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Orfeo y Eurídice: Pina Bausch levanta de nuevo su brazo para iluminar el Teatro Real

12/07/2014 10:05 CEST | Actualizado 12/07/2014 10:05 CEST

En el mito de Orfeo, un mortal en la liga de los dioses, su amada Eurídice muere dos veces. La primera, por la picadura de una serpiente. La segunda y más dramática, tras ser rescatada del mundo de los muertos por su amado y debido a la irresistible impaciencia de éste.

El drama, llevado a la ópera por Chirstoph W. Gluck (1714-1787) y que supuso el inicio de una nueva era en el género, revive en el Teatro Real para tres funciones de Orfeo y Eurídice, este sábado, domingo y lunes. Otra sombra alargada se proyecta sobre el escenario. Se trata de la prestigiosa coreógrafa alemana Pina Bausch.

Bausch, fallecida en 2009, creó en 1975 una coreografía para la obra, en la que los cantantes se desdoblan en bailarines, y que a la directora del ballet de la Ópera de París aún le emociona hoy. "Cuando Pina levantaba un brazo, todo se iluminaba", recordó este viernes Brigitte Lefèvre en un encuentro con periodistas. Ella estuvo al frente de una producción que vio la luz en París hace unos años y que entusiasmó a Gerard Mortier, recientemente fallecido responsable del Real.

Bausch "tenía una mirada muy íntima y personal", en palabras de Dominique Mercy, uno de sus más estrechos colaboradores en la compañía que ella dirigió en Wuppertal, en la Alemania occidental. Se trata, para Joan Matabosch, director artístico del Real, de "uno de los espectáculos más bellos y conmovedores de la historia del teatro".

"DOS ÁTOMOS QUE SE UNEN"

Para la ocasión, el Ballet de la Ópera de París se ha desplazado hasta Madrid para representar sobre el escenario una ópera danzada en la que cada personaje expresa diferentes sentimientos ya sea a través de la voz o el movimiento. En cuatro retablos (Duelo, Violencia, Paz y Muerte), Bausch concibió un espectáculo totalmente diferente a la célebre ópera de Gluck.

"Pina tenía una visión muy musical de esta obra y ponía a los cantantes en la situación de los bailarines y a los bailarines en la de los cantantes", explica Lefèvre. La obra recupera la versión italiana de la ópera, la más descarnada (luego, Gluck la adaptaría al francés sustituyendo la segunda muerte por un final feliz).

Para Mercy y Lefèvre, la versión es más realista, algo que invita a digerir la muerte y aceptarla para encontrar la esperanza. "El cantante y el bailarín son como una sola persona, como dos átomos que se unen", en palabras de Mercy.

Eso es "el arte", según Lefèvre, que no puede evitar pensar en los dos átomos (Bausch y Mortier) que sobrevuelan la producción con la que el Real se prepara para despedir la temporada.