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Un 'poder popular' con ingredientes gamberros

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Foto: EFE

Alguien en el núcleo dirigente del PSOE debió de haber leído hacía poco las fábulas de Esopo, y sobre todo aquella del gran pacto, en lenguaje actual, entre los lobos y las ovejas. Ante la presión de la jauría las ovejas aceptaron negociar, y para dar una muestra de buena voluntad, despidieron a los perros pastores que las cuidaban. Craso error. Fueron prontamente devoradas.

Esta metáfora creíble saltó de señoría en señoría y rebotó de cúpula en cúpula socialista, con sonido de campana tocando a rebato. ¿El detonante? Quizás fueran sobre todo dos: uno, la alusión de Pablo Manuel Iglesias en el fallido debate de investidura de Pedro Sánchez a la "cal viva" en el pasado de Felipe González y a la actividad del GAL, que con otras siglas actuó desde la Transición profunda, y el NO - ni abstención ni leches desnatadas- a la investidura del candidato socialista que, al fin y al cabo, fue un SÍ a Rajoy, una prórroga y una nueva oportunidad para el PP.

Dijo Abraham Lincoln, y la cita es una de las más repetidas en política y sociología, que "se puede engañar a alguna gente todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo". Pero hace poco leía en una revista de barbería una frase de un publicista norteamericano que sostenía que era posible engañar a todo el mundo todo el tiempo... si se cuenta con dinero suficiente para una buena campaña publicitaria.

De momento Pablo Manuel Iglesias, y su núcleo duro extraído de la Facultad de Políticas de la Complutense, con los elementos adheridos en el camino bordeado de tul ilusión, están demostrando la seriedad científica de esa afirmación; por lo menos a medio plazo. ¿Solo a medio? Eso depende de varios factores: la clave está en que Iglesias, y Monedero, siempre presente, sigan adelante con su estrategia de que no importa lo que se diga ni lo que se haga sino lo que parezca. La última desfachatez: el caudillo podemita dice sin el menor rubor que el escrache modelo kale borroka contra Felipe González y Juan Luis Cebrián en la UAM, matonismo golfo puro y duro, es una muestra de buena salud democrática.

Obviamente es todo lo contrario: es un atentado a la democracia. En la práctica se crea en la Universidad una burbuja donde no rige la protección de los derechos fundamentales establecida en la Constitución, y a mayores, se hace caso omiso a un mandato imperativo: no habrá ninguna forma de censura previa.

La verdad siempre aflora. El acoso a Rosa Díez el 21 de octubre de 2010 cuando una cuadrilla de Podemos le reventó una conferencia en la Complutense fue organizado en laboratorio y dirigido por Pablo Manuel Iglesias. Ahora, un grupo de violentos que supuraban odio, y a la vista de los hechos y las jaculatorias, de descerebrados móvil-dirigidos por un cínico, impidieron la celebración de un debate en la Universidad Autónoma de Madrid negándoles el derecho a la palabra a Felipe González y Juan Luis Cebrián. Cuando se mezcla el populismo con el gamberrismo, aparece el fascismo. Rojo o negro, lo mismo da.

El todo vale y el poco respeto a las reglas del juego democrático impregnan el discurso impostado de Iglesias y Monedero.

Henri Kissinger, en su reciente libro Orden Mundial (Debate 2016), trae a colación una cita de Bismark, muy actual: "Vivimos una época maravillosa en la que el fuerte es débil por causa de sus escrúpulos, y el débil se hace fuerte por causa de su audacia". Y no cabe duda: Pablo Manuel Iglesias, Errejón, Monedero, Bescansa, Echenique son personas audaces. En ellos los hay con escrúpulos, en diverso grado, y sin escrúpulos. El todo vale y el poco respeto a las reglas del juego democrático impregnan el discurso impostado de Iglesias y Monedero: otra vez, el fin justifica los medios, y lo que se dice hoy se olvida mañana y vuelta a empezar.

El primer eslogan "Sí se puede", copiado del "Yes we can" de Obama, fue un eficaz banderín de enganche para los indignados con las primeras arremetidas de la crisis y para todos los retales del PCE, en sus infinitas variaciones y combinaciones, que padecían la maldición de la desconfianza y la pena del ostracismo. Una auténtica tragedia griega.

Pronto comenzaron las grietas en mezcla de dispares procedencias y tan heterogéneas y poco afines ideológicamente. En la configuración de un coprincipado operativo, dos de los príncipes fundadores que compiten por el liderazgo, Iglesias y Errejón, se fueron distanciando. Estas situaciones siempre han acabado en escisión en el campo comunista. A la unión por la escisión y viceversa.

La diferencia más notable en apariencia tiene que ver con el paranoico poder de atracción del movimiento bolivariano y con la esencia misma del sistema democrático: Iglesias y Monedero quieren tomar el poder para cambiar el sistema pluralista de libertades por uno que siga la estela del autoritarismo neo-democrático y paternalista fundado por Hugo Chávez, ya prostituido totalmente por Maduro. Lo que importa, sostiene Iglesias, no es la política en las instituciones, sino ocupar la calle, movilizar a la calle. De ahí su nuevo santo y seña, otra declaración de intenciones: "Poder Popular". En Cuba existe la Asamblea del Poder Popular, Chávez y Maduro justifican su régimen desquiciado en el supremo "poder popular", Evo está apoyado en él... Por lo tanto, el lema "Luchar, crear, poder popular" rompe con el "Sí se puede" y da un paso adelante hacia algo parecido a una revolución traicionera y difusa.

Errejón sostiene que tal poder popular debe combinarse con la gestión a través de los cauces institucionales para solucionar los problemas concretos de la gente y la mejora de las condiciones de vida. Si eso se pone en un segundo plano y se sustituye el cauce normal por la algarada, la ineficiencia, la pérdida de los valores constitucionales, inevitablemente se produce un aumento artificial del cabreo ciudadano. Si quiebran las pensiones, si no se recoge la basura, si el agua no sale por los grifos, surgirá la desesperación y su hija natural, la violencia.

Para los demócratas y europeístas la parte buena es que al final Iglesias siempre se equivoca; no ha acertado ni una, aunque el potencial de rebeldía y hartazgo sincero que forma parte de la masa crítica de Podemos no se debe perder en un big bang desatado por la estupidez y engreimiento de un geniecillo mandón y ambicioso.

Cuenta Kissinger que en su viaje secreto a Beijing en 1971 Zhou Enlai le resumió la concepción de 'orden mundial' evocando con ironía la opinión de Mao: "Todo bajo el cielo está en caos. La situación es excelente". Algunos tontos le están haciendo el juego a sus presuntos enemigos. ¿Truco o trato?