POLÍTICA

La dimisión de Flynn desorienta aún más al equipo de política exterior de Trump

17/02/2017 07:26 CET | Actualizado 17/02/2017 07:26 CET
The Washington Post via Getty Images
WASHINGTON, DC - JANUARY 31: National Security Adviser Mike Flynn listens to President Trump during a listening session with cyber security experts in the Roosevelt Room the White House in Washington, DC on Tuesday, Jan. 31, 2017. (Photo by Jabin Botsford/The Washington Post via Getty Images)

Aunque la dimisión de Michael Flynn de su cargo en la Casa Blanca supone una oportunidad más para cuestionar la relación del presidente Donald Trump con Rusia, también afecta a otros países.

Concretamente a todos.

¿Por qué? Porque al dejar libre el puesto de asesor de seguridad nacional de Trump, el círculo de allegados del presidente ha perdido a la única persona con algún tipo de experiencia en asuntos exteriores. Esta pérdida supone un bache más para el inestable despliegue de política de asuntos exteriores.

"Hay un vacío enorme en la parte alta y, como todo el mundo sabe, los empleados del Consejo Nacional de Seguridad están desmoralizados", explica Eliot Cohen, extrabajador del Departamento de Estado y del Consejo de Seguridad Nacional durante el mandato de George W. Bush. "Con suerte se arreglará rápidamente. Antes de que haya una crisis de verdad".

Las personas a las que Trump escucha son las siguientes: su hija Ivanka, que ha trabajado en el negocio familiar y que tiene una marca de ropa; su yerno Jared Kushner, que trabajaba en el sector inmobiliario de Nueva York; Steve Bannon, estratega principal y banquero de inversiones que llevó una página web de ultraderechas y de corte nacionalista blanco; y, por último, el jefe del Gabinete, Reince Priebus, expresidente del Partido Republicano.

Me temo que esta dimisión va a suponer una ampliación del periodo de transición. En vez de progresar, estamos dando un paso atrás.

De entre estas personas, únicamente Flynn tenía algo de experiencia en asuntos exteriores (aunque fuera poca) gracias a su trabajo como oficial de inteligencia del Ejército y, posteriormente, como director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa.

"Me temo que [su dimisión] va a suponer una ampliación del periodo de transición", opina Douglas Lute, antiguo embajador ante la OTAN durante el mandato de Barack Obama y viceconsejero de seguridad nacional durante el mandato de Bush. "En vez de progresar, estamos dando un paso atrás".

La falta de experiencia ya se ha hecho patente en esta administración que ha enviado numerosos mensajes contradictorios en menos de cuatro semanas.

Trump no ha hablado mucho sobre la política de asuntos exteriores durante la campaña. En su lugar, prometió ser más firme con el autodenominado Estado Islámico, reescribir o abandonar lo que él considera acuerdos comerciales "injustos" y "llevarse mejor" con Rusia.

Sin embargo, durante el periodo de transición y las primeras semanas de presidencia Trump ha trazado una política de asuntos exteriores que parece apuntar a muchos sitios a la vez.

Primero declaró que recurriría al viejo principio político "Una sola China" (según el que se reconoce que sólo hay una China en el mundo y que Taiwán, Hong-Kong, Macao y China continental forman parte de esa China unificada) para negociar otros asuntos. De hecho, habló por teléfono con el presidente de China y le confirmó que aceptaba este principio político.

También dijo que cambiaría inmediatamente la embajada estadounidense en Israel de Tel Aviv a Jerusalén y señaló que le parecía bien que Israel construyera más asentamientos en el territorio palestino ocupado. Pero su administración ha optado por un enfoque más lento con respecto al cambio de la embajada y ha emitido un comunicado en el que afirma que los asentamientos no ayudan a la hora de conseguir una solución de paz a largo plazo.

Además, Trump opina que la OTAN está obsoleta y que sus miembros se aprovechan de Estados Unidos. Pero el secretario de Defensa y el secretario de Estado han apostado firmemente por la OTAN.

Trump quiere que haya caos entre sus subordinados, que haya competición.

Aparte de todo este jaleo hay otra serie de contradicciones muy extrañas:

En una conversación telefónica con el presidente de México, Trump le dijo que podría enviar al Ejército estadounidense para hacerse cargo de los "hombres malos". Cuando habló con el primer ministro de Australia —aliado incondicional de Estados Unidos—, Trump inició una discusión sobre un acuerdo de acogida de refugiados establecido durante el mandato de Obama. Y cuando habló con el presidente ruso, aparentemente Trump se quedó desconcertado cuando Putin habló de un tratado de armas nucleares que lleva vigente varios años.

Y todo esto ocurrió cuando Flynn todavía estaba a su lado.

"Este es el resultado de un proceso que todavía no se ha establecido", explica Lute. "Si el equipo no está establecido, no se puede establecer la relación ni el proceso de cambios políticos".

Lo mejor es que Trump se limite a exagerar sus asuntos sin importancia y que deje que sus asesores se ocupen de los asuntos importantes.

Cohen, que actualmente es profesor en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins, afirma que parte de la confusión se debe a la ignorancia de Trump sobre la historia y las políticas de asuntos exteriores de Estados Unidos. Pero, por otra parte, también se debe a que a Trump le gusta tener subordinados que compitan entre sí para obtener la aprobación del presidente.

"Quiere que haya caos entre sus subordinados. Quiere que haya competición", explica Cohen. "Creo que de verdad piensa que eso está bien. Ese es el problema".

Según Douglas Brinkley, experto en historia presidencial, Trump necesita resolver este problema y necesita hacerlo rápido. También opina que la costumbre de Trump de exagerar las cosas o de mentir es muy peligrosa, especialmente si no cuenta con un aparato de política exterior estable.

"Creo que Donald Trump corre peligro por no contar con otros líderes extranjeros que crean en él", opina Brinkley. "Quizá lo mejor es que se limite a exagerar sus asuntos sin importancia y que deje que el secretario de Estado, el secretario de Defensa y el asesor nacional de seguridad se ocupen de los asuntos importantes".

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Este artículo fue publicado originalmente en 'The WorldPost' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.

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