POLÍTICA

Tomás Marcos, el primer ‘ciudadano' en las Cortes

26/07/2015 10:05 CEST | Actualizado 26/07/2015 10:05 CEST

“Lo de senador suena muy fuerte, la gente se acuerda de las películas de romanos”. Tomás Marcos hace esta reflexión cruzando por primera vez el Salón de los Pasos Perdidos de la Cámara Alta bajo la mirada de la reina regente María Cristina, que domina un enorme lienzo de Joaquín Sorolla.

Apenas lleva una semana en el Senado y su presencia ya tiene algo de histórico. Es el primer parlamentario a nivel nacional que tiene Ciudadanos, el primer ‘naranjito’ en las Cortes Generales. Es senador por designación autonómica -llega como uno de los representantes de la nueva Asamblea de Madrid-, y, en breve, se unirá a él otro miembro de su partido, Luis Crisol, ratificado por las Corts Valencianes.

Todavía no han colocado en su despacho la placa con su nombre y el anterior inquilino le ha dejado ‘herencia’: un escudo de Canarias y un cuadro con la vista aérea de ese archipiélago. No le ha dado tiempo todavía, explica a El Huffington Post, a hacer amigos aquí desde que jurara su cargo el pasado día 16 ante el presidente de la Cámara, Pío García-Escudero. Lo primero que sintió ese día al cruzar la puerta fue “sorpresa”. “No es como la Asamblea de Madrid, es un edificio con mucha historia, con mucho peso político, hay muchos representantes que has visto en la tele y ahora te los cruzas por los pasillos”, señala. Una “mezcla de sentimientos” que también incluye “ilusión y responsabilidad”.

Marcos (Madrid, 1966) colaboraba en temas sociales con Ciudadanos desde la fundación Autismo Diario, que lucha por reformas legislativas en favor de los derechos fundamentales de personas con diversidad funcional, especialmente en temas de neurodiversidad. Trabajaba con la rama madrileña de Albert Rivera en las propuestas de políticas sociales para su programa y, entonces, decidió dar un paso adelante. Se presentó a las primarias y se situó como ‘número cuatro’ en la lista autonómica liderada por Ignacio Aguado. “Me pasó como en general a todos los representantes de Ciudadanos. Estábamos hartos de estar hartos de ver la televisión, no reaccionar, no dar un paso adelante e implicarse mucho más en las instituciones y en un proyecto de país”, comenta.

No siente vértigo, pero lo que sí ya ha experimentado es la sensación de perderse por los pasillos. Uno llega “despistado”, señala entre risas, por lo que el personal de la cámara tiene que ayudar de vez en cuando a los novatos. Ahora está encuadrado dentro del grupo mixto, aunque el objetivo es tener uno propio después de las elecciones generales que se celebrarán previsiblemente a finales de año.

Su llegada ha coincidido también con la de los primeros parlamentarios nacionales de Podemos. El mismo día que él prometió su cargo el ‘morado’ Ramón Espinar, que es además compañero en la Asamblea de Madrid y que fue abucheado por los senadores del Partido Popular. ¿Su relación con los de Pablo Iglesias? “Educación” y “talante”, contesta.

Marcos, que es educador social por la UNED, tendrá su primera gran cita en la Cámara Alta este lunes en la Comisión de Cultura, en la que comparecerá el nuevo ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, para explicar sus planes. En esta cita tendrá la oportunidad de plantear uno de sus grandes sueños políticos, que haya “de una vez” una ley de educación digna en el país.

El político ‘naranja’ ha arribado en plena ola de calor a este antiguo convento de agustinos calzados, en los últimos estertores de la legislatura, a la que le quedan un número de plenos contados y cuyo plato fuerte será la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Otros cuatro años han pasado sin que se produzca la tan cacareada reforma de la cámara que prometen los presidentes de turno cuando son proclamados. El Senado sigue sin llenar ese vacío existencial que le impregna, como le sucede a familia protagonista de American Beauty, la película favorita de Marcos.

“Hay que repensar el Senado”, afirma el político ‘naranja’. A su juicio, se tiene que conseguir un “tipo de consenso constitucional como se hizo en 1978 para que sea una cámara útil para la ciudadanía” y “una verdadera cámara de representación autonómica”. Los 266 senadores son “demasiados”, apunta, y considera que “con la mitad sería suficiente”. “Si no se reforma y seguimos haciendo lo mismo, lo más sensato es cerrarlo por dignidad”, apostilla.

Cree, además, que hay que aplicar la responsabilidad cívica. No tiene coche oficial, se mueve en transporte público y ha renunciado a la tableta y al móvil a los que tenía derecho como senador al haberle proporcionado también la Asamblea de Madrid estos dispositivos. El Senado no puede ser, en su opinión, “un cementerio de elefantes” como es percibido por la ciudadanía ni la “última milla de determinados políticos que llevan treinta años en la administración pública”. Hay que permitirse, continúa, “soñar con otra realidad y darle utilidad pública”.

Este admirador de Adolfo Suárez se lamenta de todas las oportunidades perdidas del país durante los últimos treinta años por la “partitocracia” del PP, PSOE y los nacionalistas. Ahora su reto, subraya, es llevar a la Cámara Alta el “cambio sensato” con “propuestas alternativas, pero viables”.

Aquel niño que enloquecía con las rosquillas de su abuela nunca soñó con cruzar algún día la puerta de la plaza de la Marina Española como senador. Todavía hoy le parece fuerte esa palabra. Por eso, sigue pidiendo que le llamen por su nombre: Tomás.

Tomás Marcos

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