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La tortilla europea

25/07/2017 07:30 CEST | Actualizado 25/07/2017 07:30 CEST

Getty Images
Trump, May y Orban posan en la reunión de los miembros de la OTAN el pasado 25 de mayo.

Es una constate histórica que cada cierto tiempo las naciones son gobernadas por tontos, incluso en las democracias, con el consentimiento de una masa de votantes contagiados por la estupidez y la mentira que subyacen bajo la demagogia, y que es compañera inseparable de viaje del cinismo. Es como un collar de cuentas que aparece y desaparece por ciclos a lo largo de los siglos. Thomas Jefferson, en una de sus cartas, hace un repaso de los reyes de Europa de su época, y no salvó a ninguno. El que no era imbécil estaba loco o las dos cosas a la vez. El de Francia, perdió literalmente la cabeza en la guillotina.

Donald Trump desgobierna en Estados Unidos y fortalece con sus neuronas saltarinas y sus desmanes de hijo de papá millonario al ala más radical de la desmadrada avaricia, encarnada por los profetas del 'yo lo vi primero', de la que el 'Tea Party' es solo la punta del iceberg 'anti gente corriente'. Mientras, en Venezuela tiene su contrapunto en un bruto y semi analfabeto conductor de camión, al que un bruto coronel golpista, Hugo Chávez, elegido y reelegido masivamente por la ciudadanía que creía que los Reyes Magos y Papá Nöel existían, designó como heredero del bonito cuento bolivariano...

Ese dedazo 'in articulo mortis' quizás fue una especie de guión dramático póstumo. Con ello, desde el más allá, ha prolongado el caos y el sufrimiento del pueblo venezolano hasta alcanzar el éxtasis del martirio al que aspiran todos los 'tiranos banderas' a quien una especie de receta de integración psiquiátrica mantiene ocupados por el procedimiento de la mezcla social. Una forma experimental de explosiva y snob 'multiculturalidad'.

Y en Europa, a su vez, florecían (y florecen) los tarados (de ambos sexos, o más) que arrastran alguna secuela de, vaya usted a saber, qué trauma o desorden mental.

En los últimos años esta primavera de la tontuna, toda agrupada bajo el estandarte del 'populismo', encendió todas las alertas y disparó las alarmas, hasta en las democracias más sólidas y avanzadas. Otro peligrosísimo 'cambio climático' inducido por otro 'efecto invernadero'.

En Italia, aprovechando las grietas de la república desacreditada y aplastada por los escombros de la gran operación judicial de limpieza 'manos limpias', apareció una evolución de la peste y las demás epidemias que eran comunes hasta principios del siglo XX. Fue como una gigantesca 'placa de Petri' en la que germinó el neofascismo y una suerte de anarco bobería encarnada por demagogos y anti sistemas cogidos del brazo: el cómico profesional Beppe Grillo y su Movimiento Cinco Estrellas, y otro cómico aficionado, Silvio Berlusconi, y los independentistas de la Padania que cogieron el relevo italiano del viejo pleito entre el Norte y el Sur: una extrapolación de ámbito nacional de la península ibérica a la península italiana. O del norte de Europa al sur de Europa.

En Francia, Jean Marie Le Pen fundó el parafascista o filonazi 'Frente Nacional', que heredó su hija, Marine, que de casta le viene a la galga. La abultada e imprevista inicialmente victoria de Emmanuel Macron exorcizó el peligro, pero el nuevo presidente es aún, como diría Churchill, un acertijo envuelto en un misterio. Ya veremos...

En Gran Bretaña la amenaza fue la gran mezcolanza indocumentada y acomplejada que logró embaucar a una mayoría del pueblo británico anclado en el trauma de haber perdido el Imperio colonial y tirarse a la piscina vacía del brexit. Y en Holanda, y en Dinamarca.. en Austria, por un pelo.... Por un momento histórico pareció que la historia volvía a repetirse. Pero justo en el abismo, no se sabe si por miedo a un brexit colectivo, la luz roja pasó a ámbar.

Hay síntomas preocupantes de autoritarismo en Hungría y Polonia. El húngaro Víktor Orban y la polaca Beata Szydlo llevan adelante un arriesgado desafío involucionista.

"Necesitamos más y mejor Europa, no menos", a pesar de las imperfecciones y tropiezos, fue el santo y seña de los que mantienen la cabeza fría ante tanta engañifa. En España, 'Podemos', de un crecimiento vertiginoso al principio, se ha estancado encadenado a sus grandes contradicciones. La 'gente' liga a sus fundadores con la gran tragedia venezolana, y los videos que transitan permanentemente por YouTube y la ayuda de las redes sociales, que son un arma de destrucción masiva contra la hipocresía y la doblez, lo 'viralizan' sin cesar. Allí aparecen los políticos que aman el video y su imagen en estado puro. Viven un minuto de gloria y un purgatorio interminable, pese a que intenten sepultar su pensamiento original con masivas contramedidas de retórica y oportunismo. Pero como dice un juicioso refrán canario, "quien nace lechón muere cochino".

La última alerta europea viene del Este ex comunista, de dos grandes países que se incorporaron a la UE en la gran ampliación tras la caída del Muro de Berlín. Todos aquellos estados salidos de detrás del 'Telón de Acero', tras el desmoronamiento del paraíso soviético con la 'perestroika' de Gorbachov, entraron como alma perseguida por el diablo en las alianzas de las democracias occidentales: la Unión Europea y la OTAN, a quien veían como grandes y seguros buques de salvamento y rescate.

Muchos analistas criticaron esa jornada de puertas abiertas. Recuerdo una frase de Felipe González que decía algo así, en sintonía clara con Delors, como que Europa tenía una enorme capacidad de asimilación que la engrandecería, y ayudaría a los nuevos miembros a perfeccionar su democracia y a avanzar en su desarrollo gracias los ingentes fondos de solidaridad.

Y en líneas generales así ha sido, pero hay síntomas preocupantes de autoritarismo en Hungría y Polonia. El húngaro Víktor Orban y la polaca Beata Szydlo, una títere del gemelo vivo Jaroslaw Kaczynski, ex primer ministro y líder del partido ultraconservador Ley y Justicia, llevan adelante un arriesgado desafío involucionista.

Ambos quieren convertir la democracia de opinión pública, que es lo que hay, en democracias tuteladas por el Gobierno, a su vez controlado por la extrema derecha. Control directo de los tribunales, control directo de los medio de comunicación, limitaciones a libertades fundamentales....

Con el miedo aún metido en el cuerpo, los órganos de la Unión Europea le han lanzado al gobierno polaco una seria advertencia: o desanda el camino que han recorrido estos últimos meses o pueden ser castigados con la medida excepcional de la pérdida de voto, que es como una invitación a marcharse, sobre todo si la parte amenazada es a fuer de nacionalista autoritaria. Rápidamente Orban se ha sentido aludido y ha acudido en auxilio de Beata considerando intolerable la 'injerencia' de Bruselas en sus 'asuntos internos'.

Las instituciones europeas parecen tener cada vez más claro que mientras más grande es la tortilla, más huevos hay que romper.

Pero no es indebida en absoluto. Es una injerencia obligada por las reglas del club. Es como si un árbitro de fútbol saca la tarjera roja, o la amarilla. O como si una persona de asocia a un Club Náutico y de repente quiere practicar el vuelo sin motor; pues no es ése el sitio indicado.

La historia dirá seguramente que el brexit fue favorable para la solidez de la construcción europea, un adaptado 'no hay mal que por bien no venga'; aunque Gran Bretaña termine regresando de alguna a manera, en cuerpo o en alma, ya no será el palo en las ruedas constante y 'jodelón' que ha sido, desde su ingreso, para el proyecto que tiene por objeto convertir a Europa en una potencia mundial, no solo económica sino política.

Pero pase lo que pase, esta es una página pasada. Ahora toca parar en seco las intentonas golpistas, en el ámbito continental, de los gobiernos carcas hibernados desde los años 40 del pasado siglo, como los de Polonia y Hungría, y lanzar un serio aviso a otros populismos, sean regionales o nacionales, que son como lobos disfrazados de corderos.

Y da lo mismo que sean partidos estatales o territoriales. Todos, y da igual que se trate de Podemos y sus Mareas y temporales que iluminados polacos que oyen voces del mismísimo Dios – y todo el mundo sabe que hablar con Dios se llama orar, y escuchar a Dios se llama esquizofrenia, como recordaba una vez el cardenal Siri- o los 'orbanitas', o los que creen que la aplicación de toda norma contractual es una intromisión antidemocrática a lo soviético.

Si para que sobreviva y se fortalezca esta Europa unida, con unas reglas que nos obligan a todos, hace falta reducir el número de miembros y que a todos los náuticos les guste la náutica, y a todos los ajedrecistas el ajedrez, pues habrá que advertirlo con claridad. Así los catalanes, y ese potaje imposible de anticapitalistas con pro capitalistas, de caza corruptos con corruptos, de burgueses con marxistas, de propietarios con okupas, y los vascos, todavía sin que la quimioterapia y la cirugía hayan erradicado del todo el cáncer proetarra, y los polacos, y los húngaros, y todos, sepan a qué atenerse si se dedican al burla burlando.

Por lo menos las instituciones europeas parecen tener cada vez más claro que mientras más grande es la tortilla, más huevos hay que romper. A pesar de que Pedro Sánchez trate de hacer una tortilla española con huevos invisibles.

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