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La ansiedad en los niños: cómo fomentar la positividad y la confianza en uno mismo

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A medida que crecen, los niños se enfrentan a situaciones nuevas y difíciles, que a veces les provocan ansiedad. Estos casos ocurren con más frecuencia de lo que parece. Por ello, la edición británica de El Huffington Post se ha puesto en contacto con varios expertos para tratar de explicar y solucionar este problema.

Según Claudia Prothero, terapeuta del comportamiento cognitivo, un padre no tiene por qué acabar con la ansiedad, sino ayudar a su hijo a sobrellevarla.

"Durante los últimos cinco años, hemos visto que muchos niños vienen a recibir tratamiento y parece que va a más", apunta la especialista. "Los padres pueden hacer mucho en casa para ayudar a un niño que padece ansiedad".

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Si crees que tu hijo tiene ansiedad, Emma Saddleton —directora del programa de ayuda a los padres de YoungMinds— quiere que sepas que no estás solo.

"Todos los niños y jóvenes sienten ansiedad alguna vez, es una parte normal del desarrollo y del crecimiento", explica. "Hay niños que son ansiosos por naturaleza y son más propensos a estresarse o a preocuparse".

Saddleton tranquiliza a los padres, ya que, según ella, sólo tienen que preocuparse si creen que la ansiedad de su hijo está afectando a los estudios o a las relaciones con los demás.

"Muchos niños y jóvenes no saben qué les pasa cuando sienten ansiedad, y eso puede asustar o abrumar", cuenta.

La edición británica del HuffPost ha hablado con tres padres cuyos hijos padecen ansiedad a menudo, pero no se les ha diagnosticado ansiedad oficialmente.

Cómo identificar si tu hijo sufre ansiedad

"Mi hijo tiene casi ocho años y descubrí que tenía ansiedad cuando tenía cuatro y medio", comenta Jordan Martin, de 35 años, cuyo hijo presenta síntomas de ansiedad antes de ir al colegio y antes de acostarse.

"Tenía que llevarlo al colegio a pesar de los síntomas de ansiedad, bastante poco comunes en él: lloraba, temblaba y le dolía la tripa por los nervios. Le dejaba en el colegio y me echaba a llorar cuando volvía a casa… Para mí era muy importante que fuera al colegio, pero me sentía fatal".

Martin afirma que, entre otros síntomas de ansiedad, antes de irse a la cama, su hijo hablaba de "cosas malas" que podrían pasar. "Le preocupaban cosas poco importantes como que su mochila no estuviera en casa, cualquier cosa relacionada con los cambios".

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Salma Shah, madre de una niña de cinco años, explica que su hija tiene ansiedad desde que era un bebé. "De pequeña, cuando era un bebé, le daba la espalda al resto de niños, me miraba y señalaba cosas aleatorias para distraerme", recuerda Shah.

"Uno de los primeros síntomas que identifiqué cuando creció un poco más fue que no se separaba de mí. Si invitaba a otros niños a casa para que jugaran todos, ella se sentaba a mi lado y no hablaba con nadie por voluntad propia, ni siquiera con miembros de la familia a los que conocía de toda la vida".

Natasha Jones, de 35 años, asegura que la ansiedad de su hija Ella, de 7 años, deriva de la preocupación que le produce pensar en las enfermedades o en la muerte de su familia.

Estos episodios de ansiedad se vieron reforzados cuando vio por primera vez Harry Potter y Cenicienta. Estas películas hicieron que se preocupara por la muerte y por perder a sus padres. "[A partir de entonces] empezó a pasarlo mal cuando se quedaba sola en casa o con otros miembros de la familia", afirma Jones.

"El problema se acentuaba si yo no estaba en casa. Le impedía concentrarse para hacer deberes o para jugar, lloraba antes de irse a dormir y le dolía el estómago a menudo".

¿Qué se puede hacer para ayudar a un niño a lidiar con la ansiedad?

1. Desglosar las situaciones.

Prothero explica que, cuando un niño padece ansiedad ante una situación en concreto, resulta muy tentador ayudarle a evitarla. Pero eso significa que nunca tendrá confianza en sí mismo.

"En su lugar, hay que ayudar a desglosar y dividir la situación a la que se enfrentan y felicitarlo cada vez que se enfrenta a cada parte antes de seguir adelante", recomienda. "Por ejemplo, si un niño padece ansiedad social, hay que animarlo a acudir a encuentros con poca gente, para que se vaya acostumbrando antes de intentar que se enfrente a un grupo más grande de personas".

2. Utilizar técnicas de relajación.

Martin ha creado un "lugar seguro" para su hijo con el objetivo de que se sienta a salvo y tranquilo antes de irse a la cama.

"Las palabras que pueden utilizar los padres con sus hijos en estos momentos de relajación deben adaptarse a las necesidades de cada niño", explica. "Yo utilizo la primera persona porque funciona muy bien. Suelo decirle: 'Piensa estoy a salvo; esté donde esté, estoy en casa; todo va bien'. También funciona utilizar un tono suave y apoyar una mano en el hombro o en el pecho del niño".

"Ten cuidado de no utilizar palabras negativas, en vez de decir 'no tengas miedo' di algo como 'estás a salvo, no pasa nada, todo va bien", sugiere.

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3. Enseñar técnicas de respiración.

Si una persona con ansiedad se concentra en su respiración, se olvidará del asunto que le preocupa. Controlar la respiración puede ayudar a crear una sensación de tranquilidad y a prevenir futuros ataques de ansiedad.

Martin confirma que ella recurre a estas tácticas para tranquilizar a su hijo: "Mi técnica consiste en inhalar por la nariz mientras cuenta hasta cuatro para después exhalar por la nariz durante otros cuatro segundos".

"El objetivo es devolver a los niños el control de sus emociones para que puedan recurrir a técnicas seguras y eficaces —como si fueran los poderes de un superhéroe— si se ven en una situación intimidante o incómoda", explica.

4. Pensar en algo feliz.

A Martin le gusta decir algo positivo a su hijo todas las noches antes de irse a dormir y todas las mañanas antes de irse al colegio porque son las dos situaciones en las que más ansioso se siente.

"Ahora pide que le diga algo así siempre", reconoce. "Creo que saber que puede centrarse en eso al irse a dormir o al marcharse al colegio le transmite seguridad y apoyo".

"Mi marido fue el que empezó con el 'pensamiento feliz'. Ahora, mi hijo nos dice: '¿dónde está mi pensamiento feliz?'. Le animamos a que lo elija él mismo porque sólo él sabe lo que le anima".

5. Prepararse para las situaciones que causan ansiedad.

"Llegamos pronto a los sitios o a las fiestas para que mi hija no llegue y se tope con mucha gente", explica Shah, cuya hija padece ansiedad social.

Según ella, prepararse antes para las situaciones que pueden provocarle ansiedad ayuda a que su hija lo lleve mejor: "Responde bien. También la felicitamos cuando se une a una fiesta o a un evento para afianzar el éxito que ha conseguido", añade.

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6. Exponer al niño a distintas situaciones.

Shah piensa que los padres no deberían preocuparse de que sus hijos sientan vergüenza por ser "demasiado dependientes", sino centrarse en ayudar a que el niño tenga confianza en sí mismo. "No hay que presionar demasiado", recomienda, "pero, poco a poco y con cuidado, hay que exponer a los niños a situaciones distintas que les saquen de su zona de confort".

7. Trabajar en equipo en vez de enfadarse.

"Intentamos ser comprensivos y aceptar los problemas que tiene mi hija", reconoce Jones.

"Hemos investigado mucho para dar con técnicas que le vengan bien. Una de las mejores maneras de tranquilizar a mi hija es hablar con ella. Decirle que no está sola y que hay más niños que tienen los mismos miedos que ella, o decirle que yo también tengo esos miedos, la reconforta. Trabajamos conjuntamente y ella sabe que lleva su tiempo que el miedo desaparezca".

8. Elaborar un "libro de las preocupaciones".

Para ayudar a largo plazo a los niños que tienen ansiedad, Saddleton recomienda elaborar un "libro de las preocupaciones", ya que les ayuda a identificar las cosas que les provocan ansiedad.

La hija de Natasha Jones utiliza esta técnica de escribir en papel las cosas que le preocupan y luego lo mete en la "caja de las preocupaciones".

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9. Hablar con otros padres.

Está bien que los padres que sufren por la ansiedad de su hijo hablen con otros padres para intercambiar técnicas, apunta Jones.

10. Acudir a un médico si la ansiedad persiste.

"Hay que recurrir a la ayuda profesional si no se percibe una mejoría pasados dos o tres meses o si la situación impide que el niño socialice o acuda al colegio", cuenta. "Se pueden concertar citas con psicólogos infantiles a través de un seguro privado o a través del médico de cabecera", aconseja.

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Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.