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Cinco dramas que la moda todavía no ha sido capaz de resolver

23/06/2015 08:03 CEST | Actualizado 23/06/2015 08:03 CEST
GTRESONLINE

Milenios de evolución y nuestra camiseta preferida sigue encogiendo en cada lavado. El mundo de la moda está lleno de dramas que no alcanzamos a resolver, pero que todos sus usuarios conocemos bien. ¿O no te suenan estas cinco historias?

1. La cinturilla de los pantalones que provoca cortes de digestión pero deja medio culete al aire.

Es matemático: pantalón que se ajusta a la cintura, cinturilla que se clava en el estómago. El recochineo máximo viene cuando, a pesar de no poder meter un dedo entre tripa y tela, descubres que en la parte trasera se abre un espacio en el que entraría otra persona. ¿Con qué clase de magia negra fabrican hoy en día los pantalones?


2. La camisa que quiere que enseñes más de lo que debes.

Se ve que tener pecho no es compatible con las camisas de botones porque sea cual sea tu talla, el botón situado a la altura de la delantera parecerá a punto de explotar. Además, está colocado de tal manera que si lo desabrochas enseñas el obligo.


3.La ropa que encoge con cada lavado.

Te compras un vestidito sin mangas, por la rodilla, pero tras el primer lavado se convierte en una camiseta de tirantes. ¡Y te ha pasado lavándolo con agua fría! Pero sabes que esto es una de cal, una de arena (ver punto 4).


4.El pantalón que da de sí sin límite.

A este lo metes de vez en cuando en la lavadora con la esperanza de que recupere su forma original. Pero vamos, que el truco tampoco sirve de mucho porque a los 20 minutos el pantalón pitillo se ha convertido en uno tan ancho como el que llevaba tu madre en los 80. Eso sí, no te preocupes porque se habrá dado de sí de todas partes menos de la cinturilla.


5.La tela nido de pelotillas.

A veces, incluso, te preguntas si no estarían las pelotillas en modo camuflaje, metiendo tripa y quedándose muy pegaditas al jersey para que a los dos días, ¡zas!, aparecer por sorpresa y montarse una fiesta con sus 200 amigas. Y da igual que utilices la vieja técnica de arrancarlas con celo porque las pelotillas son como las canas, te arrancas una y salen siete.

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