BLOGS

Podemos es incapaz de definir un proyecto de país

07/12/2016 07:15 CET | Actualizado 07/12/2016 07:15 CET

2016-12-05-1480946733-8324963-636165448827728259.jpg

Foto: EFE

No se puede cuestionar la irrupción exitosa de Podemos en el escenario político. Se ha alzado como un cohete. Un partido que se presenta por primera vez a las elecciones generales, obteniendo un resultado sorprendente, superando los cinco millones de votos, más del 20% de los votantes y en torno a los 70 diputados es todo un éxito.

Considero que el logro conseguido por Podemos se ha basado en su preponderancia en un nuevo e importantísimo canal de comunicación como son las redes sociales -determinante para el voto joven- y en un discurso basado en cuatro ejes fundamentales: la polarización pueblo-élite a través del 15 M -con el estigma de "casta" en el resto de los partidos políticos-, un discurso basado en lo social y de apoyo a los movimientos reivindicativos surgidos durante la crisis, una denuncia permanente de las políticas de austeridad y de enfrentamiento con las líneas impuestas por la Troika y una apuesta en la defensa del derecho a decidir en Comunidades con fuerzas nacionalistas a las que abduce. A todo ello hay que añadir y destacar la aparición de un líder, Pablo Iglesias, con dotes comunicativas, el apoyo de determinados medios, sobre todo televisivos, y los errores del partido socialista, al verse arrastrado por el ímpetu de un partido joven que se fija como objetivo prioritario el dominio en la izquierda y la subordinación del PSOE. A Podemos también hay que reconocerle la habilidad para camuflar su carácter populista e insurgente, basado exclusivamente en la protesta.

Coincido con lo que sostiene Manuel Monereo de que "hacer política nunca ha sido tarea fácil, hacer discursos en las plazas públicas y ante personas convencidas no es tarea muy difícil, pero hacerlo en los parlamentos o en los ayuntamientos sabiendo de lo que se habla, teniendo información solvente y capacidad de propuesta es mucho más complicado y exigente".

Una vez que Podemos entra en los parlamentos, en las autonomías y en los ayuntamientos va tomando posiciones sobre los problemas cotidianos, debe retratarse y tomar decisiones políticas, viéndose obligado a definir y plantear su propia alternativa y poniendo en evidencia sus contradicciones. Tanto en las elecciones municipales, como en las autonómicas, cayó en su propia contradicción y tuvo que apoyar, o apoyarse, para hacerse con el gobierno o evitar gobiernos del PP, en los partidos a quienes había despreciado e insultado, a los que denominó "casta". Tras las elecciones generales, abundó en otra grave contradicción y prefirió la continuidad del Gobierno de derechas a posibilitar un Gobierno de cambio con un presidente socialista.

Entraron en el Parlamento para cambiarlo en las formas y en el fondo, pero pronto se han dado cuenta de que el Parlamento les es poco útil y planean de nuevo volver a la reivindicación callejera.

La experiencia en las Alcaldías de Madrid y Barcelona -simbólicas de lo que significa el populismo-, haciéndose cargo de la gestión del día a día en las instituciones, no puede ser más frustrante. Son gobiernos que basan su política exclusivamente en gestos de quitar o poner estatuas, nombres de calles o pantallas futbolísticas, sin tocar, ni tan siquiera acercarse, a las promesas y compromisos adquiridos. Ayuntamientos donde gobiernan a través de propaganda banal que nos recuerda a los populismos que gobiernan en países de América Latina, que ni evitan desahucios, ni crean empleo, ni paran los cortes de luz y agua, ni fortalecen las políticas sociales. Además, lo más grave es el carácter sectario que en muchas decisiones demuestran, imponiendo las creencias, principios e ideas en su acción de gobierno y excluyendo en su beneficio a gran parte de la sociedad. Por contra, en su discurso y para justificar sus decisiones, todo lo que hacen va en aras de una supuesta democratización de la sociedad. Según ellos, son los únicos y verdaderos representantes del pueblo, pero gobiernan a favor de solo una parte del pueblo.

Un partido político que quiera ser alternativa de Gobierno debe tener claro el proyecto de país que ofrece a los ciudadanos. Y Podemos día a día demuestra su incapacidad de definir un proyecto de país en positivo. Creo que o bien no están en ello o tienen razones que les imposibilitan llegar a esa concreción. Los dirigentes de Podemos, dependiendo de quién y del día, se autodefinen como populistas de izquierdas, socialdemócratas, peronistas, antisistemas, transversales, comunistas o socialistas. Con tal amalgama de principios y postulados, difícilmente se puede llegar a una identificación propia y común. Las posiciones van delatando las enormes contradicciones y discrepancias que existen entre ellos. Se percibe en el Congreso que tienen enormes dificultades de coordinación, al ser muchos los subgrupos que integran a su Grupo Parlamentario, mucha la inexperiencia y poca la capacitación para trabajar en profundidad sobre las leyes. También se percibe un proceso complejo de toma de decisiones, consecuencia de una más que evidente lucha interna por el liderazgo.

Entraron en el Parlamento para cambiarlo en las formas y en el fondo, pero pronto se han dado cuenta de que el Parlamento les es poco útil y planean de nuevo volver a la reivindicación callejera. Iglesias lo demuestra no estando en un acto de conmemoración de la Constitución y acudiendo a una manifestación reivindicativa frente a la sede del PP. Creo que han llegado a la conclusión de que desde el escaño no se "toma el cielo", ya que en el Congreso, con la aritmética actual, se requiere de mucho diálogo, negociación y consenso. Todo el interés que mostraron en llegar al Parlamento se está convirtiendo en desprecio por el trabajo parlamentario que requiere de voluntad y esfuerzo. Trabajo que no se puede hacer a golpe de tuit.

Iglesias hace gala de su populismo a la vez que reivindica la ruptura con lo políticamente correcto, exacerbando de manera innecesaria el debate parlamentario, con el único objetivo de atraer el foco mediático. El encuentro amable, correcto y educado solo cabe con quienes estén dispuestos a unirse a su causa, como ha sido el caso de IU, rechazando y despreciando el diálogo y la negociación con otras fuerzas políticas no dispuestas a la entrega. Cada día son más las renuncias y ceses en su estructura por una democracia interna cuestionada, y parece solo unirles el objetivo de asalto al poder, mostrando ansiedad y prisas por conseguirlo.

Considero que la política no se puede entender desde el odio, el desprecio o la inquina hacia el adversario. La política solo es útil y entendible desde el diálogo, porque al final los gobiernos democráticos deben gobernar para todo el conjunto de la sociedad y defender el interés general que es el de quienes les votan y no les votan.

En el Parlamento se debate sobre el modelo de sociedad que queremos, contrastando las distintas opciones y alternativas que legítimamente están allí representadas. Con mi ya considerable experiencia parlamentaria, interpreto que Podemos se siente incómodo en el Parlamento porque en realidad se siente incapaz de definir un proyecto de país en positivo.