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11 guardias civiles a los que les gustaba ‘morder’, según la Fiscalía

24/06/2017 10:33 CEST | Actualizado 24/06/2017 10:33 CEST
EFE
Imagen durante el juicio

A veces, uno piensa que las mordidas de las fuerzas de orden público son cosa de oscuros oficiales que amenazan en un cuartucho con un ventilador destartalado en una dictadura asiática. O en una carretera latinoamericana. O en un puesto policial de la estepa rusa. Pero luego se da cuenta de que eso son películas y que el mordedor podría estar a la vuelta de la esquina: estos días, sin ir más lejos, 11 guardias civiles están siendo juzgados en la Audiencia provincial de Las Palmas por supuestos cobros ilegales en 2008, en dinero y especias, a pasajeros que venían de Marruecos y Mauritania o que viajaban a Senegal y que debían declarar algunas mercancías o sumas de dinero por encima de 10.000 euros al llegar o salir del aeropuerto de Gran Canaria. Cinco pasajeros también están siendo juzgados por pagar estos sobornos.

En su informe, la Fiscalía detalla cómo el 30 de enero de 2008, el pasajero Mohamed Kantaoui Habib, proveniente de El Aiún -territorio saharaui ocupado por Marruecos-, pasó por la oficina de la Guardia Civil para declarar los 30.000 euros que llevaba encima. Allí, uno de los agentes le pidió 2.000 euros y le amenazó con no dejarlo marchar. Al final pagó 1.500, pero al día siguiente fue a ponerlo en conocimiento de la Guardia Civil, que inició una investigación.

Lo que siguió, según el relato de la fiscalía, fue una sucesión de mordidas con las que los agentes engordaban sus bolsillos, falseaban los datos de entrada de dinero al país (para poderse quedar con una parte) o dejaban pasar mercancías de origen animal sin pasar los controles sanitarios correspondientes. Estos dinerillos que se sacaban, decían, eran "para tomar el café".

A lo largo del juicio se han presentado como prueba vídeos donde se pueden comprobar los presuntos delitos de los agentes de la Guardia Civil.

El 5 de agosto de 2008, por ejemplo, el pasajero coreano C.I. Chan llegó al aeropuerto y se acercó a la oficinas para declarar 180.000 euros con los que iba a viajar a Dákar, pero los guardias civiles no comprobaron en ningún momento si era la cantidad verdadera. Claro que quizá los agentes se quedaron obnubilados con los pulpos que Cho les traía en una caja y que se repartieron convenientemente cuando el ciudadano coreano salió de la oficina.

Tampoco le comprobaron el dinero a Mahob A., que declaró traer 250.000 euros y que se libró de que lo comprobaran con solo un billete de 50 euros que puso debajo de la gorra de uno de los agentes que estaba en la oficina. Ni Yamila C, que dijo venir el 18 de junio de 2008 desde El Aiún con 118.500 euros encima que nunca comprobados gracias a que dejó al menos ocho billetes de 50 euros a los guardias civiles.

Y suma y sigue, según la Fiscalía, hasta un total de doce episodios de este tipo...

La acusación incluye delitos de cohecho continuado, amenazas y falsedad en documento oficial y las penas solicitadas van de los 18 años de prisión para dos de los agentes a sólo 280 euros de multa para otros dos de ellos. También se piden dos años de prisión para seis de los pasajeros que pagaron a los guardias civiles. Todos menos Mohamed Kantaoui Habib, cuya denuncia fue la que provocó la investigación. Tres de ellos se encuentran en rebeldía.

A lo largo del juicio se han presentado como prueba vídeos donde se pueden comprobar los presuntos delitos de los agentes de la Guardia Civil, a pesar de lo cual todos ellos se han declarado inocentes.

Algunos de los guardias civiles acusados se han dedicado a minimizar las pruebas durante el jucio, que continuará la semana que viene. Entre otras cosas, dicen que se les ve con dinero en las manos porque estaban comprando un regalo para un colega que se iba a jubilar. Y que aceptaron el pulpo porque es una costumbre de Corea del Sur, aunque "está mal", ha dicho uno de ellos.

De mordidas, parece ser, no se acuerdan para nada.