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¿Por qué nos ponemos rojos cuando estamos nerviosos?

El rubor está infravalorado: te explicamos por qué se produce y qué debes hacer cuando quieras evitarlo.

03/07/2017 18:11 CEST | Actualizado 03/07/2017 18:12 CEST
NBC via Getty Images
Amanda Seyfried ríe avergonzada en una entrevista en el 'show' de Jay Leno en octubre de 2011.

Situaciones de vergüenza, de miedo o pudor, de temperaturas extremas o de sobresfuerzo: esos son los momentos en los que nuestro rostro suele enrojecerse y dejarnos en evidencia. O, al menos, esto es lo que muchos piensan... porque el rubor nos afecta a todos, no se puede controlar, es imposible de fingir y es una característica únicamente humana.

De hecho, según los expertos, "el rubor es una demostración del correcto funcionamiento de nuestro sistema autónomo y no tiene sentido intentar corregirlo". Por eso no hay una sino varias razones para que comencemos a valorar el ponernos rojos de forma positiva. Esto es lo que explican Raquel Fernández y Noelia Luna —psicólogas y sexólogas del centro Ishtar— acerca del rubor.

¿POR QUÉ SE PRODUCE?

"Ponerse rojo es una respuesta normal del organismo cada vez que nos sentimos avergonzados, una respuesta fisiológica que consiste en una activación del sistema nervioso simpático que provoca que generemos adrenalina. Consecuentemente, esto dilata los vasos sanguíneos del rostro y por ello la cara se enrojece y aumenta su temperatura", relatan. Pero hay muchas otras ocasiones en las que nuestro sistema nervioso simpático se hiperactiva, el ritmo cardíaco se acelera y el calor invade nuestro rostro, como cuando se experimenta cierto nivel de sorpresa, ira, alegría o excitación sexual.

¿TIENE SENTIDO QUERER CORREGIRLO?

No demasiado, cuentan: "Se trata de una respuesta de las personas como mecanismo de protección a la interacción social, es una manera de demostrar nuestras emociones y, además, algo inherente al ser humano". Tan solo en el caso de que suponga un grave problema personal, habría razones para intentar reducirlo.

¿EN QUÉ CASOS PUEDE SUPONER UN PROBLEMA?

"No debería, aunque el problema siempre va en función de cómo interfiere en la vida normal del individuo... cada uno valora la gravedad de la situación", reflexionan. Hay personas que lo viven como algo puntual que genera un malestar momentáneo y sin mayor importancia. Sin embargo, para muchas otras supone un freno social y provoca inseguridades sociales.

¿CÓMO EVITARLO?

"Estudiando profundamente qué situaciones son las que lo provocan y analizándolas para poder relativizar, solucionar o modificar algo que pueda paliar ese tipo de emoción", comentan. Aunque no conseguirás eliminarlo del todo, una manera de rebajar el enrojecimiento es modificar tu manera entender las diferentes situaciones que se presentan o enfrentarlas de otro modo.

¿PODRÍA, POR EL CONTRARIO, SER BENEFICIOSO?

No hay que descartarlo, como explican las expertas: "En un plano fisiológico, es una demostración del correcto funcionamiento de nuestro sistema autónomo y, a nivel social, supone una forma de adaptación al medio. Demuestra emoción, vergüenza, provoca compasión en las personas que se relacionan contigo, humaniza a quien lo padece, por lo tanto es una forma de encontrar la aceptación social".

El motivo: el rubor es lo contrario a la frialdad, a la intención de manipular. El ser humano prefiere a la gente que se ruboriza, porque a quién se sonroja en público automáticamente se le asocian características como la calidez humana, la sinceridad y la honestidad, y se le percibe como más cooperativo e incluso más atractivo.

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