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Premios Goya 2017: 'Tarde para la ira' triunfa y 'Un monstruo viene a verme' logra nueve estatuillas

05/02/2017 04:09 CET | Actualizado 07/02/2017 10:59 CET

La Academia ya ha se ha pronunciado. La mejor película española de 2016 es Tarde para la ira, la primera como director de Raúl Arévalo. La cinta cosechó cuatro estatuillas, aunque no fue el título más mencionado durante la noche. Un monstruo viene a verme, de Juan Antonio Bayona, consiguió nueve de los 12 premios (en su mayoría técnicos) a los que optaba. Emma Suárez hizo doblete al conseguir el Goya a Mejor actriz por Julieta y el de Mejor interpretación femenina de reparto por La próxima piel, mientras que Roberto Álamo (Que Dios nos perdone) recogió el de Mejor actor.

A diferencia de años anteriores, la gala no estuvo marcada por críticas políticas—salvo algunas a Mariano Rajoy por no ir al cine—, sino por reivindicaciones feministas. Las hubo en la alfombra roja, en algunas declaraciones ante los periodistas y en los tacones a los que se subió Dani Rovira, presentador por tercer año consecutivo de la ceremonia, para pedir igualdad de género en el sector.

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La noche, en la que Ana Belén recogió el Goya de Honor, estuvo salpicada de momentos que quedarán para la posteridad, desde una metedura de pata sobre Bayona hasta un emotivo canto por los desahuciados. Repasa los principales momentos de la noche:

BLANCAS Y RADIANTES

La alfombra roja se tiñó de blanco en esta edición. Antonia San Juan, Belen Cuesta, Michelle Jenner... Todas ella apostaron por la tendencia, a la que también se apuntaron algunos hombres como Paco León o Daniel Guzmán. Entre las más arriesgadas —y acertadas— estuvieron Bárbara Lennie, con un diseño de Gucci, y Penélope Cruz, que volvió a confiar en Atelier Versace vistiendo un vestido negro con una pronunciadísima abertura lateral (que recordaba a la de Angelina Jolie en los Oscar de 2012). Tampoco defraudó Ana Belén, impecable con un Delpozo azul empolvado y apostando por la moda española, que este año ha pisado con fuerza.

Alfombra roja Premios Goya 2017


MENUDO FALLO

Fue nada más arrancar la gala cuando se produjo LA metedura de pata de los Goya. En su monólogo inicial, Dani Rovira quiso hacer una broma con el director de Un monstruo viene a verme y sacó una foto de su álbum familiar: un tierno niño de grandes ojos oscuros con peto blanco, que resultó ser el gemelo de Bayona. "Es mi hermano", dijo el director.


El momento pasó desapercibido para el presentador, pero no lo olvidaron ni Juan Antonio ni Carlos. Tanto fue así que al final de la gala retomaron el debate sobre quién era el niño de la foto, esta vez con ayuda de sus padres. A día de hoy, el misterio sigue sin resolverse.

FAVORITA... Y TRIUNFADORA

Las quinielas señalaban a Tarde para la ira, de Raúl Arévalo, como la favorita para alzarse con el cabezón a Mejor película y así fue. La primera cinta de Arévalo como director, que costó ocho años de trabajo, se alzó con cuatro estatuillas —además de Mejor película consiguió las de Dirección novel, Guión original y Mejor actor de reparto—. Sólo en tres ocasiones una opera prima se había coronado en la categoría principal: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995), Tesis (1996) y El Bola (2000). Normal que al final terminase con lágrimas en los ojos.

LAS LÁGRIMAS DE BAYONA

No paró de llorar en toda la noche y lo cierto es que sus lágrimas estuvieron justificadas. Un monstruo viene a verme, la película con la que Juan Antonio Bayona cierra su trilogía de la maternidad, fue el título más repetido durante la gala. La cinta se alzó con nueve cabezones a los que optaba, y cada vez que un premiado subía al escenario le dedicaba unas palabras. Al final él también subió a recoger el Goya a Mejor director. Por suerte se había tomado una tila minutos antes y subió relajado a coger su premio.


POR LAS MUJERES

Si hubo un asunto que marcó la 31ª edición fue la reclamación de más presencia femenina en el mundo del cine. Ya en la alfombra roja la actriz Cuca Escribano posó desplegando un reivindicativo chal en el que se podía leer "Más personajes femeninos". Ana Belén, Goya de Honor, también deslizó un mensaje feminista ante los periodistas allí congregados: "No logro comprender por qué cuesta tanto que a las mujeres nos reconozcan nuestro trabajo como a los hombres. Se me escapa la razón por la que sigue habiendo tan pocas mujeres en el cine". "Faltan historias con mujeres que representen toda la diversidad", apuntó la actriz Bárbara Lennie, mientras que el director Pedro Almodóvar puso el contrapunto: "El cine [de esta edición] es muy testosterónico, creo que es casual en cualquier caso. Yo la cuota la cumplo con creces".

Durante la ceremonia Dani Rovira se calzó unos tacones rojos. "Quiero reivindicar el papel de la mujer en todos los puestos de la sociedad", afirmó el maestro de ceremonias.


Rovira señaló la desigualdad de género presente en las candidaturas de esta edición, con 303 actores frente a 230 actrices y 78 directores frente a 18 directoras.

CANCIÓN PARA LOS DESAHUCIADOS

Fue una gala con grandes reivindicaciones feministas pero pocos momentos políticos. El presentador no quiso dedicar ningún minuto a los líderes allí presentes y fue la cantante Silvia Pérez Cruz, galardonada por la canción Ai, ai, ai de Cerca de ti, quien lanzó uno de los mensajes más reivindicativos de la noche. La intérprete dejó a un lado las palabras e hizo lo que mejor sabe hacer: cantar. Su discurso de agradecimiento fue una canción para los desahuciados que recibió grandes aplausos entre el público y también en redes sociales.


EL MENSAJE DE ANA BELÉN

Quien tenía el premio asegurado esta noche era Ana Belén, que recogió su Goya de Honor con un discurso emotivo, reivindicativo y no tan tedioso como el de alguno de sus predecesores. En menos de diez minutos la actriz y cantante tuvo tiempo para agradecer el constante apoyo de su familia y compañeros, especialmente el de su marido Víctor Manuel. "Sin ti la vida hubiese sido muy diferente e infinitamente peor", decía Ana Belén, visiblemente emocionada, ante la mirada de su hija, Marina San José. Aprovechó para denunciar la precariedad laboral y el machismo de la profesión. "Nos cuesta más que nos reconozcan que a los hombres", declaró. Terminó con un recadito y un deseo para el futuro: "Salud y trabajo para esta profesión que no se merece tanto desprecio de sus gobernantes".

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