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Discurso de Navidad del rey: No es sólo la economía, estúpidos

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En el año que lleva de legislatura, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se ha centrado casi exclusivamente en la economía y en la salida de la crisis como ejes de su actuación de Gobierno. Error.

Según ha recordado el rey en su discurso de Navidad, “no todo es economía”. Y ha insistido: ”Por muy evidente que sea, no es malo repetirlo: no todo es economía”. O dándole la vuelta a la frase que se hizo tan popular durante la campaña de Bill Clinton en 1992, no es sólo la economía, estúpidos.

En defensa de esa tesis, el monarca ha dividido su alocución en tres cuestiones clave, aquellas que más afectan a la España de 2012: “La crisis económica, la fortaleza de España como nación europea e iberoamericana y la necesidad de reivindicar la política como instrumento necesario para unir las fuerzas de todos y acometer la salida de la crisis y los retos que tenemos por delante”.

RECORTES... Y ESTÍMULOS

En una coyuntura que marca “uno de los momentos más difíciles de la reciente historia de España” por la “intensidad”, “amplitud” y “persistencia” de la crisis, don Juan Carlos ha tenido un recuerdo para “las personas de todas las edades”, en especial para los “muchos jóvenes que se levantan cada día con sensación de inseguridad y desánimo por la difícil situación de sus economías, la falta de trabajo y las inciertas perspectivas de futuro”. En marzo de este año ya expresó su inquietud por las pésimas perspectivas que afrontan los más jóvenes: “Hay noches que el paro juvenil me quita el sueño”, lamentó entonces.

Sin embargo, el discurso no se ha limitado a exponer los problemas, sino que ha aportado ideas para resolverlos. A juicio del rey, la salida a la crisis pasa por conjugar el “orden en nuestras cuentas” y “generar estímulos para la creación de riqueza”. Esta teoría choca de forma frontal con el discurso y la actuación del actual Gobierno, que ha defendido la ortodoxia en la reducción del déficit público, materializada en recortes, recortes y más recortes. El monarca opta por abrazar las políticas keynesianas de estímulo del crecimiento ("austeridad y crecimiento deben ser compatibles"), una doctrina que también ha defendido con ardor durante el último año el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, bajo la filosofía "menos dieta severa y más vitaminas".

RESULTADOS "EN UN PLAZO RAZONABLE DE TIEMPO"

No es la única colleja que propina el rey al Ejecutivo. Porque, según don Juan Carlos, “las renuncias de hoy han de garantizar el bienestar de mañana”. Con condiciones: los recortes deben ofrecer sus primeros resultados “en un plazo razonable de tiempo” sin afectar a los derechos sociales, “que son seña de identidad de nuestra sociedad desarrollada”. El primer año del Gobierno de Mariano Rajoy ha supuesto la demolición paulatina del Estado del Bienestar.

España es un país que sufre problemas pero es parte de la solución para salir de la crisis, defiende el monarca, quien insta al país a que se convierta “en protagonista en la toma de decisiones en los grandes foros internacionales”, ya sea de Iberoamérica o Europa. En el caso de la UE, el rey critica las visiones puramente nacionales y aboga por “reforzar las bases de solidaridad con las que entre todos hemos avanzado en el proceso de integración”. “Hemos de garantizar que nada de lo conseguido juntos, ni los derechos individuales y sociales, ni el bienestar económico, ni el proceso de construcción política y económica puedan verse amenazados”, señala.

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EL DESAPEGO HACIA LAS INSTITUCIONES Y LA POLÍTICA

De igual forma, apela a recuperar la confianza como factor que contribuirá a colocar las primeras piedras de la recuperación, además de fomentar estímulos en “política económica o fiscal” o de “fomento de la innovación o el emprendimiento”. En su discurso, recuerda que no es la primera vez en sus 37 años de reinado que España atraviesa una crisis económica. “Y sin embargo supimos salir de ellas con éxito y hacer que nuestra economía creciera y que nuestro bienestar mejorara. Y lo logramos por muchas razones pero en primer lugar porque teníamos confianza en un proyecto compartido por todos y en nuestras posibilidades de salir adelante”, subraya.

Confianza para combatir un pesimismo del que el rey es consciente y que merma “la calidad del clima social que vivimos”. Como consecuencia, asume, se está generando “un desapego hacia las instituciones y hacia la función política que a todos nos preocupa”.

“Frente a este pesimismo, como frente al conformismo, cabe encontrar nuevos modos y formas de hacer algunas cosas que reclaman una puesta al día”, apunta en un claro guiño a los movimientos sociales que, como el 15-M, han defendido un cambio en la forma de hacer política.

Una política con mayúsculas que el propio monarca desgrana:

“La que, desde el gobierno o desde la oposición, fija su atención en el interés general y en el bienestar de los ciudadanos”.


“La que, lejos de provocar el enfrentamiento y desde el respeto a la diversidad, integra lo común para sumar fuerzas, no para dividirlas”.


“La que sabe renunciar a una porción de lo suyo para ganar algo mayor y mejor para todos”.


“La que busca el entendimiento y el acuerdo para encauzar y resolver los grandes y fundamentales desafíos colectivos”.


“La que se cimenta en el espíritu de servicio y se acomoda a los principios de la ética personal y social”.


“La que, en fin, es capaz de sacrificar la satisfacción del corto plazo, a menudo efímero, para ensanchar el horizonte de sus ambiciones”.

En su parte final, el rey insiste en que “la Corona es muy consciente del esfuerzo y el sacrificio que los ciudadanos están llevando a cabo con entereza” y augura que los frutos de los esfuerzos de hoy se acabarán recogiendo mañana. Palabras de optimismo y reconocimiento a “las familias”, “organizaciones asistenciales” o aquellos que se han visto obligados, por la situación económica, a abandonar el país en busca de un futuro mejor: “Su experiencia y preparación constituirán a su regreso un importantísimo efecto dinamizador de nuestra economía”, vaticina.

El discurso del rey ha eludido, con todo, la crisis que ha sufrido la monarquía en este 2012, que podría calificarse de annus horribilis para la institución.

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