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Roberto Canessa, superviviente de los Andes, asegura que 'Viven' es la versión Disney del accidente

En su primer libro cuenta cómo el suceso lo ayudó a convertirse en cardiólogo infantil.

02/05/2017 09:00 CEST | Actualizado 03/05/2017 11:14 CEST
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Los autores de 'Tuve que sobrevivir': Roberto Canessa (izquierda), superviviente de los Andes, y Pablo Vierci (derecha), su amigo de la infancia.

Han pasado 45 años desde que el avión en el que viajaba Roberto Canessa con sus compañeros de rugby se estrelló en los Andes y los dejó varados a miles de metros de altura en pleno invierno. A la odisea sobrevivieron 16 de los 45 tripulantes. Canessa fue uno de ellos.

Ahora, con 64 años, ha publicado el libro Tenía que sobrevivir, coescrito junto a su amigo Pablo Vierci, autor de La sociedad de la nieve, otro relato sobre el suceso. En él narra lo que ocurrió en la montaña... y lo que sacó de ella para el resto de su vida, que ha dedicado a la cardiología infantil.

Canessa se ha pasado toda su vida hablando del Milagro de los Andes, como se conoce a la peripecia que vivió en 1972 y que serviría de base para la película ¡Viven!, estrenada en 1993. Pero es la primera vez que se recopila su relato personal de lo sucedido: cómo la adversidad a la que tuvo que hacer frente, las temperaturas bajo cero sin abrigo, la falta de comida que paliaron alimentándose de los cuerpos de los muertos, la caminata de 10 días para descender de los Andes sin el equipo adecuado y con 30 kilos menos, le preparó para tratar de salvar las vidas de los que aún no han nacido o los que acaban de nacer.

Las ganancias derivadas de las ventas del libro serán donadas a CorAvant, una fundación catalana que apoya a las personas con cardiopatías congénitas. El HuffPost ha entrevistado a los dos escritores del ensayo para saber cómo fue volver a los Andes 45 años después.

Los supervivientes han tardado tres décadas en escribir sus relatos personales del accidente y éste no es una excepción. ¿Por qué sale ahora este libro?

Canessa (C): La gente se preguntaba: "¿Qué va a ser de los que tuvieron aquel accidente? ¿Qué se hace cuando algo tan grande te sucede tan pronto en la vida?". Es bueno aprender a manejar la adversidad, y de eso trata este libro. Se destina mucho tiempo a hablar de los buenos momentos pero la vida no es sólo eso: también se te cae el avión, tu hijo tiene una cardiopatía, sufres cáncer... La gente que está pasando por eso se pregunta qué puede hacer.

Vierci (V): Este libro trata de cómo una experiencia extrema repercute en la vida. Él tenía que tener esa vida. Viven (el libro en el que se basó la película, de Piers Paul Read) fue escrito justo después del accidente, cuando Roberto tenía 20 años. Tenía que vivir dos veces más para hacer una biografía.

La gente cree que ustedes sobrevivieron por pura suerte o porque eran deportistas disciplinados y en buena forma física. ¿Usted a que lo atribuye?

C: A Dios. Yo conocí un dios en los Andes diferente al dios de la vida civilizada. El dios de la tierra es el dios del 'no': no mientas, no comas, no engordes. El dios de la supervivencia es el de "Dios, por favor, ayúdame que no sé si las fuerzas me van a alcanzar". En la montaña estaba lleno de religión y fe. Teníamos la preocupación de que, si éramos malos, Dios no nos sacaría de ahí. Nos permitía solventar los momentos de irritación y la sensación de muerte inminente.

El dios de la tierra es el dios del 'no': no mientas, no comas, no engordes. El dios de la supervivencia es el de "Dios, ayúdame que no sé si las fuerzas me van a alcanzar".Canessa

¿En qué momento de la odisea pasó más miedo?

C: En los días siguientes al alud. Pasamos las horas como cuando sales de la sala de operaciones y no sabes si vas a salir adelante. Teníamos miedo porque podía haber otro. No teníamos a dónde ir y éramos muy conscientes de que nuestro nido, el fuselaje, era una trampa mortal que podía matarnos.

¿Alguna vez ha podido reírse recordando algo de lo que pasó?

C: Sí, sí, claro, todo el tiempo, hasta en la cordillera lo hacíamos. Cuando tuvimos que usar los cuerpos de nuestros amigos, que era muy triste, alguien dijo: "Si yo me muero y no me comen voy a volver a por ustedes". Y le dijimos: "A vos no te come nadie porque morimos envenenados. Mirá lo que sos en vida, si nos contagiamos algo tuyo no va a quedar nada de nosotros". Nunca dejamos de tener sentido del humor. Es muy importante mantener un espíritu positivo. No nos podíamos permitir estar tristes.

Mucha gente no entendió al principio lo que tuvieron que hacer con los cuerpos para sobrevivir. ¿Ha mejorado esto con el paso del tiempo?

C: Muchísimo. La prueba es que estamos hablando con total libertad de ello. Hoy en día, una persona da vida antes de morirse, da el corazón, los riñones, las retinas para un trasplante. Mi sobrino de ocho años me explicó en unos segundos que lo entendía perfectamente: "Claro, tío. Ahí estaban los cuerpos, que tenían los músculos bien gordos porque se habían muerto cuando estaban bien, y los tuyos estaban flaquitos porque no tenías qué comer. Te comiste los músculos de ellos para que te crecieran los tuyos; no entiendo por qué se preocupa tanto la gente".

Ahora, cuando el avión en el que voy se mueve, le digo a la gente: "No se preocupen, que los aviones no se caen".Canessa

¿Qué le sorprendió de usted mismo durante la odisea?

C: Cuando miraba montaña abajo y veía todo lo que había trepado. Cuando sentía que no podía más, que me iba a morir, y la energía me volvía. Lo importante no es no caerse, es volverse a levantar. No entregarse, ver que puedes un poquito más a cada paso. Tenemos más energía de la que creemos.

¿Cómo lo superó? ¿Cómo volvió a subir a un avión, a los Andes, a comer carne...?

C: Nunca dejé de comer carne, ¿no? Recuerdo que justo después comía cada dos horas, tenía un hambre instintiva, ancestral. El hambre es el mejor condimento para la comida. Por lo demás, estaba en el país de las maravillas, el mundo me sonreía. No había nada que superar, la pesadilla era morirse en la montaña. Con el avión me costó un poco más; cuando entré por primera vez en otro y sentí el olor del plástico, me pregunté quién se moriría y quién no de los que íbamos ahí... Pero por mi profesión tenía que viajar por todo el mundo y para ello tenía que hacer una nueva 'caminata' y superarlo. Ahora, cuando el avión se mueve, le digo a la gente: "No se preocupen, que los aviones no se caen".

¿Le dejó aquello secuelas físicas o psicológicas de algún tipo?

C: Durante un mes no sentí el costado derecho del cuerpo. Los dedos se me habían quedado un poco negros... pero a los dos meses estaba jugando al rugby. Desde el punto de vista emocional, me pesa no haber salido antes, se habrían salvado más amigos. Pero tomo la vida como viene, acepto el destino.

Recuerdo que justo después comía cada dos horas, tenía un hambre instintiva, ancestral. El hambre es el mejor condimento para la comida.Canessa

¿Le ha limitado de alguna manera el accidente?

C: Una montaña nevada... no es de mis lugares favoritos. Recuerdo que una vez fui con mi esposa a un congreso de cardiología fetal en Austria en un hotel rural, muy bonito. La habitación daba justo a una montaña altísima y mi señora me dijo: "Bueno, terminó el congreso, ahora a disfrutar". Y yo le dije: "Sí, nos vamos ya". Yo soy del verde, de la naturaleza, de la selva, del agua, de la vida.

¿Hay algo que no habría podido hacer sin pasar por aquello?

C: Bueno, ser famoso, ¿no? Profesionalmente me ha permitido mandar a mis pacientes a los médicos más importantes del mundo y que me contesten al teléfono enseguida. Es la aureola del accidente puesta al servicio de fines loables. A nivel personal, siempre puedo pensar: "Peor estaba en los Andes". Si pude salir de eso, de esto, lo que sea, también voy a poder salir. No sé de qué me quejo. Por otro lado, fue un catalizador psíquico, emocional y espiritual que nos hizo madurar a una velocidad supersónica.

Echando la vista atrás... ¿qué cambiaría?

C: No tomaría el avión. Ocurrido el accidente, caminaría hacia Argentina, habríamos salido en tres días. Y algo que aprendí: cuando estés perdido en el monte, camina montaña abajo, nunca montaña arriba.

¿Qué momento de aquello le vuelve más a la cabeza después de 45 años?

C: A veces me viene la sensación de muerte inminente, de estar atrapado y rodeado de muertos a los que no puedes enterrar porque te faltan fuerzas. Es el lugar más terrible que puedas imaginar, desde el punto de vista físico y espiritual. Pero lo que más revivo es la sensación de triunfo, como grupo, al mandar los helicópteros a los demás. Lo hicimos nosotros; ni las fuerzas aéreas de todos los países, ni nuestros padres, ni los gobiernos fueron capaces de hacer lo que un puñado de personas con voluntad lograron.

A nivel personal, siempre puedo pensar: "Peor estaba en los Andes". Si pude salir de eso, de esto también voy a poder salir.Canessa

¿Cómo ha afectado el accidente a su familia?

C: Trato de no invadir mi casa con la montaña, trato de valorar los logros de todos. Me dicen: "No es fácil ser hijo tuyo". Y yo les digo: "Podrías ser huérfano, tu padre podría ser un alcohólico. Cómo te sientes hacia mí es problema tuyo". Pero es peor fuera de la familia, donde todo el mundo piensa: "Cuando pase algo, llamen a Canessa". Hay ladrones en el barrio y me ponen a hablar de seguridad. ¡Qué sé yo de seguridad, de eso puedo hablar como ciudadano! Soy como un solucionador de todo.

¿Sigue en contacto con los demás supervivientes?

C: Claro, vivimos en el mismo barrio. En la primera fiesta de Navidad éramos 32 y ahora somos 280. Los sobrinos de los que fallecieron han ido al colegio con mis hijos. Me ha tocado atender pacientes que son familia de amigos que ya no están. Ha sido muy bueno cómo nos ha mimado esa comunidad.

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Los supervivientes del equipo de rugby que viajaba en el avión que se estrelló se reúnen todos los años varias veces.

¿Tienen los supervivientes una forma diferente de ver la muerte?

C: Sí. Por ejemplo, el año pasado me dio un tromboembolismo y estaba mirando mi corazón en la ecografía y diciéndole a mi hijo, que también es médico: "Cuando estos coágulos se van al pulmón, la persona se muere. En ese momento fue lo que me pasó". Soy capaz de ver desde fuera mi propia muerte. ¿Cómo será? También te cambia la forma en que miras hacia adelante. Una madre de mis pacientes lo llama "el Modo Boston", por el lugar al que llevó a su hija a operar del corazón. Se trata de no pensar, sólo avanzar. Que no te inmovilice el pánico. Esa manera de plantearse sólo el próximo paso creo que fluye de la montaña. Creo que debo ser valiente. Nunca me lo había planteado. Uno piensa que la valentía es una cosa glamurosa, rimbombante... y ojo con la valentía serena, esa es la auténtica.

¿Crees que eres una persona excepcional?

C: No sé. Yo tengo la necesidad todos los días de mirarme al espejo y decir: "Por suerte, el mismo estúpido de siempre. No te lo creas nunca". Mientras tengas esa actitud frente a la vida, vas a seguir haciendo cosas extraordinarias. Te humaniza.

Uno piensa que la valentía es una cosa glamurosa, rimbombante... y ojo con la valentía serena, esa es la auténtica.Canessa

¿Qué opina de la película Viven?

C: Disneylandia. Los actores son lindísimos y es muy respetuosa con la historia, pero es un dibujito animado de lo que pasó. Aún así, en la diversidad del ser humano, muchos me dicen: "Fue tan espantoso lo que muestra". ¡Disney para niños! No muestra nada. Pero es una ventana gigantesca a esta historia. Abre la puerta para que la gente ahonde en lo que ocurrió realmente.

¿Es el momento de hacer un remake?

C: Tal vez. Cuando J. A. Bayona hizo Lo imposible utilizó nuestro libro para dar instrucciones a los actores. Creo que ahora anda coqueteando con nuestra historia, y sería la persona ideal para hacerla porque es latino. Juan Antonio, si me estás escuchando... Deja quietos a los monstruos prehistóricos, que aquí tienes a unos mucho más reales.

¿Qué aporta este libro que no aportan otros relatos del accidente?

C: La caminata, la parte clave del libro. ¿Qué es lo que te lleva a seguir subiendo la montaña? ¿Cómo están las almas en situaciones de crisis? Es un libro para todos los públicos, accesible para cualquiera.

V: Otro aporte sustancial que tiene es el después. Viven fue escrito sobre el momento y además está contado en tercera persona. En La sociedad de la nieve di un paso más allá y lo conté en varias primeras personas. En este caso, la mitad del libro es la causa y la segunda la consecuencia. Responde a la pregunta: "¿Qué hice con aquello?". Hay que narrar algo como el accidente para entender cómo maximizó la generosidad de Roberto durante el resto de su vida. Es la persona más magnánima que conozco.

¿Cómo surgió el vínculo metafórico entre su profesión y el accidente?

V: Llevábamos un tiempo trabajando cuando Roberto se dio cuenta y me dijo: "Pablo, me parece que vas a entender mejor lo que quiero decir si hablas directamente con mis pacientes". Fui a la casa de uno y me encontré con los padres de un niño del que habían dicho que no tenía curación posible pero que estaba ahí. "Roberto es un guerrero de la vida, aferrado a ella como el mejillón a las piedras", me dijo el padre. Y lo entendí, vi que ese niño se parecía al Roberto de 19 años y vi que ahí estaba el libro, que aquello fue para hacer esto. Aquella noche de tormenta me quedé cuatro horas frente al mar llorando sin parar. Luego fuimos buceando por el inconsciente porque Roberto tenía una memoria muy vaga de la caminata, sólo anécdotas. Encontramos una carga humanista, una emoción... Fue un libro que se escribió más con lágrimas que con tinta. Pero no con un llanto triste, sino de exaltación.

Cuando Bayona hizo 'Lo imposible' utilizó nuestro libro para dar instrucciones a los actores. Creo que ahora anda coqueteando con nuestra historia.Canessa

Al leer el libro da la sensación de que usted (Canessa) sólo apoya a quien decide seguir adelante con un embarazo aunque el niño venga con problemas de corazón. ¿Qué pasa si no quieren?

C: Les digo que cambien de médico. No soy autor de los fracasos. Les digo lo que tienen que hacer, si no quieren caminar ese sendero es su problema. Siempre se pueden quedar en el fuselaje.

¿Qué ha sido lo más difícil y lo más gratificante de escribir el libro?

C: La incertidumbre de cómo hacerlo. Pero a su vez eso fue bueno porque no íbamos con un preconcepto, fuimos descubriéndolo. Estábamos perdidos en el camino correcto. Lo mejor fue descubrir, a través de mis pacientes, que soy más importante de lo que creía. La niña a quien miro el corazón al principio del relato ahora tiene 12 años. Su madre dudó si exponerla pero ella le dijo: "Mamá, ¿cómo no voy a salir en el libro de Roberto si él me salvó la vida?". Escribiendo me he dado cuenta de que he hecho cosas realmente importantes. Siempre miro lo que me falta o lo siguiente que debo hacer. No valoro lo que ya he conseguido, y esto me ha enseñado a ser más agradecido con mis logros.

Escribiendo me he dado cuenta de que he hecho cosas realmente importantes. Siempre miro lo que me falta o lo siguiente que debo hacer. No valoro lo que ya he conseguido.Canessa

V: Lo más difícil, y también lo mejor, es que se convirtió en algo adictivo. Todos los días descubría universos nuevos. No me quería desprender de él. Cuando llegué al desenlace fue una de las experiencias más gratificantes de mi vida. He cambiado totalmente. Ahora veo que una vida dedicada al ego es un desperdicio banal y aburridísimo. Hay que aportar al mundo, salir de tu círculo y ser universal.

¿Por qué tiene tanta fijación con el accidente? Le ha dedicado ya dos libros.

V: Cuando se escribe, se escogen temas en los que estás involucrado. Y a mí este suceso me tocó porque conocía a todos los implicados y los admiraba. Los primeros amigos que perdí fueron ellos, cuando aún éramos muy jóvenes y yo los consideraba inmortales. Fue el primer impacto emocional de mi vida. Trato de encontrar cómo sanar y arrojar luz para que otros puedan usarlo como un referente inspirador.

¿Preparan más libros?

C: Pablo no lo sabe pero se nos viene encima otro. Cuando termine de llorar por éste, se lo contaré. Arranca con un compañero del cole que me dice: "Mi señora está embarazada y el corazón del niño tiene un tumor más grande que el corazón mismo y está lleno de líquido. El ginecólogo dice que habría que operarlo dentro del útero y si haces eso se desencadena el parto. Tiene sólo 20 semanas, se va a morir ¿Qué hago?". Acaba con la primera operación exitosa dentro del útero de una afección cardiaca. Y seguimos adelante, haciendo descubrimientos y andando por la montaña.

Los supervivientes del Milagro de los Andes

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