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El McDonald's español y la tortura egipcia

11/02/2014 07:07 CET | Actualizado 12/04/2014 11:12 CEST

Hace unos días se publicó en la prensa egipcia que el ministro de Justicia había mantenido una reunión con los responsables de una ONG internacional de derechos humanos. En esta reunión, el ministro pronunció esta frase: "En Egipto no hay tortura".

Es complicado encontrar a un responsable serio de cualquier Gobierno en el mundo que conteste de esta forma, porque en todos los países del mundo se ejerce algún tipo de tortura o maltrato dentro de las cárceles o en los centros de detención. Y lo siento querido lector, en España también.

Normalmente la respuesta que dan los responsables serios e inteligentes es: "Son casos individuales, muy escasos, y a cualquier policía que se le vincule con torturas o maltratos se le juzgará y será castigado".

En este sentido, el mundo se podría dividir en dos tipos diferentes de Estados; aquellos que están obligados a respetar -relativamente- los derechos de sus ciudadanos, y en los que se recurre a la tortura en casos muy "necesarios" y muy pocas veces. Y por otro lado están los Estados que no están obligados a respetar los derechos de sus ciudadanos, por lo que se puede torturar tranquila y sistemáticamente.

Yo he sido torturado dos veces. Después de la primera vez, a comienzos de los años 90, fui al despacho de un editor egipcio perteneciente a la generación del 68 y que ahora es uno de los líderes de un partido político. En este encuentro justificó la tortura que sufrí por el terrorismo islamista y el nerviosismo de los oficiales. Era la época de los enfrentamientos armados entre el Estado y los grupos yihadistas. Dijo literalmente: "Sé muy bien que muchos oficiales se despiden de sus familias por las mañanas antes de salir de casa, porque saben que a lo mejor no vuelven; están muy nerviosos y es difícil saber controlar sus manos y sus actos".

Tres años después pasé por mi segunda experiencia con la tortura. Esta vez, un oficial importante de los servicios secretos la justificó con el mismo argumento del exactivista de la generación de los 60, y me dijo: "Los oficiales están muy nerviosos y tú llegaste en el medio, Basel".

Los dos justificaron la tortura a un estudiante/activista de izquierdas, y de una familia oficialmente cristiana, por el terrorismo de los islamistas.

Esto ocurría en Egipto, en el país de Jaled Said, el joven que fue torturado hasta morir a manos de la policía y cuyo asesinato fue uno de los motivos de que estallase la revolución de 2011 que terminó con la caída de Mubarak y de la que se cumplen tres años estos días.

Hoy, la sociedad entera sabe que se tortura o se maltrata a miles de jóvenes -no líderes- islamistas en las cárceles, y mira para otro lado. No hablan del tema porque la necesidad urgente es acabar con el terrorismo islamista. Algunos lo dicen, lo reconocen, pero a veces te recuerdan que los islamistas han torturado también cuando tenían el poder.

No recuerdo quién fue el artista español que dibujó hace más de diez años en el periódico El País una Europa con una bandera de McDonald's encima.

¿Qué haces cuando quieres comer en un McDonald's? Empujas la puerta, entras, pagas la comida antes de comértela y luego te la comes. Esta regla la aplica toda Europa con los inmigrantes de fuera de sus fronteras. Y por favor, no creáis que Europa dio de comer gratis a alguien. Siempre hay que entrar, pagar y luego comer.

Pero esta regla cambió y empezó a ser así: "Empuja la puerta y nosotros te dejaremos morir ahogado frente a nuestras costas si no te necesitamos".

La regla ha vuelto a cambiar de nuevo estos días: "Empuja la puerta y mientras intentas nadar para llegar a una playa de Ceuta, te dispararemos. Y a los que se salven los entregaremos enseguida a las autoridades marroquíes. Y al final diremos que no había cámaras grabando".

Mientras tanto, los medios oficiales criticarán a los muertos tachándoles de "violentos" porque tiraron piedras contra la policía. Aunque no haya noticias de que hubo policías heridos.

¿Dónde están las cámaras? No había. ¿Cómo que no había? Todos sabemos que hay cámaras por todas partes, especialmente en las fronteras y en las costas de Ceuta y Melilla. ¡Pero dos días después reconocen que había cámaras!

En Egipto tienes que mirar para otro lado porque está la amenaza del terrorismo; o aceptas la tortura, o viene el lobo. Y en España hay que mirar para otro lado porque tenemos una crisis, no hay espacio ni comida para todos, si entran subirá el paro.

¿Puedes imaginarte a ti mismo nadando, en el caso de saber nadar, en unas aguas oscuras mientras te están disparando? Es difícil imaginarlo. En Egipto, la tortura empezó a aplicarse en casos excepcionales y llegó a convertirse en un menú que se ofrece a cualquiera que abra la boca. Esperemos que no llegue a ser sistemático disparar contra los ciudadanos españoles que sobran.

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