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Marion Cotillard y Michael Fassbender, las estrellas de cine perfectas en Cannes

23/05/2015 20:03 CEST | Actualizado 23/05/2015 20:03 CEST

Hay gente en la industria del cine como Marion Cotillard y Michael Fassbender que se ganan el cheque, por muchos ceros que tenga. Tan pronto lucen impecables en la alfombra roja, atrayendo una impagable atención mediática a sus proyectos; actúan de imán para la taquilla, para elevar con su sola presencia las posibilidades comerciales de las películas en las que aparecen; o demuestran efectividad interpretativa cuando las ambiciones artísticas de sus directores así lo exigen. En ocasiones logran las tres cosas a la vez, como en el Macbeth que acaban de presentar en la jornada final del Festival de Cine de Cannes, donde ejecutan con virtuosismo una compleja aproximación a Shakespeare del australiano Justin Kurzel.

El director que se encarga de este nuevo Macbeth despuntó hace cuatro años con un thriller de enorme carga de angustia y violencia titulado Snowtown. Ambos factores se mantienen en esta pieza teatral convertida en experiencia cinematográfica de enorme fuerza visual y rodada en los grises paisajes de Escocia. Además de su estética, construida por el mismo director de fotografía de la serie True detective (Adam Arkapaw), destaca en la cinta el diferente punto de vista con el que el director trata a sus dos famosos protagonistas. La película, que Kurzel define como “bella y trágica historia de amor”, comienza con el entierro del hijo de corta edad de la pareja. A partir de ese momento se dota al matrimonio de más debilidades de las habituales, alejándolos en parte del tópico simplificado que se tiene de ellos cuando se recurre a ellos fuera de las páginas de Shakespeare.

“Es una historia que intimida y los personajes también -ha dicho Marion Cotillard ante la prensa-. Nunca había estado tan asustada interpretando una película”. La actriz francesa generó una riada de premios al meterse con éxito en la piel de un icono torturado como Edith Piaf, pero, asegura, en esta cinta es la primera vez que le cuesta entrar en el personaje”.

¿Cómo se mentaliza un actor, por muy profesional que sea, para rodearse de una violencia tan brutal como la que se muestra en la película?, se preguntan en la sala de prensa. “Me he topado con esta obra en otras ocasiones en mi vida. La primera vez en el instituto y la segunda en la escuela de interpretación. Pero hasta ahora no se me había ocurrido que el personaje está sufriendo un síndrome de desorden postraumático”, contesta Michael Fassbender. Esta dolencia psicológica, propia de los soldados tras una experiencia bélica y de los padres que pierden a sus hijos, fue una de las primeras ideas que el cineasta australiano propuso al actor cuando comenzaron a perfilar el proyecto.

Kurzel toma el testigo de Orson Welles y Roman Polanski, entre otros, adaptando Macbeth. Parte de la crítica considera su propuesta como una aproximación portentosa de este clásico literario, muchos otros la consideran una narración plúmbea y fallida. En lo que coinciden casi todos es en el gran trabajo de Cotillard y Fassbender. El trío va a tardar apenas unos meses en reencontrarse, ya que el próximo largometraje del director, Assasin’s Creed, volverá a contar con la pareja protagonista de Macbeth.

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