El informe de la OLAF no encontró ninguna prueba concluyente de la participación directa del Sr. Dalli, pero sí considera que era conocedor de estos hechos. El informe de la OLAF demuestra claramente que ni el proceso de adopción de decisiones de la Comisión Europea ni la posición de los servicios concernidos se han visto afectados por la materia objeto de investigación".

Este el del comisario Dalli:

"OLAF concluyó que yo estaba al corriente de ellos basándose sólo en pruebas circunstanciales", aseguró el comisario en un comunicado, antes de "negar categóricamente" esas acusaciones".

Su cartera será ocupada por otro comisario mientras el Gobierno de Malta envía a otro titular para la misma cartera, probablemente Tonio Borg, el ministro de Exteriores y viceprimer ministro.

¿CORRUPCIÓN O INTRIGA POLÍTICA?

El caso se derivará ahora a los tribunales malteses, con los que Dalli tiene cierta experiencia. Lo que más teme el comisario, según fuentes al corriente, es la persecución política de la que fue objeto en 2004. Entonces, disputó al actual primer ministro, Lawrence Gonzi, el liderazgo del partido conservador, al que ambos pertenecen. Entonces, las acusaciones falsas de corrupción llegaron tan solo unos meses después de que entrase a formar parte del Gobierno de Gonzi y partieron de su mismo partido.

En esta ocasión, el escándalo llega unos meses antes de otras elecciones. El Gobierno de Gonzi ha perdido la mayoría en la cámara por la rebelión de varios de los diputados conservadores y las encuestas pronostican una victoria de la oposición, que salvo un breve período en el Gobierno (1996-98), no ha ocupado la dirección del país en más de tres décadas. Dalli es, precisamente, uno de los feroces críticos del primer ministro, al que acusa de haber arruinado a su formación política y al país durante sus mandatos.

"El sentimiento aquí es el de revancha política", asegura un alto cargo del Partido Laborista en conversación con El HuffPost. "En los últimos meses, Dalli ha criticado duramente a su propio partido". En una entrevista televisiva llegó a decir que sus mensajes de correo electrónico habían sido espiados desde el cuartel general de los conservadores malteses.

Ahora, Dalli se concentrará en su defensa en Malta, país que, por otra parte, nunca llegó a abandonar y que visitaba semanalmente.