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Disculpen las molestias, nos están matando

03/09/2015 07:17 CEST | Actualizado 02/09/2016 11:12 CEST

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Foto: EFE

El 1 de septiembre de 2014 escribí una columna en los diarios de un grupo andaluz que denominé Terrorismo machista y que empezaba así:

"Acaba agosto y como era de prever, estamos peor que antes. La realidad es dura y difícil de obviar. La sensación de angustia se incrementa. Vivimos momentos tenebrosos y no hay más que ver la situación de destrucción y muerte de seres humanos en la que estamos inmersos, sin que nuestro primer mundo sepa reaccionar. En España también seguimos acostumbrados al incremento de las injusticias, de las desigualdades y de un brutal terrorismo machista que es ya insoportable, pero parecemos inmunizados ante tanto dolor como provoca y no reaccionamos. No ha habido ni una sola manifestación masiva de repulsa contra esta lacra, como las que se producían en los años terribles del terrorismo etarra".

Pasado un año, solo puedo añadir que todo sigue peor.

La violencia machista aumenta sin que la reacción social, política e institucional esté a la altura del terrible problema del que hablamos, que afecta a mujeres y niñ@s, usados por los asesinos machistas para infligir más dolor a las mujeres. En esta ocasión, ha habido una declaración institucional de todos los grupos en el Congreso de los diputados, cargada poco más que de buenas intenciones; y siendo importante, es insuficiente. No se ha mejorado, en los Presupuestos Generales del Estado, la dotación para luchar contra la violencia machista, ni se ha producido ninguna comparecencia del ministro responsable de esta materia para explicar cómo piensa el Gobierno hacer frente, con propuestas enérgicas, dotadas presupuestariamente, al grave problema de la violencia machista. Porque, como dicen las feministas en las redes sociales: "Disculpen las molestias, pero nos están matando". Y no queremos tener que repetirlo nunca más.

Solo un partido político, el PSOE, ha presentado un decálogo de medidas con el objetivo de llegar a una gran acuerdo social, político e institucional contra la violencia de género, en el que se contienen propuestas que van desde ampliar y adaptar la violencia de género a todas las formas de violencia contra las mujeres hasta la reposición de los fondos que se han recortado en esta área, pasando por un plan integral para prevenir, proteger y reparar el daño a menores víctimas de violencia de género, así como una formación especifica obligatoria para magistard@s, abogad@s, forenses y equipos psicológicos que intervengan en juzgados especializados y diversas medidas más que deberían servir para alcanzar ese Pacto de Estado que es cada día más necesario. En España, desde 2003 han sido asesinadas cerca de 800 mujeres. Asesinadas, que no muertas, como suele decirse.

La sociedad no puede permanecer ajena a esta violencia machista que provoca muertes casi a diario.

En ese Pacto de Estado la educación es un elemento esencial para lograr su eficacia. Educación en la familia, en las escuelas y en la sociedad que elimine para siempre los "valores" de la sociedad patriarcal en que vivimos, que se reproducen, día a día, casi sin que nos demos cuenta.

Los poderes públicos tienen que tomarse en serio la violencia machista, no solo dotando de medios financieros a los organismos encargados del cumplimiento de la ley integral de violencia contra las mujeres sino también reaccionando con firmeza ante cualquier acto violento. Este Gobierno no solo ha recortado, año tras año, la partida dedicada a violencia de género, sino que además, cuando se produce un asesinato, lo ignora. No hemos oído a Rajoy nunca condenar una asesinato machista, como tampoco hemos oído al ministro responsable, ni al ministro del Interior, tan dado a facilitar entrevistas con presuntos, pero importantes delincuentes.

La sociedad no puede tampoco permanecer ajena a esta violencia machista que provoca muertes casi a diario. Cada vez la sensibilidad es mayor, pero todavía tenemos inoculado en el subconsciente colectivo aquello de "la maté porque era mía" o "mi marido me pega lo normal", que se mantiene porque el machismo es una ideología que permanece y está cada día más arraigada, también entre la juventud. Nos educan en esa idea ancestral de que las mujeres son propiedad de los hombres y a ellos han de estar sometidas.

La violencia de género es la cara más dura de la desigualdad, por eso hay que insistir en que es la más atroz y la primera de todas las desigualdades, que es transversal y que afecta a la mitad de la humanidad. "El miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del hombre a la mujer sin miedo", escribe Eduardo Galeano, y Miguel Lorente afirma: "Debemos ser optimistas ante el reto de la igualdad, pero no ilusos. El machismo reacciona para que todo sea un sueño". Cito a dos hombres para demostrar, una vez más, que no es problema de sexo, sino de ideología. Con el machismo hay que acabar educando en igualdad desde la cuna.