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No des las respuestas. Provócalas

05/02/2017 10:02 CET | Actualizado 05/02/2017 10:02 CET

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¿Conoces a alguien que haya aprendido a nadar escuchando a un profesor?

Yo tampoco.

A nadar se aprende nadando. Y no tras varios años de explicaciones teóricas, sino saltando a la piscina desde el día uno.

¿Si nadie espera aprender a nadar estando sentado en un aula durante doce años, por qué esperamos que esa fórmula sí funcione para otras materias igual de prácticas? ¿Te imaginas clases teóricas de conducción sin conducir, de cocina sin cocinar, o de lectura rápida sin leer? Pues sorprendentemente eso es lo que hacemos la mayoría de las personas cuando nos comunicamos y la mayoría de los sistemas de enseñanza tradicionales cuando enseñan: esconder la parte práctica.

Esto no se aplica sólo a los mensajes de un instructor a la hora de enseñar, sino a cualquier forma de comunicación. Una de las claves del éxito es saber impactar, tener la capacidad de llegar a la mente de otras personas y aplicar la teoría para producir resultados. La buena aplicación de este Peldaño da ese poder.

Si tienes un equipo de personas con los que trabajas, empleados, hijos, alumnos o simplemente compañeros, todo lo que quieras enseñarles, explicarles o comunicarles tiene que llevar un puente, al que yo denomino el Puente de Ida y Vuelta. Es un puente que conecta el cielo con la tierra, las ideas con la realidad, la parte teórica con la parte práctica. Es de ida y vuelta porque primero te lleva a la parte práctica para dar sentido a la teoría y luego de vuelta a la teoría para ser comprendida usando la información de la parte práctica. El Puente de Ida y Vuelta da vida a la información y es el responsable del aprendizaje, la asimilación y la buena comunicación.

¿Cómo se hace esto? La clave está en... provocar las respuestas.

#88peldaños

A diferencia de lo que se cree,

el alumno NO debe ser escultura, sino escultor.

@ANXO

Aquí la palabra «alumno» la uso en su sentido más amplio. Puede ser aquella persona sobre la que quieres tener un impacto, a la que le quieres transmitir un mensaje, o a la que quieres enseñar o comunicar algo.

El error más cometido en la enseñanza en concreto y en la comunicación en general es dar las respuestas en lugar de provocarlas. La mejor manera de llegar a la parte práctica de algo para dar con ello sentido a la teoría es provocar respuestas y aprender haciendo. Veamos un ejemplo de un padre con su hija.

-- Papá, ¿a qué se dedica ese señor?

-- Es policía.

-- ¿Y ése?

-- Bombero

-- ¿Y ése?...

El padre le ha dado las respuestas y la niña sigue preguntando porque para ella ésa es la única forma de seguir siendo escultor. A ella no le interesan las preguntas, sino preguntar. No le interesan las respuestas, sino responder. Como el resto de niños, ella es aprendiz y sabe que sólo se aprende cuando se es protagonista. De ahí que el sistema tradicional de enseñanza en el que el profesor es el centro se esté quedando cada vez más obsoleto. (Debería hacernos reflexionar el hecho de que, en las clases de idiomas, el que más lo habla sea el que menos lo necesita: el profesor.) La enseñanza del futuro será un sistema en el que el protagonista es el alumno, no el profesor. Las enseñanzas o mensajes del padre tendrían un impacto mucho mayor en la mente de su hija si lo hiciera de esta otra manera:

-- Lleva pistola y va en un coche con sirena. ¿Qué crees que es?

-- Hmmm... ¿Policía?

-- ¡Correcto! Y este otro va en un camión rojo y usa varias mangueras muy grandes.

-- Hmmm... ¿Bombero?

-- ¡Sí! Lo has acertado.

El aprendizaje es como el polluelo que hay en un huevo. Mientras le cuentas algo a alguien no está aprendiendo, sino incubando. Todavía no hay pollito. Cuando tú le das la vuelta a la pregunta para que el que dé la respuesta sea él, o a la parte teórica convirtiéndola en práctica es cuando el huevo eclosiona y el polluelo emerge. Es ahí, y no antes, cuando empieza a tener lugar el aprendizaje. El momento «hmmm» es cuando el oyente hace el esfuerzo que rompe la cáscara y produce la comprensión, y ese momento se pierde cuando se da la respuesta en lugar de provocarla.

El éxito pasa por saber impactar, educar, transmitir, comunicar. Ésta es justo la lección que te regala este Peldaño. Cuando eduques a tu hijo, te comuniques con tu equipo, instruyas a tus alumnos, o simplemente des instrucciones a cualquier interlocutor, haz uso del puente. Pide que den vida a la teoría, bien poniéndola en práctica, bien aprendiendo haciendo, bien parafraseando con sus palabras el mensaje que tú has dado. Algo tan sencillo como decir «cuéntame con tus propias palabras lo que te he contado» es un Puente de Ida y Vuelta que conecta la teoría con la práctica y cierra el círculo al permitir que la teoría sea comprendida.

El Puente de Ida y Vuelta nos hace dar el salto de lo pasivo a lo activo y de vuelta a reactivar lo pasivo. El aprendizaje no existe mientras escuchan tu explicación, sino cuando la ponen en práctica.

No des información para ser almacenada,

sino para ser empleada.

Si quieres aumentar tu impacto y que tus mensajes calen, no des las respuestas. Provócalas.

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