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10 años de kirchnerismo: ¿década ganada o desperdiciada?

26/05/2013 09:59 CEST | Actualizado 25/07/2013 11:12 CEST

El 25 de mayo se cumplen 10 años de la asunción de Néstor Kirchner como presidente de Argentina. Junto con su esposa, Cristina Fernández, que tiene mandato hasta 2015, se repartieron el poder en un período de bonanza económica debido en gran parte a los precios récord de las materias primas que el país exporta. El entusiasmo tras la rápida salida de la crisis de 2001-2002, el auge de la soja, el superávit fiscal, el crecimiento a tasas chinas, la inflación y las nacionalizaciones son algunos de los rasgos de esta década.

La economía kirchnerista se puede dividir claramente en tres períodos: alto crecimiento y baja inflación entre 2003 y 2007, alto crecimiento e inflación por encima del 20% anual entre 2007 y 2011, y bajo crecimiento con alta inflación en 2012 y 2013.

Al analizar los datos macroeconómicos se puede ver que esta tendencia que se relaciona con la salida de Roberto Lavagna como ministro de Economía a fines de 2006 y con la intervención del instituto de estadísticas (Indec) para maquillar la inflación en alza, los niveles de pobreza y la disminución del crecimiento.

Producto Interior Bruto: el crecimiento inédito a tasas por encima del 8% fue la principal característica del inicio del Gobierno kirchnerista, en parte por el efecto rebote tras un desplome del 11% en plena crisis de 2001 con mucha capacidad industrial y de energía sobrante y por el auge del cultivo de la soja ante la mayor demanda de China. El renacimiento de la construcción, de la fabricación y la venta de autos y del consumo en general también fueron los motores de una economía que se expandió en un 71,9% entre 2003 y 2012, un envidiable promedio de 7,9% en todo el período. Sin embargo, durante esa franja de tiempo hubo años menos prósperos. Por la crisis financiera mundial, el PIB apenas se expandió en un 0,9% en 2009 (según cifras oficiales) y en un 1,9% en 2012.

El precio de la tonelada de soja pasó de 230 dólares y batió su récord histórico al superar los 600 dólares. Hoy oscila entre 480 dólares y 550 dólares y el proceso de la llamada "sojización" del campo argentino no se detiene. Argentina era el tercer exportador de carne del mundo con 771.000 toneladas por año y hoy es el número once con 183.000 toneladas, superada por Brasil, Uruguay y Paraguay.

Reservas del Banco Central: Néstor Kirchner se encontró con una escasa cantidad de dólares de resguardo (14.000 millones millones de dólares, unos 10.800 millones de euros) para el tamaño de la economía argentina. Hizo del ahorro un culto y llevó la cifra a 52.000 millones de dólares (40.400 millones de euros). Con ellas canceló la deuda de 10.000 millones de dólares estadounidenses con el FMI, en un gesto de liberación económica por el que siempre se lo recordará. Su esposa modificó la carta orgánica de la entidad para poder recurrir a las reservas y así utilizarlas para cerrar las cuentas públicas, pagar deuda e intervenir en el mercado cambiario. En el Banco Central hoy hay 38.000 millones de dólares (29.500 millones de euros), el valor más bajo de los últimos 7 años.

Desempleo: en 2003 era del 17% junto con un subempleo de 20 puntos. El indicador en el primer trimestre de 2013 cerró en 7,9%, según cifras oficiales, 0,8% más que el mismo período de 2012.

Pobreza: en el inicio de la gestión Kirchner llegaba a un muy preocupante 50 por ciento. Para el Indec, es hoy del 5,4% y del 18% para encuestadoras económicas privadas.

Deuda externa: Tras el default de 2001 era necesario reformular los pagos para que el Gobierno tuviera más oxígeno financiero hasta que la economía volviera a recuperarse. El Gobierno planteó dos canjes de deuda que llevaron la relación deuda-PIB del 140% al actual 41,5%, por debajo incluso de Estados Unidos y de muchos países de Europa.

Inflación: el primer año de la gestión Kirchner cerró con un alza de precios del 13,4 por ciento. Luego le siguieron cuatro años por debajo del 10 por ciento. Cuando las demandas salariales ganaron el pulso por una mayor porción del ingreso, el Gobierno intervino las estadísticas oficiales para ocultar la inflación y la pobreza. A partir de ese año, para el INDEC la inflación osciló entre el 8 y el 11% por año y para las consultoras privadas entre el 16% y el 25 por ciento. El salario básico mínimo en 2003 era de 200 pesos argentinos (29,5 euros) y hoy es de 2.875 pesos argentinos, 425 euros.

Cuentas públicas: la fortaleza del modelo económico se construyó mediante la preservación de los superávit gemelos (fiscal y comercial). Así fue hasta 2010, oscilando entre el 3% y 1% del PIB en el plano fiscal. Luego cayó a -2,6% del PIB. El superávit comercial arrancó en 15.000 millones de dólares (11.600 millones de euros) y en 2012 cerró en 12.000 millones de dólares (9.300 millones de euros) gracias a las trabas a las importaciones impuestas por el Gobierno en varios productos.

Recaudación fiscal: pasó de 10.000 millones de euros en 2003 a 121.700 millones de euros gracias a la mejora económica, una mayor presión tributaria, más empleo y derechos de exportación al sector agrícola que llega al 35% como en el caso de la soja.

Expropiaciones y nacionalizaciones de empresas: el mensaje poco amigable con algunas empresas y la intervención estatal es una de las características del periodo. El primer contrato rescindido fue a la empresa Thales Spectrum para el control del espacio radioeléctrico, otorgado por el Gobierno de Carlos Menem en condiciones poco claras. Le siguió el correo nacional que también había sido privatizado en los '90. La empresa argentina SOCMA, de Franco Macri, padre del actual opositor jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se quedó sin su activo en 2006 por una diferencia en una deuda de un canon. Se anunció una nueva licitación en 180 días, algo que nunca ocurrió. Se creó la estatal Correo Argentino S.A. Luego siguieron rupturas de contratos de concesiones de cuatro líneas de trenes de pasajeros y una de carga también en manos de empresas privadas argentinas que volvieron a la administración estatal por su deficitario servicio. El primer golpe al capital extranjero fue en el servicio de agua y cloacas de Buenos Aires y alrededores. Tras la falta de acuerdo entre la concesionaria y el Gobierno por un aumento de tarifas, el Gobierno adujo faltas ambientales y le rescindió el contrato de concesión a Aguas Argentinas, integrada por Aguas de Barcelona y la francesa Suez. Se creó la empresa estatal Aguas y Saneamientos Argentinos (AYSA) que depende para su supervivencia de un subsidio estatal de más de 1.000 millones de pesos argentinos (147 millones de euros) por año ya que desde entonces no se ha retocado el cuadro tarifario del servicio.

La primera expropiación fue la de Aerolíneas Argentinas, que estaba en manos del grupo Marsans. Ante la negativa del Gobierno de autorizar aumentos en las tarifas de vuelos de cabotaje, la empresa empezó a tener problemas para pagar salarios y comenzó a depender de préstamos del Banco Nación. La relación tirante de Marsans con el Gobierno y los empleados, más la oportunidad del alto impacto político de la medida, precipitó la vuelta de la aerolínea de bandera al Estado. Aerolíneas Argentinas tuvo en 2012 un rojo de 4.000 millones de pesos argentinos (590 millones de euros) que fue cubierto con fondos públicos. Su plantilla de empleados pasó de 9 mil a 11 mil personas.

En 2010, cuando las cuentas públicas volvieron a dar resultado negativo, el Gobierno plasmó mediante una ley del Congreso la estatización de los fondos de pensión que estaban en manos de las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión, controladas por los bancos (entre ellos el BBVA y el Santander). Un total de ahorros jubilatorios que hoy ascienden a 264.000 millones de pesos argentinos (38.000 millones de euros) volvió al control del gobierno. Parte de este dinero se destina a cubrir el déficit de la administración pública pero también se creó la Asignación Universal por Hijo y por embarazo, una ayuda estatal que favorece a los argentinos de menores recursos, a semejanza del plan Bolsa Familia de Brasil. Asimismo, unos 3 millones de personas que no tenían jubilación por haber trabajado toda su vida en la informalidad, lograron obtener una.

Pero la frase kirchnerista de cabecera "Vamos por todo" se hizo realidad. La presidenta Fernández expropió en abril de 2012 el 51% de las acciones de YPF, la empresa más grande del país, que estaba en manos de Repsol. Esta medida generó aún más desconfianza internacional en el país, especialmente desde la Unión Europea.

Entre las empresas estatales creadas durante el kirchnerismo destacan la petrolera Enarsa (pensada para ser una nueva YPF que nunca fue), y la empresa satelital Arsat ahora también con el permiso oficial para dar telefonía celular.

Fuga de capitales: esta mayor intervención del Estado en la economía de manera poco amable llevó a muchos particulares y empresas a sacar sus ahorros y activos del sistema financiero. La fuga de capitales entre 2003 y 2012 fue de 87.385 millones de dólares (67.600 millones de euros), de los cuales 79.000 millones de dólares (61.400 millones de euros) se registraron entre 2007 y 2011. El movimiento de los depósitos en dólares (tradicional moneda de ahorro y resguardo de los argentinos) de los bancos refleja también esta desconfianza. En 2003 -apenas un año después de la devaluación y el corralito- eran de 1.085 millones de dólares (843 millones de euros) y en abril de este año apenas llegaron a 800 millones de dólares, 621 millones de euros.

Inversión extranjera directa:Creció de 4.400 millones de dólares (3.420 millones de euros) a 12.551 millones (9.775 millones de euros) según la medición que lleva a cabo la Comisión Económica para America Latina y el Caribe (Cepal). Sin embargo, hay dos condicionantes. Desde hace un año el gobierno frena la remesa de las utilidades de las multinacionales a sus casas matrices como una medida para frenar la antes mencionada fuga de capitales y la necesidad de no perder dólares. Según la misma Cepal, de los 12.551 millones de dólares que ingresaron al país de 2012, el 63% es por reinversión obligada de utilidades. En relación con el PIB del país, el ratio es bajo y viene en caída. El año pasado fue de un 2,3%, por debajo de la media de la región. La brecha entre el dólar oficial y el paralelo, y la inflación que obliga a cambiar los costos permanentemente, llevaron a la brasileña Vale a desarmar su proyecto de inversión minera en la provincia de Mendoza por 6.000 millones de dólares, 4.600 millones de euros. Era la inversión privada más grande en el país. Otro reflejo de este fenómeno es la dificultad para hablar por teléfono móvil en cualquier punto del país. La falta de inversión en más antenas para mejorar la comunicación de las telefónicas hacen que las comunicaciones se corten con muchísima frecuencia.

Ante la pregunta sobre si 2003-2013 fue una década perdida o ganada, el economista Fausto Spotorno, de la consultora Orlando Ferreres y Asociados, cree que se perdió la oportunidad. "Argentina no se preparó para lo que viene. Hasta 2007 se salió bien de la crisis pero el Gobierno se gastó la capacidad energética, las reservas del Banco Central y la capacidad industrial. El error más grave se cometió con las tarifas públicas. Por mantenerlas congeladas artificialmente con subsidios se destruyó la infraestructura energética y se generaron otros problemas como el déficit fiscal, inflación y menor actividad económica", concluye Spotorno.

En el plano energético, Argentina fue autosuficiente hasta 2004 y exportaba el sobrante de gas que producía a Chile. La falta de inversión de las empresas petroleras en respuesta al congelamiento tarifario del Gobierno obligó a importar gas de Bolivia, Gas Natural Licuado en barco de Qatar y fuel oil de Venezuela para las centrales eléctricas ante la mayor demanda de electricidad y gas de los hogares y la industria. Se cortaron las exportaciones de gas para priorizar el mercado interno. Desde 2010, se comenzó a importar naftas porque la producción local tampoco alcanza para cubrir la demanda creciente por el récord de venta de vehículos. En 2012 Argentina importó energía por 12.000 millones de dólares.

Los 80 fue una década perdida para Argentina, que no puedo despegarse de la crisis de la deuda externa en América Latina. En los 90, la política neoliberal echó al Estado de la economía y los indicadores sociales empeoraron. La falacia de la convertibilidad peso-dólar no se sostuvo y empujó al país a la peor crisis de su historia. La última década, en la que el Estado es ahora el gran protagonista y mejoraron las condiciones de vida, dejó sin embargo varias cuentas pendientes.

Este artículo también podrá leerse en el blog del autor La revancha de Keynes

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