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El 'lobby' de los filólogos

13/03/2017 19:21 CET | Actualizado 17/03/2017 07:24 CET
Getty Images/iStockphoto

El chantaje

La filología hispánica extorsiona a los literatos: ¡España primero! [America first!]

El criterio de proximidad funciona: los filólogos son el centro y medida de toda la literatura. Los filósofos, sociólogos e historiadores tienen un visado de tránsito para volar a través del espacio literario nacional.

El visado de residencia solo le pertenece a la filología hispánica.

La omertá

El filólogo acepta el intrusismo laboral de periodistas y comparatistas a cambio de la ley del silencio: nadie cuestionará jamás el análisis morfosintáctico en la educación y la literatura española seguirá siendo asquerosamente chovinista.

La xenofobia literaria

El filólogo suele encontrar su destino natural en la docencia de la literatura española. Allí evangeliza con el mester de clerecía y de juglaría, pero no menciona los Breton lai. Pontifica sobre Cervantes, y solo por sus coincidencias menta a Shakespeare. Si hay un juicio por combate, Dios da la razón a la prosa cervantina. Se elogia a Lope de Vega, pero no a Corneille, Racine o Molière. El Lazarillo es más grotesco que Gargantúa y Pantagruel. De Madame Bovary solo se habla por encima del cadáver de La Regenta. Pío Baroja y Valle-Inclán son grandes aventureros o pendencieros, ni punto de comparación con Hugo, Dumas, Twain, Melville o cualquier otro autor inmortal de las letras universales.

El estudiante de instituto no tiene por qué saber quién es Goethe, Thomas Mann o Balzac para llegar a la universidad. Para qué, si tenemos una montaña de obras que han asfixiado el interés por la lectura generación tras generación.

Mi propuesta: La literatura universal (asignatura optativa) debería ser una asignatura troncal y la literatura española (asignatura troncal) debería ser una asignatura optativa.

Las élites extractivas de la literatura

Un historiador enseña la prehistoria, la sociedad estamental, la revolución francesa o la industrialización. Solo después se acerca a la historia nacional. En filosofía no se llega a Platón empezando por Ortega y Gasset, sino más bien al revés. Un profesor de literatura, en cambio, empieza en lo nacional y se refocila en lo nacional. ¿Para qué molestarse en estudiar a Dostoievski o Tolstói? Con lo fácil que es regodearse por la falta de apetito lector y la nula comprensión lectora.

Los filólogos han sido los garantes de la identidad nacional. Así, el inamovible canon literario español sigue intacto. Abrirse a la literatura de otros países sería como echarse mierda encima de su propio tejado. La cómoda inacción ha cuajado en un grupo de presión tan silencioso y ventajista que potenciar la literatura universal nunca ha sido objeto de debate.

La filología hispánica es un tipo de élite extractiva: los reguladores del espacio literario nunca ponen en duda su propia posición de poder y perpetúan el hispanocentrismo. No se someten al tribunal de la razón artística porque viven anclados en el ultranacionalismo literario. Es absurdo que queramos superar los nacionalismos políticos sin abordar los nacionalismos literarios. El internacionalismo literario, la literatura universal o la weltliteratur son términos que solo se vislumbran en lontananza.

Yo, que soy comparatista de formación, aborrezco buena parte de la literatura española porque la mantiene un lobby de filólogos abúlicos a la hora de indagar más allá de sus parcelas académicas.

El botín

Los premios, los títulos honoris causa y otros reconocimientos recaerán sobre aquellos que hayan rendido pleitesía al vetusto lupanar filológico.

He ahí el peaje de la gloria literaria.

Una modesta proposición literaria

El autor de Viajes de Gulliver, el escritor irlandés Jonathan Swift (un novelista que no enseñan ni estudian los filólogos hispánicos), escribió un texto satírico donde proponía que los pobres vendieran a sus hijos para que estos sirvieran de alimento. Yo tengo una modesta proposición literaria menos antropófaga y más cosmopolita: La literatura universal (asignatura optativa) debería ser una asignatura troncal y la literatura española (asignatura troncal) debería ser una asignatura optativa.

Nunca segundas propuestas fueron buenas

Me gustaría crear una fundación para la promoción de la literatura universal.

Contaría con los desertores del dogma filológico y con todos aquellos que vivan la literatura como una forma de ensanchar el mundo, más que como un modo de custodiar fronteras intelectuales.

El destierro

El gremio de los filólogos declarará persona non grata y condenará al ostracismo literario al autor de esta columna por su vulgaridad léxica, su torpeza sintáctica y su violencia semántica.