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Señora Aguirre: ¿por qué hay que quedarse en casa?

17/06/2015 07:03 CEST | Actualizado 16/06/2016 11:12 CEST
ANDREA COMAS/REUTERS

Cuando estalló la revolución egipcia, el 25 de enero de 2011, todo el mundo pudo ver imágenes de egipcios quemando cientos de comisarías de policía y las sedes del partido gobernante. Estas imágenes violentas no impidieron que los políticos europeos aplaudieran la gran revolución egipcia. Porque el público al que se dirigían estos políticos sabían que es normal que la gente oprimida queme los símbolos de la opresión en un momento revolucionario. Por lo tanto, los políticos no podían contradecir esta lógica.

Sin entrar en los detalles, este estallido egipcio fue el resultado de dos elementos principales: además del de la opresión, el de la pobreza y la estupidez del régimen cerrando las puertas al cambio democrático y pacífico. Es decir, fue resultado de ahogar numerosos intentos por parte de muchos colectivos de formar vías políticas que llevasen a un cambio más pacífico.

¿Querrá la señora Aguirre ver lo mismo aquí? La lógica simple e inocente te lleva a decir: "No, por supuesto". Entonces, ¿por qué trabaja en esa vía? ¿Por qué trabaja en una mayor radicalización? Y lo más importante, ¿por qué no hay ningún político sabio de su partido, algún banquero u hombre de negocios cercano, que se dé cuenta de que hay una crisis social y económica muy dura, acompañada de una crisis política y de falta de confianza en los poderes, y que si fracasa el cambio democrático, la gente buscará otras vías? Quizá violentas, destruyendo muchas cosas.

No aconsejaría al lector que dijera rápidamente la frase "España no es Egipto". Ya sabemos que ningún país es igual que otro. Pero la historia reciente nos enseña que ningún país del mundo está libre de este guión.

No estoy animando a ningún tipo de violencia. Solo estoy señalando una vía peligrosa si la gente ve que su proyecto de cambio democrático es robado o fracasa por medio de vías ilegitimas o por el juego sucio de la política. Uso Madrid como ejemplo de otras ciudades, y a Esperanza Aguirre como ejemplo de otros políticos.

Hace cuatro años, cuando estalló el movimiento 15M, todo el discurso de la clase política se centró en: "La democracia no se ejerce en las calles, está en los parlamentos y las instituciones, volved a casa, jovencitos" y "¿Por qué no formáis un partido político?".

Los políticos estaban seguros de que estos jóvenes fracasarían en el intento de formar cualquier estructura u organismo. Pero la sorpresa fue que lo hicieron, formaron un partido, mareas, asambleas, círculos y coaliciones que están llegando al poder.

¿Cómo actúa el poder económico, financiero y político frente a esta amenaza tan seria, que no se limita solo a abrir algunas carpetas escondidas y llevar a los tribunales a algunos ladrones y corruptos?

Hay dos formas de actuación. La primera es ceder un poco, sacrificar una parte de los intereses para que el barco siga adelante, y ya se encontrarán nuevas estrategias. Y la otra forma es quemar el barco. Y me temo que Aguirre y su partido optan por la segunda.

Nota rápida antes de seguir: no siempre el que tiene el poder consigue quemar el barco y salvarse subiéndose a otro. A veces, se salva el barco, y el que tiene el poder, se quema dentro.

Vamos a ver el caso madrileño. Aparte de los intentos o no intentos de montar un tamayazo antes de la constitución del Ayuntamiento, vamos a detenernos un poco frente al caso de Guillermo Zapata, que es, de alguna forma, un nuevo modelo de tamayazo.

El 15 de junio, y después de que Zapata anunciase en rueda de prensa que no iba a asumir el cargo de concejal de Cultura, la señora Aguirre dijo que lo más importante era que Manuela Carmena mostrase su desvinculación de Podemos. Algo absurdo e imposible por la propia naturaleza de Ahora Madrid, y algo que suena a los chantajes que se hicieron contra algunos políticos en el País Vasco, como si Podemos fuera el equivalente a ETA. Todo ello unido a las muchísimas barbaridades y mentiras que dijo sobre Carmena, Ahora Madrid y Podemos en las últimas semanas, radicalizando una competición supuestamente democrática. A lo que hay que añadir que el propio Zapata no pertenece a Podemos.

Ese mismo día sigue la campaña de chantaje contra el PSOE por los pactos.

Ese mismo día, Begoña Villacís, la cabeza de la lista de Ciudadanos al Ayuntamiento de Madrid, dice que ha visto mucho odio saliendo del ayuntamiento el día de la investidura. Sin especificar qué es eso de ver mucho odio, ¿repetir gritos a favor de posturas políticas contrarias a la suya es mucho odio? La gente normal y corriente que estaba allí, ¿es odiosa? ¿Que tiene esto que ver con el caso de los chistes en Twitter?

Ese mismo día, y ante la posibilidad de que se cierre el caso Zapata, o que el público pueda aburrirse, se intenta abrir otro caso, el de Pablo Soto.

Bien, imaginemos lo siguiente: sigue la presión sobre Ahora Madrid y el PSOE por Zapata, porque este poder que trabaja en la oscuridad buscando en el pasado de la gente saca a la luz cualquier otro caso de antiguos tuits, ya sean de Pablo Soto o de otra persona. Los grandes medios de comunicación siguen hablando solo de este tema, montando campañas. Las mafias locales -de cultura o de otros sectores- que ven que sus intereses están amenazados, y las mafias estatales cuyas miradas están puestas en el peligro de lo que pueda pasar en las elecciones generales, calientan las campañas hablando de ética, mezclándola con chorradas sobre el currículo de tal o de cual, de si están preparados para estos cargos o no, de cuántos votos obtuvieron, de si son violentos, etc. Y en medio de todo este ambiente caldeado de chantaje y ruido, se mueve alguna ficha.

La ficha puede ser el tamayazo. Que algún concejal del PSOE, por su ética/principios, cambie de bando al no poder aguantar apoyar a los violentos/ignorantes/perroflautas/xenófobos/partidarios de ETA/antisemitas, etc. ¡Un modelo de tamayazo modernito, elegante y aceptado!

O simplemente puede que no pase esto, sino que a través del ruido diario, a Manuela Carmena le resulte imposible gobernar o empezar a llevar a cabo su programa y sus tareas, y se vea obligada a defenderse en una guerra sucia, una guerra de desgaste.

¿Qué va a ocurrir? ¿Qué va a hacer el ciudadano que sabe -a pesar de su posible rechazo a los tuits de Zapata- que todo esto es un juego sucio para alcanzar el poder? Sabe que hay muchos intereses en juego. Sabe que hay muchos trapos sucios y gente corrupta que está intentando protegerse. Y sabe también que muchísimos políticos y cargos públicos de los grandes partidos han dicho y han cometido todo tipo de barbaridades y no han pedido disculpas, ni han dimitido.

Llegando a la pregunta principal: el ciudadano sabe también que sus condiciones de vida son malas y no tiene salida ¿por qué va a quedarse en casa al ver que su intento por cambiar las cosas, legal y democráticamente, ha fracasado debido a los juegos de los poderosos y de los medios de comunicación? ¿Qué le impide salir a las calles a protestar radicalizando su postura en contra del poder? ¿No lo haría por caer bien? Caer bien ¿a quién? Él o ella no quiere caer bien, quiere vivir bien.