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'Vigilia de noche': el desencuentro entre Veronese y Lars Noren

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Foto de Vigilia Nocturna.

El nombre de Daniel Veronese seguramente sería uno de los primeros que viniese a la mente si se estuviese buscando un director para una obra del aclamado autor teatral Lars Noren. Pues bien, todos aquellos que pasen por Buenos Aires tienen la oportunidad de comprobar si su intuición era cierta porque Verones dirige Vigilia de noche de Lars Noren en el Teatro Picadero producción asociada al Complejo Teatral de Buenos Aires.

Según la Asociación de Cronistas de Espectáculos (ACE) porteños ha sido un encuentro en toda regla por lo que tienen varias nominaciones a los premios que dan este año. Opinión que después de ver la obra no comparto.

La principal razón por la que no la comparto es que no se entiende lo que pasa en escena. ¿Quiénes son esos personajes? ¿Por qué se dicen lo que se dicen? ¿Por qué hacen lo que hacen? Es sabido que Lars Noren no da respuestas concretas a estas preguntas y sería demasiado pedirle al director que las dé. Pero lo que sí se le puede pedir es que al menos las plantee como manera de mostrar al misterioso ser humano.

Esa, creo, es la razón del comportamiento errático de los actores en escena, el que no plantee el misterio que hay en el texto. Y que los cambios de humor de los interpretes y lo que le pasa a sus personajes sobre el escenario se parezca a los cambios de dirección que sufren las veletas debida a la acción del azaroso viento.


Video de Vigilia de Noche proporcionado por El Complejo Teatral de Buenos Aires.

Paradigmático de lo que se dice es que no se sabe qué pinta la hija de uno de los personajes. Hija a la que nunca se ve ni se oye pero que se encuentra al otro lado de la línea telefónica y que debe estar escuchando los reproches que se hacen unos a otros, así como la expresión de sus deseos. Un elemento que tiene que tener una necesidad artística o se debe quitar. Sin embargo, en este montaje parece que no se sabe qué hacer con ella o cuál es su rol en esta historia.

Todo ello hace que no se acabe de entender para qué nos cuentan esta reunión familiar de dos hermanos con sus correspondientes esposas tras la incineración de la madre de ambos. Para qué se dicen lo que se dicen y cómo se lo dicen. No parece un problema de los actores, pues resulta consistente la forma en la que actúan e interpretan.

Parece más un problema de puesta en escena. La oscuridad o complejidad del texto no deberían servir como excusa. Menos para un director que ha realizado obras como Mujeres mirando caballos o Espía a una mujer que se mata con las que el espectador español descubrió, al menos el público profesional y el de festivales, a un director que parecía lleno de gracia. Que donde ponía el ojo teatral ponía la bala del acierto para contar el misterio, mejor dicho, revelar su existencia.