POLÍTICA

¿Son seguras las sillas infantiles a favor de la marcha? Una petición en Change abre el debate

03/12/2016 13:00 CET | Actualizado 03/12/2016 13:08 CET
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Gabriel tenía dos años y medio cuando viajaba con su padre en coche y sufrió un accidente. Otro vehículo embistió al coche, el niño sufrió una decapitación interna y murió siete meses después. El menor iba en una silla convencional, mirando en el sentido de la marcha. Y sus padres están convencidos de que, si el pequeño hubiese ido a contramarcha, el desenlace habría sido bien distinto. Por eso han iniciado un campaña en Change.org para exigir al Ministerio del Interior y a la DGT que ese tipo de sujeción sea obligatoria hasta los cuatro años. De momento han conseguido más de 205.000 firmas y han abierto un debate: ¿viajan los niños seguros en las sillitas convencionales?

En España conviven ahora mismo dos normas para la aprobación técnica de sillitas. La primera, llamada R44, seguirá vigente hasta 2018 y obliga a que todas las sillitas de niños entre 0 y 13 kilos sean a contramarcha. A partir de ahí, y hasta los 18 kilos, los menores pueden ir a favor de la marcha o a contramarcha, según el modelo. Pero desde hace unos años hay una nueva normativa llamada Isize, que será la que se mantenga más allá de 2018, por la que todas las sillitas son a contramarcha hasta que el niño tenga 15 meses o mida 86 centímetros.

Consulta el ránking de sillitas de la OCU

Una norma, en cualquier caso, no tan exigente como la que reclaman los padres de Gabriel, que aseguran que en Noruega los niños viajan a contramarcha hasta los cuatro años y que así se ha logrado que ningún menor de esa edad falleciese en las carreteras el año pasado. “Los datos son tan evidentes como rotundos: una silla a contramarcha está diseñada para evitar lesiones; lesiones que en una silla de frente no se evitan”, aseguran los padres de Gabriel.

LA PRIORIDAD, LOS CHOQUES FRONTALES

Ileana Izverniceanu, portavoz de la OCU, rebaja la alarma. Admite que los niños van más protegidos en las sillas a contramarcha, pero únicamente en caso de choque frontal. “Sin embargo, no todos los choques son frontales. Para nosotros, más que el tipo de silla, influye mucho la instalación de esta”, subraya.

Jesús Monclús, director de área de Seguridad Vial de la Fundación Mapfre, introduce un matiz muy importante a la afirmación de Ileana: las estadísticas indican que las colisiones frontales son las más letales, seguidas por los impactos laterales y los vuelcos y, por último, los alcances traseros, que suponen entre un 5 y un 10% de todas las víctimas mortales.

“Con estas cifras, la prioridad siguen siendo los accidentes frontales, que es donde más hay que proteger a las personas. Y, por eso, primero salieron los airbag frontales y luego los laterales y todavía no han salido los traseros porque son una minoría de los accidentes más graves”, explica.

MIRANDO HACIA ATRÁS, TODO LO QUE SEA POSIBLE

Monclús subraya que los riesgos se multiplican en el caso de los bebés. “En un accidente frontal, la cabeza de cualquier ocupante que viaja sentado mirando al frente tiende a ir hacia adelante, pero un adulto tiene una musculatura formada y no suele haber grandísimas lesiones. En el caso de un niño pequeño sí que puede haberlas”, advierte. Por eso, asegura que los bebés deben ir siempre mirando hacia atrás. La pregunta es: ¿hasta cuándo? Este experto no tiene ninguna dudas: todo el tiempo que sea posible. La propia OCU asegura que es “conveniente” que el niño esté el máximo tiempo posible en la silla inicial, que sólo puede instalarse a contramarcha. Y que “no hay que tener prisa” en cambiar a la siguiente.

La pregunta parece evidente: si lo más aconsejable y seguro es que los pequeños viajen siempre que sea posible mirando hacia atrás: ¿por qué la normativa no obliga a ello?

El experto de la Fundación Mapfre da una respuesta simple: no sería práctico porque eso no es siempre posible. “Hay coches que todavía son pequeños en los que una sillita mirando hacia atrás encaja de una manera más complicada. Y las sillas mirando hacia atrás son más complejas desde el punto de vista estructural, cuestan un poco más de dinero”, admite. Por eso, cree que “todavía es un poco pronto para hacerlo obligatorio”, porque “lo peor que se puede hacer es una ley que sea difícil de cumplir”.

El énfasis ahora, continúa, debe ponerse en la concienciación, en que los padres sepan que lo recomendable es que los niños viajen mirando hacia atrás en su silla tanto tiempo como puedan, hasta los cuatro años si es posible. “Y si alguien va a comprar una silla para un niño de dos años, y siempre que sea posible, que sea mirando hacia atrás”, recomienda. El ejemplo perfecto en este sentido, asegura, es Suecia. La normativa allí es la misma que en España, pero todo el mundo lleva a sus hijos en sentido contrario a la marcha por tradición, como vestigio de una ley anterior que obligaba a ello.

EL CORRECTO MONTAJE, FUNDAMENTAL

Los suecos, afirma, sólo compran los sistemas que llevan la etiqueta “plus test”, que están homologados no sólo según la normativa europea, sino que también deben superar una prueba adicional para medir los esfuerzos en el cuello. “Suecos y noruegos van buscando ese plus adicional de seguridad porque es lo que venían haciendo históricamente”, insiste.

Con todo, los expertos llaman a la calma y aseguran que las sillitas actuales y convencionales son seguras y que los niños van perfectamente protegidas en ellas. Ponen el ejemplo de los vehículos: no todos los padres pueden conducir el coche más seguro debido a su precio, pero eso no quiere decir que tengan que ir alarmados por viajar en un vehículo que no es el más seguro del mercado.

Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados, insiste en esa idea y subraya que todas las sillas están sometidas a una serie de pruebas de impacto. Por eso reitera que lo fundamental es que el sistema esté bien sujeto a su anclaje y que el niño esté bien colocado. Una tarea que, advierte, no es nada sencilla.

"MONTAR UNA SILLA NO ES FÁCIL"

“Montar una silla no es fácil para la gente y tampoco para el más experto ”, admite a la vez que avisa de que hay muchas sillas, especialmente de las que se colocan a contramarcha, que son muy complicadas de colocar. Y hace un llamamiento para que los fabricantes expliquen mejor los pasos que hay que seguir porque “muchas veces las indicaciones no se entienden y es imposible hacerlo bien”.

Además, insiste en la importancia de tomarse un tiempo para colocar la silla y sentar al niño: “Hay gente que quiere montarlos y ponerse en marcha inmediatamente, porque muchas veces estás instalando al niño en doble fila, de mala manera. La recomendación es: busque un sitio seguro para montarlo y colocarlo correctamente”.

Porque eso, dice Arnaldo, es mucho más importante que si la silla va a favor de la marcha o en contra. Y, en su opinión, cuando el niño llega “a determinada edad, antes de cuatro años, es más aconsejable llevarlo a favor de la marcha porque el niño está en la misma posición que los padres y está más integrado”. Todas las posturas son posibles. El debate de la seguridad sigue abierto.

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