POLÍTICA

Lo que supone el acuerdo de Irán para el legado de la política exterior de Obama

03/04/2015 12:19 CEST | Actualizado 03/04/2015 12:19 CEST

Con el pelo casi totalmente gris y un tono sombrío, pero esperanzado, Barack Obama ha tomado la palabra desde la Casa Blanca para defender el eje central de su segundo mandato, su visión de cómo tratar a los adversarios peligrosos y su propio papel en la historia.

Este era Obama en su propia cumbre personal, transmitiendo lo que considera su destino: ser un pacificador pragmático y sereno.

Citando a los tres presidentes de la Guerra Fría -John F. Kennedy, Richard Nixon y Ronald Reagan-, Obama, joven a sus 53 años teniendo en cuenta la media de los jefes de Estado mundiales, afirmó haber alcanzado con Irán un acuerdo marco que puede ser histórico.

Al hacerlo, dijo Obama, él y las grandes potencias aliadas demostraban que en el siglo XXI no sólo existe la vía militar, o que al menos ésta no sería la principal vía para avanzar en favor de la paz.

En cierto momento, Obama recordó que en otra época más peligrosa de confrontación con la Unión Soviética, el presidente Kennedy dijo: “No negociemos por miedo, no tengamos miedo a negociar”. Kennedy al final negoció, al igual que hicieron Nixon y Reagan después. Se alcanzaron acuerdos de limitación de armas. La Unión Soviética cayó.

UNA DECISIÓN QUE DEFINE UN MANDATO

El acuerdo de Irán, si llega a finalizarse, será para esta segunda legislatura de Obama lo que supuso el Obamacare en sus primeros años: una decisión voluntaria, de alto riesgo, definitoria. Una vez más, se adentra en un problema complejo, aparentemente irresoluble. Una vez más, se arriesga no sólo al fracaso, sino a la división en un sistema político ya con deficiencias.

Los más críticos sólo necesitaron unos minutos para denunciar el acuerdo provisional. Los republicanos del Congreso seguramente intentarán tirarlo por tierra. E incluso si actúan de buena fe, intentarán modificarlo de forma que Irán se eche atrás.

Hay muchos motivos para dudar de las intenciones de Irán; el propio Obama reconoció que Irán sigue enviando terroristas por el mundo, construyendo misiles y usando a sus representantes para controlar capitales como Bagdad, Beirut y Damasco, además de Yemen.

No sólo los israelíes temen a Irán. Los países del Golfo Pérsico, dirigidos por Arabia Saudí, han desarrollado un miedo sectario y étnico hacia los chiítas y los persas que se remonta miles de años atrás.

POR CONTRAPOSICIÓN A BUSH...

Si hay una idea central y constante en la vida pública de Obama es su voluntad por buscar respuestas que no empiecen y terminen por la fuerza militar.

Fue un discurso antibélico sobre Irak en 2002 lo que permitió a Obama aventajar a Hillary Clinton en 2008. Sus promesas de acabar con la actuación militar en Irak y Afganistán resultaron clave en su victoria en las elecciones.

Los estadounidenses querían lo contrario a lo que habían llegado a ver en el presidente George Bush, un hombre decidido a bombardear que sabía poco de otras culturas y al que éstas le importaban aún menos; un hombre sin imaginación para idear soluciones no militares.

¿Funcionará el pacto de Irán? ¿Se desmoronará políticamente en Estados Unidos? Nadie lo sabe, pero Obama podría consolarse con el hecho de haber vivido la versión nacional de su narración.

Me refiero al Obamacare.

Era una medida más que compleja, con muchas partes implicadas que hasta a los expertos les costaba comprender.

Los republicanos del Congreso la odiaban e intentaron hundirla de todas las formas posibles.

Obama apostó todo por ese acuerdo, considerándolo la joya de la corona de su agenda económica y nacional. Siempre estaba al teléfono con los negociadores. Conocía los detalles.

Al final, Obama ganó. Y el Obamacare funciona mucho mejor de lo que predecían los críticos.

NO SE BASA EN LA CONFIANZA, SINO EN LA VERIFICACIÓN

Con respecto a Irán, el presidente reconoce mostrarse incluso más escéptico que Reagan en su día. Durante las negociaciones con los líderes soviéticos sobre el control de armas nucleares en los 80, Reagan prometió “confiar, pero verificar”.

Obama insiste en que él no confía en Irán y nos asegura que el mundo, concretamente el Organismo Internacional de Energía Atómica, debe verificarlo.

Al fin y al cabo, los iraníes han logrado ocultar durante años sus instalaciones nucleares secretas. Ahora Obama dice que “lo mejor es una solución diplomática” para evitar que Irán vuelva a hacerlo.

Quizá haya que esperar años para llegar a saber si Obama tiene razón. Pero la fe que tiene en su propia estrategia no debería sorprender a nadie.

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Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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