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Esta exposición te demostrará que la basura también puede ser arte

'Nada Sobra' se puede visitar en el Centro Cultural Galileo hasta el 10 de junio.

12/05/2017 09:50 CEST | Actualizado 12/05/2017 15:24 CEST
Raúl Hidalgo

¿Qué entendemos por residuo? Lo primero que se nos viene a la cabeza probablemente sean los desperdicios de comida, los plásticos que ensucian los océanos o los miles de teléfonos móviles que se acumulan en los vertederos después de reemplazarlos a los pocos meses por otro modelo más revolucionario. Sin embargo, en la sociedad de consumo del siglo XXI el concepto de residuo se ha extendido a la cultura, las redes sociales o la forma en la que nos relacionamos.

Sobre esta temática reflexionan la exposición colectiva Nada Sobra, organizada por el Máster en Mercado del Arte y Gestión de Empresas Relacionadas de la Universidad Nebrija, en colaboración con el Centro Cultural Galileo y el Ayuntamiento de Madrid. La muestra, que se puede ver desde el 11 de mayo hasta el 10 de junio, busca reflexionar e impulsar un cambio de visión en nuestro día a día y en la forma en la que consumimos a través del trabajo de diez artistas que quieren ir más allá del concepto de basura.

"No queríamos limitarnos a mostrar lo obvio", comenta Ana Muñoz, una de las comisarias junto a Alejandro Montes, Beatriz Pérez y Ying Qu. Por eso, en la exposición se pueden ver desde auriculares que sus dueños han dejado olvidados en los vagones de tren hasta videoinstalaciones. "Queríamos reflexionar sobre la vida que le damos a las cosas, sobre por qué las fabricamos. No podemos fabricar cosas para que mueran", destaca Pérez.

Enrique Radigales

Bajo esa intención de conciencia, Nada Sobra también es un escaparate para artistas emergentes y este año, por primera vez, se ha otorgado el Premio de Adquisición Universidad Nebrija a la Creación Artística que se ha llevado el zaragozano Enrique Radigales por su obra Domingo. Para esta pieza el artista estuvo trabajando sobre la CPU de un ordenador que había pertenecido a un anciano llamado Domingo, interviniéndolo con pintura, aceite y barro. "Quería hacer cíclica la tecnología", explica Radigales, que pretende invitar a la reflexión sobre la vida no solo material de ese objeto, sino también sobre los recuerdos ahí almacenados.

Sobre la memoria y los recuerdos también habla Elisa Pardo, ganadora del segundo premio, con su obra Museo, que recoge los escombros de edificios derribados en la ciudad de Madrid. Otra instalación, Desprendimientos-Madrid de Raúl Hidalgo, se ha llevado un accésit nominativo que reconoce el valor de su obra. Inspirado por la ropa colgada en los tendales de las calles de Oporto, este artista utilizó los residuos de ocho secadoras industriales que representan la fugacidad de la vida de una forma muy gráfica ya que el material está sin tratar y se va deshaciendo a medida que pasan los días.

Elisa Pardo

En las dos salas del Centro Cultural Galileo que ocupa la exposición también hay espacio para los Hombres sin cabeza de Manuel Antonio Domínguez, un dibujante que recoge mapas que se va encontrando en rastros y mercadillos alrededor del mundo, y los interviene y conserva en su colección particular. La instalación Sound of the day de Isidro López-Aparicio, ya consolidado a nivel mundial, también se construye sobre una labor de recolección: la de los cascos que se van dejando olvidados los viajeros en los trenes. En lugar de dejarlos en los vagones y que acaben en la papelera, les ha dado una nueva vida en esta obra, a través de la que se puede escuchar el sonido ambiente de la Puerta del Sol gracias a la conexión con un teléfono móvil.

A mayor consumo, mayor exceso y, por lo tanto, más residuos. Basándose en este concepto de superabundancia han elaborado sus obras Gala Knörr y Álvaro Torres. En el caso de este último en relación a la publicidad: en Voyeur Torres utiliza los carteles publicitarios que pueblan Berlín para elaborar fotomontajes de forma aleatoria. Por su parte, Knorr reflexiona sobre el exceso de imágenes en redes sociales que, debido a la obsesión actual por la inmediatez, son efímeras y se pierden en la red. La artista vitoriana, formada en la prestigiosa escuela Central Saint Martins, traduce estas imágenes en pintura para dotarlas de permanencia.

Dotar de significado a objetos aparentemente ya inservibles es lo que ha intentado hacer Julia Llerena en Óxido, pieza en la que otorga el valor del lenguaje a objetos viejos y oxidados como tornillos o cerraduras que se va encontrando. Una reivindicación que se suma a la de Jon Gorospe, que con la obra Environments presenta fotografías por satélite de los diez vertederos más grandes del mundo, acompañadas de dos vídeos Midair y Oceans, donde gracias a la tinta de calamar se simulan los efectos del petróleo en nuestros mares.

Jon Gorospe

La muestra también cuenta con la colaboración del colectivo Basurama, que lleva desde 2001 trabajando en la protección e investigación medioambiental. Para Nada Sobra han cedido un vídeo, Bodegones de abundancia, que ilustra el día de a día de una de las calles más comerciales de Madrid. A última hora de la tarde las aceras se llenan de cartones que ya forman parte del paisaje de la ciudad y que pasan inadvertidos para los ciudadanos que caminamos entre ellos.

"Lo que tiras, ¿sobra?", se preguntan los organizadores de la muestra. Ellos intentan demostrar que no, que cualquier residuo, todo eso que llamamos basura, puede tener otras utilidades y vidas.

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