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Alicia Romay Headshot

¿Lo volverías a hacer?

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A veces nos preguntamos si repetiríamos algo que hemos hecho a lo largo de nuestra vida, pero hay hechos que no se pueden borrar del todo. Según la revista Panorama, trece millones de italianos han decidido decorar con al menos un tatuaje su propia piel.

Los adictos a esta moda no tienen necesariamente estilo rockero o transgresor, también se marcan la piel las señoras estupendas o los señores finísimos. La edad o la condición social no importan, lo que se lleva en Italia es tatuarse.

Las historias sobre los dibujos tatuados son de lo más variopintas. Por mencionar algún ejemplo, no falta algún fan de Silvio Berlusconi con un tattoo en el dorso de la mano con el logotipo de Mediaset (el grupo de comunicación del magnate); u otro que al ser un forofo futbolero se ha tatuado en la espalda, y a tamaño natural, la cara del entrenador Claudio Ranieri, después de que el seleccionador italiano llevara a primera división al equipo inglés de fútbol de Leicester.

Hay tatuajes para todo tipo de gustos que expresan cualquier tipo de sentimiento. Los tatuadores profesionales en Italia comentan que los que deciden marcar una parte de su cuerpo no quieren necesariamente plasmar en su piel un recuerdo traumático o romántico, sino que buscan comunicar algo, ya sea un voto político o transmitir algo en plan cómico.

Hace unos días decidí sentarme a charlar con alguien que tiene tatuada buena parte de su cuerpo. Es Gabriele Bianchi, un chico estupendo. Gabriele nació en Roma, tiene 31 años y la mayor parte de su vida la ha pasado en Fregene, la playa de moda más cercana a la capital italiana. Durante el verano trabaja en el club de playa Controvento. En invierno trabaja en Roma, en el teatro Quirinetta, en donde organiza conciertos de música electrónica, también trabaja como DJ.

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Su primer tatuaje fue una G, ahora esta pantera la cubre. Fotografía: Alicia Romay.

Al preguntarle el motivo por el cual se ha tatuado gran parte de su cuerpo, Gabriele lo cuenta sin ningún tipo de tapujo: "A los 16 años me llamaban la atención los tatuajes y el pelo largo de los hermanos de mis amigos, que eran mayores que yo. Me llamaban tanto la atención que yo me ponía los tatuajes de pegatinas", recuerda riéndose y recordando que su madre se enfadaba por su aspecto sucio cuando las pegatinas-tatuajes se le iban cayendo...

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La cara A de un casete antiguo, la cara B la tiene tatuada la que era su novia en aquellos años. Fotografía de Alicia Romay.

Y continuó con su historia: "A los 18 años me hicieron mi primer tattoo, elegí ponerme la inicial de mi nombre, una G grande aquí en el cuello, ahora no se ve porque han dibujado encima una pantera. Elegí una pantera porque me gusta su fuerza". Y continúa: "En el otro lado tengo la cara A de un casette antigua; mi ex-novia se tatuó la otra cara, era el símbolo en aquel momento. A los 21 años me tatué los dos brazos, son recuerdo de mi paso por Barcelona", y así sigue explicando el motivo por el que se hizo cada uno de los dibujos que lleva en el cuello, los brazos, las manos, etc...

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Fotografía: Alicia Romay

Para Gabriele, los tatuajes significan una forma de expresar arte. Así como la gente decora su casa con cuadros, él ha decorado su cuerpo. Cuando iba tatuándose, lo hacía como una especie de rebeldía pues en aquel entonces no aceptaba las reglas impuestas por la sociedad.

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El regalo de un amigo de Barcelona. Fotografía: Alicia Romay

Más adelante empezó a viajar, se marchó a Amsterdam y a Barcelona donde pasó algunas temporadas y en esa época aceptó que no podía continuar así. La velocidad a la que se tatuaba era demasiado alta. Al estar fuera de Italia, empezó a ver el mundo de otra manera y a entender lo que antes era incomprensible para él, entonces echó la vista atrás y cambió.

Ahora ya no le gustan tanto los tatuajes, sobre todo el fanatismo que hay alrededor de los que llevan el cuerpo marcado. "No me siento parte de ellos. Cuando alguien me pide ver mis tatuajes me incomoda, yo lo he hecho porque me gustaba llevar dibujos en mi cuerpo, quería expresar algo en aquel momento, pero yo no soy parte de ellos. No soy un fanático de los tatuajes, a pesar de llevarlos en buena parte de mi cuerpo. Muchas veces quisiera esconderlos, son demasiados y no puedo borrarlos. Borraría algunos de los que llevo, mi pensamiento ha cambiado. No me gusta que me señalen por mis tatuajes, fue una rebelión en aquel momento de mi vida. No me gusta ser etiquetado como parte de los fanáticos que se tatúan. Si pudiera dar marcha atrás y hacerlo de otra manera lo haría. Los tatuajes no los puedo borrar, porque para ello se requiere de un dinero que no tengo, y ahora tengo otras prioridades"

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"Col cuore in gola", la expresión italiana "sin respiro". Fotografía de Alicia Romay

Algunas referencias

Los tatuajes en los años 30 los llevaban los marineros, los que estaban encarcelados y los que trabajaban en los circos. Las anclas y los dibujos de los puertos eran sus símbolos.

La parte buena de los tatuajes y los tatuadores

Recientemente, el diario El País publicó el artículo "Tatuajes que devuelven la feminidad" en el que cuenta que profesionales de toda España colaboran gratuitamente en la reconstrucción de mamas de mujeres operadas de cáncer. Jero Velasco, un tatuador de Collado Villalba (Madrid), le dibujó gratuitamente los pezones y las areolas dándole vida y color nuevamente a sus pechos, a una mujer que había padecido cáncer de mama. No sólo Jero ha decidido ayudar a las mujeres que tienen este problema, sino que tatuadores de toda España se han agrupado en la plataforma Tatuaje Solidario con el Cáncer (www.tatuajessolidario.com)

La convención internacional de tatuajes en Venecia

Del 14 al 16 de Octubre, se reúnen algunos de los mejores tatuadores italianos y del mundo para presentar nuevas técnicas. "Se trata de un intercambio cultural, con el que deseamos mantener viva esta tradición ancestral, en el cual, el artista imprime en la piel del que lo desea, aquello que quiere comunicar..."