ECONOMÍA

El repliegue económico americano

29/01/2017 10:50 CET | Actualizado 09/02/2017 06:57 CET
Getty Images

“La guerra”. El mayor riesgo del proteccionismo rampante del novísimo presidente de Estados Unidos es que desemboque en guerra. Y no precisamente en una comercial. La advertencia la hace James Galbraith en respuesta a un cuestionario que llega de madrugada. Escribe desde Texas, donde este reputado economista, hijo de otro reputado economista -John Kenneth Galbraith, quien fuera asesor del presidente John F. Kennedy y autor del aclamado Capitalismo americano-, enseña Economía.

El país promotor de la globalización da la puntilla a la globalización

Trump ha roto con el multilateralismo y lo ha sustituido por un careo bilateral con sus antiguos socios, cuyo vínculo ha puesto bajo examen. Reino Unido, en proceso de abandonar la Unión Europea, se convirtió en su último aliado este viernes, cuando Donald Trump y Theresa May, la primera ministra británica, sellaron su voluntad de tejer lazos comerciales en la primera visita de Estado que recibe el estadounidense.

El hombre de negocios quiere ahogar la globalización, aunque para Víctor Echeverría, analista senior de Analistas Financieros Internacionales (Afi), la crisis existencial del modelo ya hacía agua antes. Santiago Carbó, catedrático de Economía y Finanzas de la Bangor University y director de Investigación de Funcas, aspira a que el halo del magnate constituya “solo un paréntesis”. Uno que dure cuatro años, aclara, porque hablar de dos mandatos es otro cantar. La globalización podría entonces quedar malherida, “ya haría historia”, aunque para James Galbraith ni en esa tesitura es tan fácil tener nuevas ideas en Economía, “menos esperarlas del líder de un partido político estadounidense”. Las ideas que se articulan ahora tuvieron su último momento de influencia en la década de 1930 y en Estados Unidos no han sido dominantes desde el siglo XIX, recuerda.

LA LÓGICA BILATERAL

“Guerra y cambio climático son los grandes riesgos del proteccionismo de Donald Trump, a corto y largo plazo respectivamente”, introduce el economista estadounidense, “pero quizá hay un peligro subestimado, menos dramático pero más comprensible, es la pérdida de habilidad en nuestro tiempo para distinguir la verdad de la mentira y de los hechos alternativos, y la cada vez mayor tolerancia al abuso y al abandono de los vulnerables”, redondea.

La cada vez mayor tolerancia al abandono de los vulnerables, un peligro subestimado

Los vulnerables, “los débiles” en palabras de Federico Steinberg, investigador principal del Real Instituto Elcano, a quien preocupa que Trump los haya colocado como primer objetivo de su diana. “Quizá después vengan los más fuertes, China y la Unión Europea”, pero eso quién lo sabe cuando su política económica está por escribir, sin que todavía se haya nombrado al Consejo de Asesores Económicos (CEA, por sus siglas en inglés) y de donde parten las decisiones económicas “que ahora Donald Trump emite de manera expeditiva para llenar sus primeros cien días de Gobierno de un nuevo orden económico y, sobre todo, de una nueva geopolítica”, advierte con desazón el catedrático de Historia económica Carles Manera.

¿Nuevo orden económico? “Digamos desorden”, contesta jocoso Saturnino Aguado, investigador del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares, al ser preguntado por un apodo para la nueva era.

Estados Unidos va a sustituir la lógica multilateral por la bilateral

Estados Unidos va a sustituir la lógica multilateral por la bilateral. El Nafta, directamente lo eliminará. Son proyecciones de Federico Steinberg, de Elcano. “No es acabar con el comercio, sino reescribir las normas”, aclara.

PINTAN BASTOS

Carles Manera sube un grado la intranquilidad. “Pintarán bastos en esta nueva geopolítica”, arranca. “Buenas relaciones con Rusia y malas con China y el tono de un cierto neoimperialismo, una posición que siempre ha acabado desencadenando guerras”, amplía al tiempo que dibuja un futurible mapa mundial: “Vamos a tener una Europa escorada en un rincón, Estados Unidos en el suyo propio, y el centro del mundo lo ocupará un área muy convulsa que irá desde Siria e Irak hasta prácticamente Japón”.

La situación es muy preocupante desde la perspectiva de la Historia económica, admite el catedrático. Promover una guerra comercial con China representa un órdago muy serio. “El 70% del comercio energético del mundo pasa por Asia, con China, Taiwan, Japón, Rusia e incluso India en un continuo tira y afloja y el gravísimo telón de fondo de Corea del Norte”, enumera. Trump puede alterar el equilibrio hecho encima de una hoja de afeitar y en aquella zona del mundo hay mucho loco suelto”, sentencia Carles Manera en un resuello ahogado.

Promover una guerra comercial con China representa un órdago muy serio

“Mientras que la Administración Trump parece dispuesta a dejar a Rusia tranquila, ha adoptado una postura beligerante contra Irán y hacia China, con consecuencias, si es que hay alguna, por desvelar”, termina por esbozar James Galbraith, desde Texas.

Proteger industrias nacionales, fomentar las manufacturas locales y convertir al inmigrante en el enemigo… Al caldero solo le falta un ingrediente para recrear la escenografía de los agoreros años treinta: “Una internacional neofascista”, apunta Carles Manera. “Si Alemania y Francia caen en manos de los populistas de extrema derecha, solo las instituciones europeas podrán actuar como resorte de contención”, traslada a la espera de las elecciones presidenciales en los países del tradicional eje europeo, en abril y septiembre de 2017 respectivamente.

¿AVE FÉNIX EUROPA?

Quizá Trump sea el pellizco que necesita Europa para volver a ocupar su lugar en el mundo. La valoración es de Santiago Carbó.

Galbraith también le augura un buen recorrido espoleada por el americano. “Europa no soportará el peso de ningún proteccionismo estadounidense, que se dirigirá principalmente a México, China, Corea y Japón”, aclara. “Europa se verá beneficiada si China desvía hacia empresas del continente órdenes de aviones, contratos de servicios petroleros o de construcción en represalia por las medidas de Estados Unidos”, el economista estadounidense.

El tono es el mismo del ministro de Economía, Luis de Guindos, quien cree que Europa puede aprovechar la situación. “Las economías europeas podrían atraer más inversiones en caso de que Estados Unidos ponga obstáculos al comercio con el resto del mundo” y esa es una oportunidad que, para el ministro, “no hay que dejar pasar”.

PERDEDORES REENCARNADOS

Con Trump, los perdedores de la globalización, a los que dice defender, se reencarnarán en perdedores del proteccionismo. “Pero a ver quién le dice al emperador que está desnudo”, se sonríe Saturnino Aguado.

Históricamente, el proteccionismo ha sido una política clave para el desarrollo económico en Estados Unidos, Alemania, Japón, Corea y China, cada uno a su turno, reconoce James Galbraith. La cuestión aquí es cómo afectará a un país que ya domina ciertas esferas de la actividad económica pero que ha perdido la capacidad de fabricación básica en regiones anteriormente ricas, cabila.“Este es el caso de Estados Unidos”, concreta, “que es dominante en ciertas tecnologías avanzadas (aviación, información, desarrollo energético) pero ya no en ciertas áreas intermedias (automoción, máquinas herramientas, acero y otros metales ...)”.

El proteccionismo de Trump aumentará los precios de los bienes de consumo e interrumpirá las cadenas de producción

Con la vuelta de Estados Unidos a la actividad manufacturera, exportadores y consumidores perderán, mientras empresas y trabajadores podrán llegar a ganar algo a corto plazo si las condiciones son propicias, explica el economista estadounidense. “Pero será difícil persuadir a los industriales estadounidenses de que mantengan una fuerte política proteccionista durante mucho tiempo”, comprende Galbraith. “Por lo tanto, el efecto dominante será el aumento de los precios de los bienes de consumo y la interrupción de las cadenas de producción existentes, con la posibilidad también de represalias contra Boeing y otros potentes exportadores estadounidenses”. Recuperar las fábricas de zapatos, camisas, chips de memoria y otros productos estándar requerirá mucho tiempo, “y parece que las barreras proteccionistas no estarán allí lo suficiente”, acota.

ES LA AUTOMATIZACIÓN, ESTÚPIDO

Estados Unidos ha visto desaparecer más de siete millones de empleos desde 1979, en que la producción industrial empleó más gente que nunca. Las estadísticas confirman que el principal factor de esa destrucción fue la automatización, no el comercio exterior. Un estudio del Center for Business and Economic Research de la Ball State University concluyó que el comercio fue el responsable de la pérdida de menos del 13% de los empleos en las fábricas de Estados Unidos. La gran mayoría de las plazas desaparecidas, casi el 88%, fueron víctimas de la automatización y de otros factores que hicieron que ya no se necesiten tantos trabajadores.

China tiene la capacidad de cambiar sus importaciones de gama alta (tecnología, aeroespacial, energía, ingeniería) a otros países, “y probablemente lo hará”, opina James Galbraith. “Pero aún carece del predominio tecnológico necesario para asumir el liderazgo, por lo que el escenario más probable será una relación comercial más estrecha entre China y Alemania por un lado y Alemania y Japón por el otro”, relaciona.

No hay tanto que temer si se confía en los datos del índice de industrialización de la consultora Deloitte, que pronostica que Estados Unidos rebasará a China en competitividad industrial hacia 2020.

El proteccionismo no aumenta el PIB de un país

Si hay repliegue económico de Estados Unidos y otros países le contestan, perdemos todos. La frase es de Santiago Carbó, pero en idénticos términos se expresan el resto de economistas consultados por El Huffington Post. No obstante, todo puede empeorar.

“Si además de esto, vamos a tener un chute fiscal a corto plazo, un aumento de crecimiento y de la inflación y una apreciación del dólar, lo que hará el déficit comercial más grande, se pondrán más nerviosos y más proteccionistas todavía”, pronostica Federico Steinberg, de Elcano. Carles Manera mira en la misma dirección cuando advierte de las consecuencias del plan de infraestructuras y la inversión armamentística propuestos por Donald Trump. “Eso va a generar un déficit monumental”, alerta, “a imagen y semejanza de los déficits gemelos [fiscal y de la balanza de pagos] que sustentaron el crecimiento en la época Reagan”.

El problema de Estados Unidos es la redistribución de la riqueza

El problema de Estados Unidos no es por tanto ni de competitividad ni de empleo sino de redistribución de la riqueza y eso se resuelve, coinciden Federico Steinberg y Carles Manera, con una política fiscal conciliadora.

Ya lo escribió la Historia. Trump tropieza en la misma piedra que Herbert Hoover (1929-1933), cuyo proteccionismo llevó a una caída de la producción industrial del 46% en Estados Unidos, y de un 26% de su PIB. Lo que provocó que la economía mundial se deprimiera de tal manera que el nazismo y los fascismos aprovecharon la debacle en sus campañas. El magnate lleva a gala el Reaganomics de su antecesor (Ronald Reagan: 1981-89) y el talante de su predecesor Richard Nixon, un presidente también contestado antes de asumir el cargo y destituido por impeachment como se ha planteado que podría pasar con el magnate inmobiliario.

Todo está inventado, también el viejo orden económico.

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