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Rappel: "He tenido la satisfacción de echarle las cartas a Franco y a la Pasionaria"

02/02/2017 09:38 CET | Actualizado 02/02/2017 09:38 CET
TELECINCO

Para los nacidos desde los ochenta hacia adelante, Rappel es un personaje tan expuesto como desconocido. Presente en muchos hogares españoles (e italianos: allí tuvo una etapa de gran éxito de la mano de Raffaella Carrà) gracias a la televisión, lo cierto es que poco se sabe de su historia o de su vida personal. Pero para eso ya está, claro, Bertín Osborne, que se mete en las casas de famosas para enseñarnos un poco más de ellos y de sus mansiones.

Porque lo de Rappel es eso: una mansión, un casoplón donde los haya, un piso enorme en pleno Barrio de Salamanca — uno de los más lujosos de la capital— lleno de esculturas y antigüedades, con piscina cubierta y un jardín exterior de 1.500 metros cuadrados y 22 olivos. En uno de sus salones se entrevistó con Osborne para hablar de su vida, su familia, sus hijos y para contar algunas curiosidades de la gente a la que le ha leído el futuro.

Entre la mucha gente a la que Rappel ha echado las cartas, hay cantantes, artistas, deportistas… y luego están Franco y la Pasionaria, a los que también leyó, tal y como explicó en Mi casa es la tuya. Al parecer, ya tenía como clientas a Carmen Polo y a su hermana, Tita, así como a una actriz amiga de Franco entonces. "Niní Montián era muy amiga de Franco y muy amiga de doña Carmen. Niní fue la gran introductora. Y Niní Montián, la marquesa de Ampudia, me dice: 'Un día irás a echarle las cartas a Franco'. 'Bueno, pues para mí será un honor', le dije. Y un día fui a echarle las cartas a El Pardo".

Y así fue. Rappel acudió a la casa en la que vivía Franco, sin miedo, pero "con respeto": "Recuerdo sus palabras: 'Yo no creo en estas cosas pero tengo curiosidad, a ver qué ves'. Curiosamente en aquellas cartas salían cosas de su familia y de sus nietos. Yo le dije un par de cosas y él me puso así las manos encima de las cartas: 'No me digas nada más, me has hecho el hombre más feliz'. Y se le llenaron los ojos de lágrimas"

Entonces, fue el propio Rappel el que introdujo a Dolores Ibárruri mientras hablaba con Osborne: "Yo he tenido la satisfacción para mí y para mi historia de poder echarle las cartas a Franco y las cartas a la Pasionaria".

Bertín, sorprendido, le preguntó como se había fraguado ese encuentro, que tuvo lugar tras el regreso de Ibárruri a España y por medio de un amigo común: "Pues mira, se reconoce el partido socialista y el partido comunista en España y la Pasionaria está viniendo a Madrid. Y el partido comunista decide hacerle de regalo un retrato, que la pintara Vicente Maeso". Al parecer, Ibárruri y Maeso charlaban cuando salió el nombre de Rappel, al que ella había escuchado en la radio: "Uy señora es muy amigo mío, yo le he hecho un retrato", dijo Maeso, según Rappel, a lo que la política contestó: "Me encantaría conocerle".

Entonces se produjo el encuentro, que también tuvo tintes más personales que políticos, cuenta el vidente: "Entre las cosas que salían había una cosa muy especial, porque ella tenía una erre que le había marcado en su vida, una tragedia. Entonces ella se echó a llorar, me agarró así las manos y me dijo: 'Mi Rubén'. Parece que a ella se le había muerto un hijo joven con 18, 20, 25 años en el frente, en la guerra, trágicamente. Se echó a llorar y me dijo 'No me digas más, no me digas más', se emocionó, me dio dos besos y ahí quedó la consulta".

Rubén fue el segundo de los seis hijos que tuvo Ibárruri, de los que solamente sobrevivió uno, Amaya, mientras que cinco murieron de niños o muy jóvenes: Ester (1916-1919), el propio Rubén (nacido en 1920 y fallecido en la batalla de Stalingrado en septiembre de 1942), las trillizas Amagoia, Azucena y Amaya, nacidas en 1923 (Amagoia murió al nacer y Azucena a los dos años), y Eva (que murió a los tres meses de nacer, en 1928).

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