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Abran puertas y ventanas. La vida continúa

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Galgos atravesando el salón del trono de Buckingham Palace.
Foto: Montaje de Belén Conesa sobre una fotografía de Peter Smith.

La vida parece moverse a nuestro alrededor o, al menos, eso es lo que nos llega. Los periódicos actualizan su información, las manecillas del reloj siguen su curso. Pero la distancia espacio-temporal comprendida entre nuestro pequeño mundo de individuos de provincias y el abstracto status de nación, crece a un ritmo exponencial. Los ciudadanos, más de a pie que nunca, contemplamos como observadores pasivos lo que otros deciden por nosotros.

Cuando miramos atrás y analizamos lo que ha sido la historia reciente de nuestro país desde que Arias Navarro anunciara el fin de una era, una época en la que tanto esfuerzo se ha hecho por estrechar lazos y construir una sociedad evolucionada y capaz, es triste descubrir cómo ese proceso de aceleración que apuntaba maneras, se ha visto ensombrecido por determinadas decisiones que, a diferentes escalas e independientemente del color de la camiseta, han tenido consecuencias nefastas a nivel socio-político. Apelotonadas, se han hecho bola y actualmente son difíciles de digerir. Todos y cada uno de los elementos que componen este maremagnum de crash en el que estamos inmersos, retumban en nuestra cabeza provocando la parálisis de los miembros ante un día a día cada vez más simplificado e incierto. Algunos seguimos yendo a por la media de tomate a media mañana, pero con la incertidumbre de lo que pueda ocurrir los meses venideros. Nos habíamos dormido, acostumbrados a que otros nos resolvieran los problemas, sin darnos cuenta que ese falso bienestar no duraría y que los que se encargaban de ello lo estaban haciendo, básicamente, mal. Y ahora, con ese carácter dramático que tan bien nos define y que nos incapacita para la búsqueda de equilibrio, nos hemos vuelto pesimistas y a punto estamos de rozar el escepticismo, como bien dice el filósofo José Antonio Marina. 

En un país donde imponer la opinión propia triunfa siempre por encima de la comprensión, donde la planificación a largo plazo brilla por su ausencia y la culpa suelen tenerla los demás, en un país donde se santifica el ocio -bendita santificación- esta reducción de la capacidad de decisión nos ha noqueado, mientras a nuestro alrededor y sin que casi nos demos cuenta, siguen ocurriendo cosas. Quejarse es necesario y evidentemente fruto de la rabia que provoca una situación que no hemos buscado de forma directa, pero también se requiere un cambio de actitud, que en el contexto en que hemos crecido supone un mayor esfuerzo. ¿Acaso es tan dificil cambiar de mentalidad? Probablemente sí, somos animales de costumbres. Pero es posible y eso lo sabemos desde que conocemos la plasticidad del cerebro humano, que nos permite modificar comportamientos. No nos educan para pensar libremente pero PENSAR CON LIBERTAD es la clave del cambio. Puede que nos lleve tiempo, a mi más que al resto, pero lo lograremos. 

Cuando realicé esta imagen, pretendía reflejar ese inmovilismo de pensamiento, anclado en la tradición de patrones que ya no funcionan. Seamos honestos: los perros seguirán corriendo tras de la liebre, ya sea en palacio o en la catedral de Santiago, en el congreso de los diputados o en casa de la abuela Lola, porque el motor de la vida no para, se pongan como se pongan unos y otros. 

Éstos son nuestros lugares comunes, los que mis vecinos comentan cuando bajo a El Tirillas a comprar el pan: la democracia y la figura del político están pervertidos, la monarquía en franca decadencia, la religión católica, que unificaba y sustentaba los valores de la comunidad, alejada de la realidad social. No hay trabajo. No hay respeto por el talento. La educación es un bien escaso con visos de empeorar. No hay apenas ayudas a la investigación. Vivimos en un pais de mangantes y, para colmo, estamos volviendo a reproducir sesgos machistas que creíamos habían desaparecido. Un panorama que ni Bram Stoker, pero en el que conviven también muchos otros aspectos positivos en los que no reparamos habitualmente y que están ahi porque hay gente que los hace posibles. Aspectos que no tienen tanto que ver con el avance económico -donde el dinero, lejos de ser ese instrumento de cambio se ha convertido en un referente absoluto- sino con la recuperación de lo esencial.

Ha aumentado el consumo responsable y local, también los huertos urbanos y la creación de empleos basados en términos de sostenibilidad. La donación colectiva y solidaria a través de Internet es un hecho y el asociacionismo está siendo la clave para la puesta en marcha de muchos proyectos. Sólo hay que ver la cantidad de espacios culturales extraoficiales emergentes. Murcia es un claro exponente de ello y eso es porque hay un mar de fondo que se resiste a lo establecido. Forma parte de un nuevo esquema de vida, en el que el capitalismo puro tiene ya poco que hacer si queremos recuperar un reparto medianamente equitativo de nuestra modesta riqueza. Pero éste es sólo el germen de lo que nuestros hijos y nietos puedan heredar. Si existe una voz clave en relación al momento que nos está tocando vivir, con una perspectiva global que se remonta a la época franquista y aborda todo el proceso, esa es la de  José Luis Sampedro, que lo dice bien claro: "Es fundamental pensar en el futuro". 
 
Correrán los lebreles aunque el inexorable paso del tiempo haga mella en las estancias desiertas. La quietud no puede durar eternamente porque el institnto es mucho más fuerte y el legado que nos toca dejar tendrá que acomodar nuevas perspectivas.

Abran puertas y ventanas. Caminen.
La vida continúa.