POLÍTICA

Y llegó el 1-O

Barcelona 'reflexiona': de las chocolatadas para ocupar colegios hasta los gritos de "Puigdemont a prisión"

30/09/2017 21:53 CEST | Actualizado 30/09/2017 22:00 CEST

"Si no es este referéndum, será otro". "Cataluña estaría fuera de la UE". "Cada vez que abre Rajoy la boca.." "A mí me da igual el Gobierno". "No es lo mismo hablar vasco en Madrid que catalán, se genera rechazo". "Hay mucha gente que piensa que España es una, y ha de ser así siempre". "Últimamente lo de Franco está muy en la boca, es una barbaridad". "El problema es la Constitución". "No se puede saltar uno así la ley, sería anarquía pura". "Están jugando todos con nosotros".

Se cruzan las ideas, se cortan la palabra, a veces suben el tono, otras se sonríen. Mezclan cerveza y vermú en una terraza en la calle Parlament, aperitivo de sábado. Son frases cazadas al vuelo de una conversación entre cuatro amigos en Barcelona a pocas horas de que el 1-O se haga carne. Y dicen mucho más que todas las declaraciones de los dirigentes políticos.

Han pasado ya dos años del 27-S, un periodo clave para Cataluña, gobernada por la coalición de Junts pel Sí (PDeCAT y ERC) con el apoyo parlamentario de la CUP. Todo ha sucedido muy rápido, a bases de flashes no asimilados, pero a la vez parecía que nunca llegaría este domingo. Los nervios, las hipótesis, los sueños y las pesadillas se harán presentes ante los catalanes y los españoles.

EFE

DE LOS COLEGIOS OCUPADOS... AL TELEGRAM DEL MADRUGÓN

El futuro de la política y de la convivencia estarán marcados en buena parte por lo que suceda este 1 de octubre. Hoy muchos se van a la cama pensando que mañana nacerá el país que llevan anhelando años, otros confiando en que Mariano Rajoy vencerá el pulso de Carles Puigdemont y otros tantos angustiados al no visualizar una salida pactada por ambos lados.

Barcelona ha vivido una extraña y atípica jornada de reflexión (ni siquiera se le puede llamar así). Y es que además muchos no tenían nada que reflexionar: los partidarios del sí afinan su plan para poder votar en los colegios; los del no miran para otro lado y se quedarán en casa para no legitimar el referéndum. Y el resto de España observa y escucha, y en muchas ciudades ya han empezado a salir a las calles para lucir la bandera nacional. El problema catalán recorre toda la Península y los dos archipiélagos.

Este sábado era también un día para mover las últimas fichas. Las dos partes presumen de estrategia (¿quién habrá sido más efectivo?). El Govern confía en la movilización ciudadana y los colegios serán la clave para el éxito o el fracaso. Desde las cinco de la tarde de este viernes más de un centenar han sido ocupados por activista a favor del referéndum y padres de alumnos. Colchonetas, sacos de dormir, conversaciones y una "resistencia pacífica". "Votaremos", "no nos echarán", "tenemos las llaves", repetían en varios de los centros durante el sábado.

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La consigna: aguantar estas horas abiertos para evitar su clausura. Chocolatadas, paelladas, asambleas, talleres, cursos y hasta cines al aire libre. Que no se olviden los castellers. En total, están ocupados 163 colegios de los 1.300 puntos de votación inspeccionados por los Mossos. La clave será qué pasará a primera hora de la mañana. La orden judicial es que los Mossos desalojen estos puntos a las seis de la mañana. "Haremos un concierto entonces", confesaba Adrià, uno de los que ha pasado la noche en la escuela Collaso i Gil, en pleno centro del Raval. Los mensajes circulan por Telegram y el plan es que la gente empiece a llegar a las cinco de la mañana. Un manual en pdf con 8 páginas circula con la escaleta a seguir. Y se mandan whatsapps con este mensaje: "Tot a punt per viure EL GRAN MOMENT. El moment en què TOT SERÀ POSSIBLE perqué TOT DEPENDRÀ DE NOSALTRES". Los últimos ánimos antes de las pocas de sueño.

¿Cuánta gente saldrá a la calle? Desde la ANC, la principal organización de actos independentistas, hablan de éxito si salen un millón de personas. Barcelona se convertirá en un universo especial este domingo. Nadie sabe nada. Algunos apuran las horas ajenos a Twitter y Facebook. Jesús está sentado en la plaza de la Filmoteca con su libreta y sus pinturas. Observa los balcones, garabatea. Alza la vista y se confiesa: "Sí iré a votar, pero no sé qué. Quizá en blanco. Quería al principio 'no', pero una amiga me dice que 'sí'. No te puedes quedar al margen". "Todo el mundo debe dar su opinión, esto no es democracia", analiza, antes de advertir: "Será un día muy revuelto".

"Mira mamá, un avión", comenta una niña en mitad de la Rambla. Su madre se ríe. No es un avión, es un helicóptero que sobrevuela Barcelona antes del 1-O. La ciudad se toma estas horas con relativa calma. Pero la seguridad es enorme. ¿Alguien ha visto a los de los cruceros?, se pregunta también un señor. Los efectivos trasladados desde otras partes de España están en muchas de las conversaciones. Algunos ciudadanos a lo largo de estos días se han acercado y les han enviado comida. Hasta cajas con muffins con la bandera de España. Este domingo sí les verán las caras a muchos.

"NO ESTÁ LLOVIENDO, SON LAS LÁGRIMAS DE PUIGDEMONT"

Los balcones de Barcelona están plagados de esteladas y de carteles con los lemas de "Sí" y "Democracia". Tras la gran fiesta del indepentismo del viernes por la noche, hoy tenían ganas, en cambio, de sacar la enseña española los antireferéndum. Por la mañana se han concentrado en la plaza de Santa Jaume y por la tarde, en otra marcha, se han desplazado desde la zona de Urquinaona hasta, otra vez, la plaza de Santa Jaume. "Puigdemont a prisión", "No está lloviendo, son las lágrimas de Puigdemont", "No nos engañan, Cataluña es España", "No está lloviendo, son las lágrimas de Puigdemont" e "Indepe, cabrón, España es tu nación" han coreado miles de personas por el centro hasta llegar a las puertas de la Generalitat. Y por el camino aplausos a los policías nacionales: "Esta es nuestra policía". También vítores cuando se escuchaba el helicóptero. "Hoy hay que estar tranquilos, no es un día para repartir", confesaba por lo bajo uno de los Mossos que custodia el Palau.

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Esta Barcelona, gris y lluviosa de sábado, no deja de sorprender. Los mundos, visiones, ideas, sonidos se entremezclan, se agitan, se repelen y complementan. Seguro que nacería un guión de Rafael Azcona si hubiera visto cuando el grupo de manifestantes se ha encontrado en la Via Laietana a una pareja de suecos recién casados (ella de rojo y proclamando a los cuatro vientos I love Spain). Tragicomedia pura. Durante un minutos los gritos se han convertido en una improvisada versión de Porompompero.

Este sábado nos deja muchas imágenes. Padres jugando al parchís con los niños, banderas por todos lados, turistas ensimismados haciendo fotos a las concentraciones. Al alza cotizan también los comentarios de los periodistas catalanes. Sus colegas llegados desde toda España y del extranjero buscan sus análisis, sus augurios. Las hipótesis pasan por todos los escenarios: desde una declaración en el pleno que empieza el miércoles hasta una huelga en toda Cataluña. Pero todo, todo, dependerá de cómo transcurra el domingo y la interpretación que se haga por la noche. Hasta del tiempo. La predicción es lluvia para mañana, los vendedores ambulantes ya ofrecen por toda la ciudad paraguas. Y las horas con más agua, según la AEMET, serán en el inicio de la mañana, el momento más tenso por la apertura.

¿Por qué hemos llegado hasta aquí? ¿Qué ha pasado? ¿Nadie lo vio? Miquel, un profesor universitario, lo tiene claro mientras 'ocupa' una de las escuelas: "Aquí hace unos años no éramos independentistas. Solo estaba el partido de Esquerra. Fue el Estatut, la sentencia, se tumbaron artículos que luego se dejaron en otros estatutos como el andaluz". Muy cerca, Emma apostilla: "Aquí ya hicimos limpieza, no como en España. No están ni Jordi Pujol ni Artur Mas. Estamos en otra fase ya". "Yo iré a votar, y soy partidario de la CUP. Y mis padres nacieron en Córdoba", dice un taxista en pleno bullicio de sábado. Un colega suyo, esperando a que lleguen clientes cree lo contrario: "Puigdemont acabará en la cárcel. Y aquí elecciones anticipadas". Barcelona 'reflexiona' a su manera.

Pero ya no hay tiempo de reflexiones en esta horas. El 1-O ya está aquí. Y en el Palau hay un concierto, anunciado con grandes cartelones en el centro, de guitarra española. Se tocarán obras de Falla, Chopin y Paco de Lucía. ¡Que suene la música! Esto solo acaba de empezar.