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Cómo votar: un punto de vista moral

19/12/2015 09:48 CET | Actualizado 19/12/2016 11:12 CET

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Foto: EFE

Con las elecciones a la vuelta de la esquina, los medios de comunicación analizan continuamente las distintas propuestas de los partidos, las últimas encuestas y las declaraciones de los candidatos. Se discute mucho por quién hay que votar, pero todavía no he escuchado ninguna discusión sobre cómo hay que votar. Es decir, sobre qué criterios tendríamos que utilizar a la hora de decidir a quién le otorgamos nuestro voto.

Votar es una acción moralmente importante. El conjunto de nuestros votos dará poder a un grupo de personas que tomará decisiones por nosotros. Estas decisiones determinarán los impuestos que paguemos, las leyes que habremos de seguir, el material que tendrán que aprender los niños en el colegio, si daremos la bienvenida a más refugiados, el futuro de nuestras pensiones, si tendremos un sistema público y universal de salud, e incluso la manera en que nuestros votos contarán en el futuro. Por lo tanto, la decisión de por quién votar no es una decisión a la que deba llegarse simplemente contemplando lo que puede convenirle más a uno mismo. Nuestro voto tendrá un impacto sobre millones de personas dentro y fuera de nuestras fronteras. Cuando nuestras acciones afectan a otros, es decir, cuando emprendemos una acción moral, no podemos pensar solamente en nosotros mismos.

A menudo, los políticos intentan convencer a un sector de la población de que ellos velarán por sus intereses más que por los intereses de otros sectores. Muy frecuentemente estas promesas consiguen su objetivo, pero no deberían. Cuando los políticos prometen mucho más a un sector de la población que a otro, hay que desconfiar, porque la tarea de un servidor público es proteger los intereses de todos, y no favorecer a algunos a costa de otros.

Hay (al menos) cuatro razones por las cuales es un error votar por un partido solamente porque uno cree que le beneficiará personalmente:

Primero, porque en una acción moral hay que poner en la balanza tanto los beneficios y costes personales como los ajenos. Nuestras preferencias son importantes, pero no son lo único que se debe tener en cuenta. El bien de una persona no puede pesar más que el bien de un gran número de personas.

Segundo, porque los políticos a menudo hacen promesas que no van a cumplir solo para conseguir votos. Morder el anzuelo incentiva esta práctica, que erosiona la democracia y la confianza en el sistema político. Además, si votamos por un candidato porque nos va a beneficiar pero creemos que el resto de sus políticas serán perjudiciales para el país, al final podemos quedarnos sin los beneficios personales y con un país mucho peor del que habríamos podido construir si hubiéramos votado por otro partido.

Tercero, porque se corre el riesgo de uno de los panoramas más oscuros al que se puede enfrenar una democracia: una tiranía de la mayoría. Si cada quien vota pensando en sí mismo, es más probable que una mayoría pueda llegar a oprimir a una minoría. Si todos votamos pensando en el bien de todos, el riesgo es menor.

Cuarto, porque a la larga nos interesa a todos que el país en su conjunto vaya bien. En política, lo mejor que podemos hacer para asegurarnos un futuro en bienestar es pensar en el bien de todos. Imaginemos que un partido promete a los jubilados que no tocará sus pensiones y que les hará rebajas especiales en los impuestos. Los jubilados pueden sentirse tentados de votar a este partido para asegurrese un buen futuro. Pero si este partido descuida a los jóvenes y no les da facilidades para conseguir un trabajo estable, los jóvenes no podrán pagar impuestos y la hucha de las pensiones no durará mucho tiempo (al paso que vamos, es posible que no dure ni cuatro años más). En un país, todos dependemos de otros. Estamos en el mismo barco, y si se hunden algunos, nos hundimos todos.

Vota por el partido que creas será mejor para todo el país, para los jóvenes y los viejos, las mujeres y los hombres, los funcionarios y los empresarios, los desempleados y los estudiantes, los habitantes de todas las comunidades autónomas, las personas dependientes y las familias, los de izquierdas y los de derechas. Vota por el partido que mejor represente el bien común. Este 20 de diciembre, vota pensando en nosotros.