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El diván del 'HuffPost': los lectores debaten sobre Psicología

16/04/2015 16:27 CEST | Actualizado 16/04/2015 19:27 CEST
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Hay artículos que generan debate. Y los periódicos lo sabemos. Por eso las publicamos, porque apelan a mitos ancestrales, a creencias arraigadas, a emociones fuertes, a debates que se dan en casi todas las familias. Ayer publicamos un post de nuestro pediatra favorito, Jesús Martínez Álvarez, titulado ¿Psicología? Y una mierda. Y el debate se encendió.

Además de ser uno de nuestros blogueros más fieles, -lleva publicando en la edición española de El Huffington Post desde su nacimiento-, es un maestro usando la ironía –que, por otra parte, no deja de ser el recurso literario dominante de algunas de las obras literarias y filosóficas más importantes-. Y el tema era bueno: ¿cuánta gente no piensa que hemos entrado en la era del trauma, donde todo se analiza y se psicoanaliza hasta la extenuación? ¿Cuántos no creen que perdemos naturalidad y espontaneidad a base de sobreprotección? ¿Quién no tiene un amigo o una amiga que lleva psicoanalizándose 15 años y tiene todo tan racionalizado que ha perdido definitivamente la frescura?

No se trata de volver ahora al tópico del padre brutote que, ante una depresión, decía: “Falta de trabajo es lo que tienes tú”. Pero hay debate… Sobre todo, porque también hay muchísima gente que piensa lo contrario: que nunca como ahora se había prestado atención a los problemas mentales, que lo que antes se solucionaba con rudeza y simplismo tenía detrás grandes traumas ignorados, que no es necesario aguantar a toda costa, sino que hay que vivir consciente de las cosas –ya lo decía Sócrates: “Una vida sin examen no merece ser vivida”-. Y que lo más importante es ser feliz.

Sobre estas cosas iban muchos de los comentarios que ayer se hicieron a lo que había escrito Jesús Álvarez Martínez. Algunos se expresaron de forma muy contundente contra el artículo. Ruth Chocron, que además es psicóloga, decía: “Tengo que hacer un enorme esfuerzo de contención para no entrar en valoraciones personales hacia usted. Su artículo es una verborrea con conexiones sin sentido que utiliza la línea argumental del ataque al psicólogo para mostrar su supremacía" moral”. Para Ignacio Izquierdo, “el titular, cuando menos, es ofensivo e inapropiado. Se podría extrapolar a cualquier profesión y/o conocimiento... 'Me cago en la mecánica', 'Me cago en la docencia'; 'Me cago en la pediatría', etc... y sería igual de ofensivo para quien realice esa profesión de una forma honesta intentando ayudar a sus pacientes/clientes". David Díaz Marrero rechazaba una de las críticas del doctor Martínez, que habla de los psicólogos que van “en manada” después de una catástrofe, porque parece que “la rabia y la desesperación deben ser sofocada”: "[Con ese comentario] dejas en evidencia que no sabes cuál es el trabajo de un psicólogo ante una situación traumática. Escribir sin saber de qué se escribe es un acto de libertad, pero también de irresponsabilidad". Y David Sánchez se la devolvía al doctor Martínez con la misma ironía: "Como artículo cómico y absurdo está bien, el humor favorece la salud emocional y la ignorancia suprema ayuda a la felicidad infundada, así que es probable que el autor no se dé cuenta de que alguna vez tenga que recibir ayuda profesional".

Pero también había comentarios a favor. Algunos, porque creían que no hay que tomarse tan en serio las cosas, como Blanca Segura: “¿¿¿Pero solo yo entiendo que el artículo es una parodia??? No hay que tomarse tan en serio las cosas, ni darse por aludidos”. Otros entraban a fondo en el contenido, como Jordi Pla, que también es psicólogo: "Soy psicólogo y creo que el artículo está hablando de algunos problemas muy reales. Claro que antes de existir nosotros había gente feliz, y por suerte la sigue habiendo […] Yo también me cago en la psicología que encarrila y adocena. Si algo le da sentido a la psicología es hacer más libres (y más sabias) a las personas que se acercan a ella”. Algo muy parecido pensaba Alejandro Berkman: “Quien no sepa entender el carácter provocativo del artículo tiene un problema. Por supuesto tiene mucha razón, la psicología se presenta como apolítica e incide constantemente en el individuo, olvidando (intencionadamente) la influencia del contexto social. La psicología actual es un arma de poder para el statu quo, al igual que lo fue la publicidad en el siglo XXI”.

Y para terminar, el propio autor, que también se pronunció con respecto al debate: “Como podréis haber apreciado, nada más lejos de intentar ofender a personas o dirigirme a particulares. Hablo de La Psicología en mayúsculas, La Psicología como aliada del poder que, en epocas de crisis y negrura social aboga por la felicidad y el positivismo, olvidando que la desesperación, la rebeldía, la indignación e incluso la náusea existencialista también son ejercicio de la libertad personal. Muchas gracias de nuevo”.

Interesante, ¿no? ¿Quién ha dicho que aquí no somos capaces de elevarnos en grandes debates sobre la genealogía del poder y su formas de control como si fuéramos el filósofo francés Michel Foucault? Esté donde esté usted, piense lo que piense, una cosa está clara después de tantos comentarios y opiniones: la próxima vez que salga el tema en una cena de familia o de colegas, su arsenal argumentativo habrá aumentado.

Puedes leer aquí el artículo de Jesús Martínez titulado ¿Psicología? Y una mierda.

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