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Henrietta Lacks: la mujer con cuyas células se lleva investigando durante más de 60 años

08/08/2013 21:39 CEST | Actualizado 08/08/2013 21:40 CEST

Hipatia de Alejandría, Marie Curie, Lise Meitner, Jane Goodall... ya pueden hacer un hueco en el panteón de mujeres que más han hecho por la ciencia a una joven negra inculta, cultivadora de tabaco, llamada Henrietta Lacks. No publicó ningún artículo científico, ni realizó un gran hallazgo y, por supuesto, no recibió el Nobel, pero sin ella, mejor dicho sin sus células, la biomedicina y la genética no serían lo que son hoy. 62 años después de su muerte, toca darle las gracias.

henrietta

La historia de Henrietta Lacks es de esas que sobrecogen. Nacida en el estado sureño de Virginia (Estados Unidos), trabajó de niña en una plantación de tabaco. Se casó joven con un primo suyo y se fueron al norte, a un pueblo cerca de Baltimore. A los 30 años ya tenía cinco hijos y en 1951 acudió al Johns Hopkins Hospital, el único de la zona que atendía a negros, aquejada de un intenso dolor en el vientre. Ella creía que volvía a estar embarazada. En realidad, tenía un cáncer de cuello uterino que acabó con su vida pocos meses después, a la edad de 31 años.

PRIMER CULTIVO IN VITRO DE CÉLULAS HUMANAS

Pero no murió del todo. Sin ella saberlo y menos aún haber dado su consentimiento, los médicos que la trataron cultivaron células de la biopsia que le habían realizado. Por primera vez se cultivaban in vitro células humanas. Sus casi increíbles características de replicación inauguraron la llamada línea celular inmortal HeLa (por las iniciales de Henrietta), una línea que en estos años se ha convertido en la más usada en los laboratorios de todo el mundo.

Hasta 74.000 estudios científicos se han apoyado en células HeLa para sus conclusiones. La vacuna contra la polio, contra el virus del papiloma humano, la fecundación in vitro, tratamientos contra varios tipos de cáncer, buena parte de la biomedicina y genética modernas e incluso la concesión de algún premio Nobel no habrían sido posibles sin la muerte de aquella pobre y analfabeta negra cultivadora de tabaco. Tanta ciencia, tanta industria, tantos beneficios de los que sus hijos y nietos nunca han visto nada, ni siquiera un reconocimiento hasta ahora.

“Además de sus incalculables contribuciones a la investigación biomédica en estos 60 años, la señora Lacks y su familia ahora están sirviendo como catalizadores de unas políticas que hagan avanzar la ciencia, construyan confianza y protejan a los participantes en una investigación”, declaraba la directora científica del instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos (NIH), Kathy Hudson, este miércoles, tras anunciar un acuerdo con sus descendientes. Desde ahora, toda investigación que use células HeLa deberá reconocer la aportación de Henrietta.

SIN COMPENSACIÓN ECONÓMICA PARA LA FAMILIA

Los primeros en hacerlo ha sido un equipo de investigadores de la Universidad de Washington que, en la presente edición de Nature, han publicado el genoma completo de las células inmortales de Henrietta. Antes de hacerlo, responsables del NIH se reunieron con su familia. Les dieron tres opciones: publicar y dar acceso libre a la secuenciación de los genes de Henrietta, no publicarlos o alojarlos en los servidores del NIH para que los investigadores pudieran tener acceso pero tras la revisión de un comité creado por el NIH y en el que siempre habrá dos representantes de la familia. Los descendientes de Henrietta han optado por ésta última.

“El genoma de HeLa es un capítulo más de la historia interminable de nuestra Henrietta Lacks”, decía el portavoz de la familia y nieto Jeri Lacks Whye. “Es una increíble mujer que sigue impresionando al mundo. La familia Lacks se siente muy honrada de ser parte de un importante acuerdo que creemos será beneficioso para todos”, añadió. El acuerdo, sin embargo, sigue sin contemplar compensación económica alguna.

El estudio de la Universidad de Washington ayuda a entender porqué son tan únicas y especiales las células HeLa. Henrietta portaba y sufría el virus del papiloma humano. El virus porta sus propios genes cancerígenos y, en el caso de Henrietta, estaban situados muy cerca de un oncogén del genoma de la mujer. Los oncogenes son genes anormales, mutados, que pueden disparar el crecimiento de células cancerosas.

“En cierto sentido es la tormenta perfecta para que algo vaya mal en una célula”, explica el coautor del estudio, Andrew Adey. Esto explicaría tanto las especiales características de la línea celular HeLa que, a pesar de los 62 años años transcurridos, sigue creciendo y es relativamente estable como la virulencia del cáncer que mató a Henrietta.

Ahora, tanto el libro que sacó del olvido a Henrietta como la película que la presentadora Oprah Winfrey produce sobre su vida incluso más allá de su muerte tendrán un final menos amargo.

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