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Daniel Kuritzkes: "Habrá cura del sida, pero no antes de 10 o 12 años"

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KURITZKES
EFE
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Daniel Kuritzkes lleva toda su vida tratando con el sida. Experto en virología, este investigador y profesor de la Universidad de Harvard encontró en el Virus de Inmunodeficiencia Humana el objeto al que dedicar sus esfuerzos como investigador. Así se convirtió en uno de los mayores expertos mundiales en esa enfermedad, uno de los muchos que se reúnen estos días en San Sebastián en el VIII Congreso GeSida.

Es una cita para hablar de los avances y los retrocesos en la lucha contra el virus. Desde el punto de vista científico, pero también desde el punto de vista social, los participantes comparten investigaciones e impresiones sobre la consideración social de la enfermedad, los nuevos fármacos, la importancia de la prevención y la vía, o las vías, hacia su erradicación. En ese foro, Kuritzkes dijo este martes que "ve una luz al final del túnel" de la cura contra el sida, aunque sostuvo que está no llegará "antes de 10 o 12 años"

El doctor es pionero en las técnicas para la erradicación definitiva del virus. En 2013, llevó a cabo el transplante de médula que curó el sida a dos pacientes de Boston. El virus desapareció de la sangre de ambos, pero fue solo temporal, pues volvió a hacerse presente, sólo unos pocos meses después de haber dejado el tratamiento. A pesar de la decepción por el fracaso, se había abierto una vía para la cura definitiva. Y esa es la que sigue explorando Kuritzkes, que atiende a El Huffington Post para hablar de los tratamientos y estrategias para lograrla.

HACIA LA CURA DEFINITIVA

La mayor parte de su trabajo está centrado, como él mismo explica, en la cura: "A través del Grupo de Pruebas Clínicas sobre el sida, estamos llevando a cabo constantemente proyectos pilotos que nos permitan reducir el reservorio viral". El reservorio viral es el conjunto de células que mantienen vivo un virus, el VIH en este caso, dado que guardan su información y la replican.

Acceder a los rincones en los que el sida se esconde es uno de los últimos grandes retos de la comunidad científica. Ni siquiera las nuevas combinaciones de fármacos han logrado penetrar en esas cuevas, cazar los últimos trazos del virus y acabar definitivamente con su presencia en el organismo. Es por eso que la mayor parte de los tratamientos actuales son de por vida: sólo así se mantiene a raya su velocidad de replicación.

Estos fármacos combinados, de los que existen alrededor de 30 según el doctor Kuritzkes, han evolucionado mucho en los últimos años, a medida que los tratamientos TDF y FTC se han ido perfeccionando. Lo que esconden esas siglas es el nombre técnico de sofisticados medicamentos creados para inhibir el proceso de "escritura" (retrotranscripción) que lleva a cabo el virus y que consiste en crear cadenas de ADN a partir de cadenas simples de ácido ribonucleico (ARN). Si se detiene esa "escritura", se paraliza la replicación del virus.

"Actualmente, los fármacos más usados incluyen dos de estos inhibidores de la retrotranscripción y un inhibidor de la integrasa [la enzima que permite al virus introducir su información en la cadena genética previamente creada]". Estos tratamientos han logrado que "la esperanza de vida de los pacientes se haya incrementado de manera sustancial en los últimos 30 años. En este momento, si los pacientes inician el tratamiento de manera temprana, pueden aspirar a vivir una vida tan larga como una persona no infectada".

LA PREVENCIÓN COMO VACUNA

El paso siguiente, y definitivo, será la vacuna. ¿Qué requisitos debe cumplir para ser exitosa? "Debe demostrar que es segura y efectiva", asevera el doctor: "Esto es, debe demostrar que previene la infección en una proporción sustancial de la gente que la recibe". En Sudáfrica acaba de empezar el proyecto de prueba más amplio y con más visos de éxito de los últimos años: el HVTN 702.

En un país donde 1.000 personas contraen sida al día, más de 5.000 hombres y mujeres van a recibir dosis del único tratamiento hasta ahora que ha mostrado cierta capacidad de protección frente al virus. Kuritzkes señala que este ensayo “tiene como objetivo reducir el riesgo de infección en un 50%. Es una cifra un tanto baja si se la compara con otras vacunas de uso común, como la de la hepatitis B, que es efectiva en un 70-80%. Pero, dada la escala epidémica del VIH, incluso una reducción del 50% en el riesgo sería un buen primer paso”.

Un avance que quedaría en nada si se relajan los esfuerzos en la prevención. Ella es, por el momento, la mejor vacuna. Los programas han reducido el número anual de nuevas infecciones a 2,1 millones en 2015, lo que constituye un descenso del 35% desde el año 2000, según la Organización Mundial de la Salud. La extensión de los tratamientos antirretrovirales, además, ha reducido el número de muertes por causas relacionadas con el VIH a 1,1 millones, un 45% menos que en 2005.

Pero no todas las cifras son motivo de alegría. En Europa, el número de casos de sida ha superado por primera vez los 2 millones. El ascenso de los contagios, especialmente en la zona este del continente, hace cundir la alerta sobre la banalización del virus entre la población más joven. El doctor Kuritzkes señala que “existe menos miedo sobre el sida y sobre las personas infectadas”, lo que puede contribuir a la fragilidad de los esfuerzos de prevención. Pero, al mismo tiempo, “el estigma de la enfermedad sigue vivo en muchas partes del mundo”.

Con motivo del Día Mundial de la Lucha contra el sida de este año, la OMS ha anunciado que el objetivo es acabar con el virus para 2030. Para lograrlo, según el doctor, son imprescindibles “tres cosas: pruebas y tratamiento universal, una vacuna efectiva y una cura para todos aquellos que ya están infectados”.

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