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Comienza la búsqueda de 'las niñas del Aguaucho', cinco jóvenes vejadas, violadas y asesinadas por falangistas en el 36

81 años después, el pueblo sevillano de Fuentes de Andalucía busca reparación para unas mujeres cuya caza sirvió de amenazante ejemplo en la comarca.

15/10/2017 09:59 CEST | Actualizado 15/10/2017 09:59 CEST
AYUNTAMIENTO FUENTES ANDALUCÍA
Pablo Caballero, de 87 años, sostiene el retrato de su tía Josefa, una de las víctimas, que contaba 18 años en aquel verano de 1936.

Quizá de Despeñaperros para arriba esta historia parezca muy nueva, pero de Despeñaperros para abajo no lo es. Al contrario. Es una especie de pequeño símbolo de la lucha por la memoria histórica en Andalucía y un ejemplo estremecedor de cómo la represión fascista arrolló con todo en una tierra en la que no hubo tanto combate, pero sí mucho sometimiento, mucho ajuste de cuentas y mucha caza al hombre. Y a la mujer.

Esta semana, en la localidad sevillana de La Campana, han comenzado los trabajos para localizar el pozo en el que se presume que se encuentran los restos de al menos cinco jóvenes de la vecina villa de Fuentes de Andalucía que fueron vejadas, violadas y asesinadas en agosto de 1936, apenas un mes después del alzamiento militar contra la II República por parte de Francisco Franco y los suyos. Se las conoce como "las niñas del Aguaucho", el nombre del cortijo en el que fueron ejecutadas. Tenían entre 16 y 22 años.

Su historia nunca murió: aunque sus asesinos avisaran por las calles de que cualquier otra mujer podría ser la próxima, su calvario se ha narrado de generación en generación, una especie de leyenda de horror que, ahora, gracias a la pelea de la Asociación Memoria Histórica Fontaniega, los ayuntamientos de los dos municipios y la Junta de Andalucía, culmina con un trozo de tierra allanado, en el que las excavadoras buscan el pozo maldito donde las chicas fueron lanzadas. Se sabe que el proceso será lento y difícil, que si había agua en el conducto los restos pueden estar en peores condiciones que en una fosa de tierra al uso, pero la prudencia no refrena la esperanza de las familias que anhelan, al fin, enterrar a los suyos en paz.

LOS HECHOS

Lo que cuentan las voces locales y han afirmado los historiadores más tarde es que en agosto del 36 -quizá el 17, quizá el 27- un grupo de falangistas que estaban acuartelados en el llamado Cruce de las Monjas acudió a Fuentes de Andalucía y sacó del calabozo a unas muchachas detenidas días atrás. Sus delitos eran múltiples: ser jornaleras respondonas que reclamaban sus derechos laborales y no siempre se sometían a los señoritos, aprender a leer y a escribir, acudir a alguna manifestación, tener un novio "de izquierdas" y hasta bordar banderas del disgusto de los nacionales, nuevas seguidoras de Mariana Pineda. Delito debió ser también que formasen una pandilla de las más hermosas y jóvenes del pueblo, "las más nuevas".

Los camisas azules se las llevaron al cortijo El Aguaucho, donde las obligaron a cocinarles y a hacer las demás labores de la casa, con órdenes despiadadas y, según los testimonios orales, vejándolas, forzándolas a servirles desnudas. Imposible saber cómo intentaron quebrarlas un minuto tras otro. Cuando se cansaron de ellas, les pegaron unos tiros y las echaron al pozo que ahora se busca. Luego, para que nadie se levantara por el crimen, los falangistas lucieron su hazaña entre risas, jactancias y advertencias. "Los autores del vil asesinato se pasearon por el pueblo al día siguiente montados en sus camiones, con la ropa íntima de las niñas en el extremo de sus fusiles, diciendo 'Esta noche hemos tenido carne fresca', gritando", ha explicado Jesús Cerro, presidente de la Asociación por la Memoria Histórica Fontaniega.

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81 años más tarde, es prácticamente seguro que en el pozo se encuentran cinco mujeres. Ya es hora de que las nombremos y las recordemos: María León Becerril, de 22 años; Joaquina Lora Muñoz, de 18; María Jesús Caro González, también de 18; y las hermanas Josefa y Coral García Lora, la mayor de 18 y la pequeña, de apenas 16 años.

No obstante, se cree que otras cuatro mujeres de Fuentes desaparecidas en esos días pudieron acabar igualmente en el pozo de La Campana. Serían Josefa González Miranda, de 18 años; María Caro Caro, de 35; Manuela Moreno Ayora, de 40; y otra hermana García Lora, Dolores, de 25 años.

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El equipo técnico y los familiares de las represaliadas, en el lugar donde se está buscando el pozo, en La Campana (Sevilla).

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La excavadora, trabajando sobre el terreno en El Aguaucho.

A todas se las busca con empeño desde hace décadas y desde 2010 se venían pelando los permisos, al estar el cortijo en zona privada. Ahora al fin hay acuerdo y medios y se ha empezado la prospección. Se cree que los cuerpos estarán a unos diez metros de profundidad y la boca del pozo ya se ha encontrado, como se aprecia en la foto superior.

Aunque los autores del asesinato múltiple nunca se taparon por lo que habían hecho, la Ley de Amnistía de 1977 con la que se pretendía hacer borrón y cuenta nueva en la Transición les protegió y nunca pagaron por ello. La actual Ley de Memoria Histórica aprobada en 2007 sí recoge al menos la posibilidad de que las víctimas y sus familiares sean "reparadas" y eso ha abierto la puerta a exhumaciones como la de las niñas del Aguaucho.

"Es un día muy importante para nosotros", decía emocionado Pablo Caballero, de 87 años, sobrino de una de las víctimas, Josefa García, en la reunión de coordinación para el inicio de los trabajos que tuvo lugar a principios de septiembre, según indica la agencia Europa Press.

Mientras se esperan los resultados de los trabajos, el consistorio fontaniego ha establecido incluso un horario de visitas a la zona, para que los ciudadanos sepan lo ocurrido y lo que se está haciendo para rescatar esta historia de infamia. Aquello de conocer la historia para no repetirla.