Huffpost Spain
Antonio Ruiz Valdivia Headshot

El segundo acto de Rosana Pastor

Publicado: Actualizado:
Imprimir

Noviembre de 2015. La actriz Rosana Pastor está en el descanso de un ensayo de una obra en el valenciano Teatro Rialto. Aprovecha para merendar algo. Ha dejado en una esquina el móvil cargando. De repente entra una llamada. El número es el del secretario general de Podemos en la Comunitat, Antonio Montiel.

Le dice que quiere quedar con ella tranquilamente para hacerle una propuesta. No obstante, le adelanta que le gustaría que fuera en la listas para las elecciones generales. “¡Ostras, pero estoy en mitad de un ensayo!”, le dice ella. A Pastor ya la habían tentado en algunas ocasiones formaciones políticas y siempre había rechazado. Le pidió tiempo para reflexionar… y a los dos días decidió dar un paso adelante.

Han pasado más de nueves meses desde aquel momento. Pastor recibe ahora a El Huffington Post en su despacho del Congreso de los Diputados, desde el que se divisan las buhardillas y los tejados marrones del centro de Madrid con sabor a novela de espadachines. A su currículum, en el que figuran un Goya por Tierra y libertad y dos nominaciones por Juana la Loca y La conjura de El Escorial, puede añadir su escaño en el Congreso.

“Desde que tenía quince años había algo de la política que me llamaba la atención, siempre con el sentido de mejorar la vida de las personas. Durante mucho tiempo pensé en estudiar Ciencias Políticas o Derecho. Aquello se diluyó y estudié Arte Dramático. Me lancé por ese camino y pensé que ser actriz era mi manera de cambiar el mundo”, rememora en su estancia en la Cámara Baja llena de papeles preparados para ser atacados por su subrayador azul.

La propuesta de Podemos, confiesa, le llegó en un momento en el que “estaba por decir sí” tras haber pensado durante un tiempo en los pros y los contras de adentrarse en la vida institucional. ¿Por qué el partido de Pablo Iglesias? “Era una fuerza emergente, con una capacidad de aglutinar mayorías muy amplias. Me ha preocupado siempre y he pensado que era una pena que gente de distinta procedencia, lo que se ha venido llamando en el lenguaje tradicional las izquierdas, siempre haya estado dividida por cuestiones de formas, no de peso”.

Por eso, vio en este nuevo partido la oportunidad de participar en “una opción aglutinadora muy válida que podía hacer converger a gente que se había sentido desencantada, incluso dentro de la propia izquierda”.

Tocaba enfrentarse a un nuevo capítulo de su vida. Aunque esto le costaba también enterrar algunos sueños. En aquel momento había conseguido una ayuda para desarrollar un guión y posteriormente debutar en la dirección de largometrajes. La historia le sigue fascinando. Inspirada en un guión de Rafael Azcona, Un verano en Cadaqués relata la amistad de Federico García Lorca, Salvador Dalí y la hermana del pintor, Anna Maria. Ella le había pedido a la productora poner el foco sobre el personaje femenino. El proyecto sigue adelante, pero Pastor ya no la firmará. Decidió renunciar a los pocos días de aceptar la oferta de Podemos.

El Congreso devora todo su tiempo. Sabe que no podrá compaginar su actividad como diputada con ninguna obra de teatro y admite que solo podrá realizar alguna pequeña colaboración en el mundo del cine durante esta legislatura. Horas y horas en su despacho y en la Cámara, comenta. “Aquí tu hija, la abducida”, confiesa entre risas que le contesta a su madre cuando hablan por teléfono.

Sobre sus espaldas lleva en apenas unos meses dos campañas, dos elecciones, dos sesiones constitutivas, dos periodos de negociaciones. Intenta afrontarlo con normalidad, pero también se recuerda que está viviendo algo excepcional. En este nuevo acto de su vida, hasta ha ido a Zarzuela dentro de la ronda de consultas de Felipe VI.

“Intento en la medida que puedo respirar y contemplar las cosas desde la normalidad más absoluta”, describe Pastor. Cuando traspasó los límites de la finca real, la actriz y diputada se fue fijando en los pequeños detalles: los árboles, el bajo monte seco, los ciervos. “Eso es lo que te hace estar anclada a la realidad”, explica. Mientras el portavoz de A la Valenciana (Compromís-EUPV-Podemos), Joan Baldoví, estaba reunido con el monarca, ella charlaba con otros miembros de Zarzuela en una sala anexa. “Te reciben muy amablemente, con cordialidad, estuvimos conversando un rato”.

“Nos dijeron que había acabado. Salimos de la estancia y el rey estaba hablando allí en el rellano con Baldoví. Fue una sorpresa. Le saludé y le dije ‘soy Rosana Pastor’. Me dijo ‘sí, sí, te conozco, sé que eres una de las artistas que están en el Congreso’. Tuvimos una breve conversación muy afable. El trato que facilita es muy cordial, así lo sentí. No sé si le hablé de usted”, rememora.

A pesar de estas experiencias en la alta política, tiene la sensación de que no ha dado un salto, sino que que va a “pie plano” y con “un paso paulatino”. “Al llegar aquí, he optado por integrarme suavemente. No he intentado vender mi llegada comunicativamente, sino que está siendo muy discreta. He querido que la política fuera permeando en mí y no irrumpir de pronto en el ámbito político. Y he venido también con mucha humildad, reconociendo que es una faceta nueva en mi vida. Hay que aprender y ser generoso, dejarse aconsejar, escuchar mucho y después dar mi opinión”, relata.

El día que recuerda con más intensidad fue el de la constitución de las Cortes el 13 de enero. “Me decía a mí misma ‘estoy aquí’, es algo que nunca he hecho en mi vida y al mismo tiempo hay que hacerlo con normalidad. Había muchas miradas sobre los nuevos. Se ha pasado quinientas veces por televisión mi imagen poniendo el abrigo en el respaldo de la silla con esa idea de no saben ni dónde están los percheros. Evidentemente cuando vas a casa de alguien como invitado no sabes dónde están. La diferencia es que nosotros no llegamos como invitados, sino como gente de pleno derecho elegidos para ocupar también esta casa”, manifiesta.

Pastor gira su silla y mira por la ventana. Observa los tejados: “Esta casa, este complejo de edificios, tiene un problema, a veces no ves a la gente. Es muy importante que estemos todo el tiempo con un pie en la calle y otro en las instituciones porque es muy fácil perder de vista”. Por eso le gusta caminar hasta el final del pasillo -que comparte con En Comú Podem, Compromís y En Marea- para asomarse y ver a las personas que transitan por la Carrera de San Jerónimo y la calle Cedaceros.

Eso le lleva a una reflexión: “Lo que más me incomoda es que a veces en las batallas parlamentarias y en la defensa de los intereses partidistas se pierde lo fundamental, que es ser la conexión con la gente, con la calle”. “Ahora mismo con todo el impasse de la conformación de Gobierno, hay que hacer un esfuerzo muy grande para salirse del guión del partido”, incide.

“Tú aquí puedes pasar las diez horas de trabajo sin contacto con el exterior. A veces salías y veías que había llovido”, comenta la actriz. Un ejemplo de cómo pueden provocar aislamiento las Cortes lo vivió una compañera suya en el Senado. Pastor dice que le marcó mucho una conversación con ella, que le contó que se le derramó la botella de agua que llevaba en el bolso y “ahogó su móvil”. En él tenía datos indispensables para asumir su escaño. De repente, se vio ayudada de manera inmediata por varios letrados de la Cámara Alta y los técnicos le buscaron rápidamente otro teléfono. “Rosana, he llegado a entender en una ráfaga cómo la gente puede perder de vista el mundo de ahí fuera”, le comentó.

Y recurre a los clásicos para buscar un horizonte. Ha fallado, explica, la política entendida por los griegos como “el arte de dialogar con la polis, con los semejantes”. Repite incansablemente la palabra diálogo: “ha fallado el diálogo”, “la solución pasa por el diálogo”, “el diálogo es el fondo de la política”...

Un diálogo que ha encallado precisamente entre esas izquierdas, entre el PSOE y Unidos Podemos. “Me cuesta entender que sea difícil ponernos de acuerdo. En ambas partes se han cometido errores a la hora de negociar. Sé que no es sencillo. A veces hay deslices, pequeños signos que son malinterpretados como en la vida”, destaca. Y acto seguido, hace hincapié: “Me cuesta que no seamos capaces de ver que si nos sentamos ante un programa, habrá discrepancias, pero habrá más acuerdos que puntos de fricción”.

En esta nueva vida, se ha impuesto ir al Congreso todos los días que haya actividad parlamentaria. Comienza el día repasando el informe de medios. Luego se pone a trabajar en iniciativas, en proposiciones no de ley. Busca información, estudia, se reúne con colectivos, colabora con compañeros para cuestiones territoriales. Comparte la sensación con la diputada Rita Bosaho, que está en el despacho de al lado, que cuando sale por la noche del Palacio de la Carrera de San Jerónimo le faltan horas. “Es un espacio que te absorbe mucho. Tu vida personal se queda al margen. Me cuesta despegarme de aquí. El trabajo no se acaba nunca”, relata.

¿Cuáles serían las leyes que le gustaría que llevaran su impronta? Pastor comenta que aspira a que se apruebe una de emergencia social y otra para que conseguir una igualdad real entre hombres y mujeres y por la erradicación de la violencia de género. “Esta sociedad tiene que dejar a los jóvenes que vienen un mundo más equitativo, solo a través de eso acabaremos con la violencia machista”.

Desde esta posición también quiere ayudar a su mundo de la cultura. Llama a sus amigos y compañeros de profesión para recabar opiniones. “El mundo cultural ha sido uno de los más maltratados en los últimos años, se ha destruido muchísimo empleo, se ha dejado diluir de alguna manera y desaparecer el sector”, lamenta con aire triste mientras conversa. Y se queja con rabia: “¡En qué cabeza cabe que la pornografía tenga un IVA más reducido que la cultura!”

Entre las medidas que propone, bajar este impuesto para las actividades culturales y que se apruebe una ley de mecenazgo. Pastor entiende que hay que fomentar que también el sector privado invierta en esta actividad, que no solo se dependa del partido de “turno”. Además, hay que cambiar la mentalidad: “La verdadera Marca España es su cultura”. Añade que “es un sector estratégico, hay que potenciarlo y cuidarlo”. “Puede proyectarnos hacia el exterior, dar empleo. En Estados Unidos tienen claro que es la segunda industria del país”, recalca convencida.

“Estoy en el mundo de la política, pero no he dejado ni quiero dejar de estar en el mundo de la cultura”, afirma con cariño Pastor. Eso sí, no se ha planteado ser ministra del ramo y confiesa que está descubriendo nuevas áreas en política que le apasionan, como la agricultura, que puede incidir “incluso hasta en el hambre del mundo”.

Tiene ganas de seguir aprendiendo, de explorar campos, de completar su formación. Para este verano se ha preparado lecturas sobre la Unión Europea. Cada día le interesa más Bruselas, lo que allí pasa, cómo nos afecta y la manera de no perder totalmente la soberanía. También ha guardado para este verano en su agenda un hueco para ir al festival de teatro de Sagunto.

Ideas, propuestas, confesiones, críticas, sueños… Pastor se despide corriendo porque tiene que presentar una iniciativa en el Registro del Congreso. Ya no la llama un regidor para que entre en escena. Ahora son sus compañeros de bancada. Una nueva escena en su vida. Y una última pregunta. ¿Cómo se define ideológicamente? “Una luchadora”.

Close
ROSANA PASTOR
de
Compartir
Tuitear
PUBLICIDAD
Compártelo
cerrar
Esta imagen

Las fotografías de este reportaje han sido realizadas por Carlos Pina

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

- Bernat Picornell, el senador veinteañero

- 21 cosas que no sabías de Errejón

Ve a nuestra portada Facebook Twitter Instagram Pinterest