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Educación e integración: la clave del éxito de este colegio madrileño

En el Padre Piquer conviven alumnos de 37 nacionalidades y siete religiones diferentes.

13/06/2017 07:40 CEST | Actualizado 13/06/2017 07:42 CEST
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"Hola, me llamo Adam. Tengo 15 años y soy de Rumanía. Hace 11 meses que vivo en España y 9 que estoy en este colegio", dice este joven con voz temblorosa y mirando al frente.

Adam es uno de los chicos que estudia en el Colegio Padre Piquer de Madrid, situado en el barrio de la Ventilla, uno de los más deprimidos la capital.

En este centro educativo concertado conviven alumnos y alumnas de 37 nacionalidades distintas y siete religiones diferentes.

El Padre Piquer ha pasado a formar parte de la Red Ashoka, en la que hay seis colegios más en España. Esta asociación sin ánimo de lucro pone en contacto a escuelas changemaker o "de cambio". Estos centros tienen en común que quieren cambiar la forma de educar y construir un espacio en el que las asignaturas no son tan importantes y en el que los niños trabajan la empatía, el compañerismo, la creatividad o la resolución de conflictos.

Ángel Serrano, director del centro, ha explicado durante su presentación como Escuela Changemaker —al que acaban de entrar por su sistema educativo —que la pobreza azota sin piedad a las familias del instituto. "No podemos pedirle nada a los padres, bastante tienen con llevar un plato a la mesa todos los días", asegura el docente

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Ángel Serrano, el director del colegio Padre Piquer, durante la presentación de su proyecto.

RENOVARSE O MORIR

La cabeza visible del centro cuenta que hace unos años los docentes tenían que hacer frente a una terrible pregunta: "¿En qué alumnos focalizo mi clase de hoy?".

Hace unos años pasaba esto y por ello en 2003 los responsables del centro decidieron dar un giro radical que cambiaría para siempre la metodología de su colegio. Con el objetivo de reducir al máximo los niveles de fracaso escolar se pone en marcha la primera aula colaborativa. "Era cuestión de renovarse o morir", asegura Serrano.

Al centro acuden alumnos que viven a más de una hora y media de distancia, un hecho que para los responsables es un éxito. "Tratamos de generar una nueva demanda, educamos a los niños en la empatía y no como simples números por ello queremos que los padres pidan centros así", explica el director, cuyo principal objetivo es implicar a las familias en la educación de sus hijos. "Tenemos un sistema educativo que sólo les da caña. Aquí sabemos que cuando van a casa hablan mucho del colegio y no de lo que ocurre en el patio", cuenta el director.

Hace unos años los docentes tenían que hacer frente a una terrible pregunta: "¿A quién le doy clase hoy?"

Gregorio Casado, coordinador de innovación del colegio asegura que es imposible dar clase como hace unos años. Para este docente el rol de los profesores ha cambiado por completo tras la irrupción de la tecnología. "La información está en millones de sitios. Hay 300.000 herramientas para aprender inglés en Internet y tenemos que adaptarnos a eso", asegura.

Para Casado, los alumnos deben trabajar en un entorno de empatía. "Las clases no pueden ser como las que tuvimos nosotros en nuestra época. El fracaso escolar es relativo, significa que los alumnos no entran en el camino que ha diseñado la administración, pero no son tontos".

¿CÓMO SON LAS CLASES?

Adentrarse en una de las clases del Padre Piquer es todo un estímulo para los que estudiaron en un colegio estándar. Los alumnos están sentados en grupo, hay 60 por clase, todos tienen su iPad y tienen que responder ante cinco profesores. Al estar todos juntos pueden ayudarse entre ellos.

Con este nuevo método de enseñanza el 85% de los niños promociona y se gradúa. Además, son los propios estudiantes los que se ayudan entre sí para llevar a cabo los proyectos de clase. Si un grupo de alumnos está haciendo el Ramadán, es bueno que el resto de niños puedan escuchar lo que sus compañeros tienen que decir.

Una de las joyas de la corona de este centro es el aula de enlace, una pequeña clase con alumnos recién llegados a España —como Adam— de lugares tan dispares como China, India, Rumanía y Pakistán en la que aprenden a hablar español. La Comunidad de Madrid ha eliminado este tipo de aulas en todos los centros públicos de la ciudad.

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Alumnos del aula de enlace.

"A los nueve meses estos chicos ya saben hablar español sin problema", asegura Montse, la profesora del aula. Cuando los estudiantes están capacitados se incorporan a asignaturas facilitadoras como Religión, Educación Física y tutorías y poco a poco se van incorporando a la dinámica de grupo.

UNA ESCUELA CON PATROCINADORES

En el colegio Padre Piquer, colegio concertado y jesuíta, el 77% de los alumnos recibe algún tipo de ayuda económica en forma de beca para cubrir necesidades básicas. "Hay alumnos que viven con la luz enganchada a una farola", dice el director, por lo que la mayor parte de su tiempo lo pasa buscando ayuda económica para llevar a cabo este tipo de proyectos.

Uno de los talleres en los que los alumnos de FP dan clase está patrocinado por la compañía telefónica Orange. En un breve paseo por las aulas se pueden ver por las paredes carteles de Bankia porque ha cedido equipo informático a otro de los talleres y hay 240 tabletas disponibles para los estudiantes de 1º y 3º de la ESO. "Hay que salir del colegio, eso se lo digo siempre a los directores de otros públicos y concertados", explica el director.

Este centro ha conseguido que familias en riesgo de exclusión no pierdan la esperanza de que sus hijos puedan tener un futuro mejor y en lugar de abandonar el colegio a los 12 años puedan labrarse un porvenir, porque como dice su director: "Dejemos de mirar a Finlandia y miremos un poco lo que hacemos aquí".

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