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Conciliación: ese derecho de los niños

16/01/2016 09:55 CET | Actualizado 16/01/2017 11:12 CET

El pasado 13 de enero, la diputada Carolina Bescansa acudió con su hijo de seis meses a la sesión constitutiva del Congreso. Un gesto, que pretendía ser ante todo una reivindicación y una llamada de atención hacia el problema que representa para muchísimas mujeres la conciliación laboral, ha provocado más polémica y controversia que el hecho de que el diputado Pedro Gómez de la Serna (investigado por la Audiencia Nacional por recibir comisiones millonarias aprovechando su cargo) renovara escaño. Conclusión: tenemos más normalizada la corrupción y la idea de que quien está en política lo hace en beneficio propio, que amamantar en un espacio público.

Y aunque seguramente yo no habría hecho lo mismo que Bescansa de haber estado en su lugar, ni tengo muy claro que fuera la mejor estrategia para la reivindicación de este derecho, el caso es que en apenas 24 horas escuché y leí tantísimas barbaridades al respecto (y apenas alguna mención al diputado corrupto), que me hicieron adoptar una posición de claro de apoyo a esta diputada en las redes sociales.

Una de las razones que no me convencen de la acción de Bescansa es, precisamente, que estoy harta de "gestos". Y ahora hablo respecto a la lucha por la reivindicación de los derechos civiles (y hasta humanos) de las personas con diversidad funcional. Porque lo que yo quiero, a estas alturas, son "acciones" y "realidades". Por eso mismo, lo que más me sorprendió fue el ataque a esta diputada por parte de colectivos que a menudo basan su lucha y sus reivindicaciones casi exclusivamente en gestos y símbolos. Nos pasamos la vida hablando de concienciación y visibilidad, pero resulta que parecemos no entenderlo cuando se aplica a otros colectivos o causas.

También fueron innumerables las voces (individuales y colectivas) de mujeres "progresistas" atacando el gesto de esta diputada. Por lo visto, y según su visión, debemos separar el papel de madres del de trabajadoras. ¿¿Cómo?? De verdad, estoy tan harta de que ciertos sectores entre las propias mujeres desprecien la maternidad. Nos ha hecho tanto daño... A nosotras, pero sobre todo a nuestros hijos que son quienes han pagado las consecuencias.

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Estos días son muchas las amigas blogueras que han dedicado entradas en sus espacios a este tema. De entre ellos, voy a resaltar el post de Mónica Anchelergues porque hace hincapié en algo que casi siempre se nos olvida respecto a este tema: la conciliación es, ante todo, un DERECHO DEL NIÑO.

Por desgracia, es algo que a veces no se puede decir muy alto sin que a una la acusen de sexista: por pensar que los derechos de los niños están muy por encima de los de los adultos y que es una aberración que haya niños con jornadas más prolongadas que las de sus propios padres. Estamos tan preocupados por eso que llamamos "nuestros derechos" (y que en realidad quiere decir "nuestra productividad"), que algún día nos daremos cuenta de lo que estamos haciendo con nuestros hijos. Porque ha llegado un punto en que nos parece los más normal del mundo dejar a nuestra hija de cuatro meses en la guardería a las 8 de la mañana y recogerla a las 5 de la tarde. O que nuestro hijo desayune ya en el cole a las 7:30 con el programa "Madrugadores" y lo recojamos a las 6 de la tarde. Entre ellos muchos, demasiados niños de Educación Infantil. He formado parte de la directiva de un Anpa durante muchos años y sé de monitores (de comedor y actividades) que tuvieron que acondicionar un rincón para que los niños más pequeños, que se les quedaban dormidos encima de la mesa o en cualquier esquina, pudieran descansar.

No es culpa nuestra. Ni siquiera nos paramos a pensarlo o reflexionarlo, porque desde todos los medios, desde todas las esquinas, nos bombardean con mensajes de que esto es lo conveniente, "lo que hay que hacer". Las necesidades que nos crea esta sociedad, nos obligan a tener que dedicar más horas a procurar fuentes de ingresos, que las que podemos dedicar a nuestros hijos. Y nos vemos obligados a dejarlos en manos de personas para quienes su cuidado constituye, a su vez, su fuente de ingresos. ¡Es completamente demencial!

Justo hace unos días leía un artículo en esta misma publicación que hoy me da voz, que llevaba por título: "Dejé mi trabajo para cuidar de mi hijo y fue una experiencia horrible". Pues claro, claro que es duro para ti, pero es que se trata de lo que es mejor para tu hijo, ese ser que has traído al mundo seguramente porque así lo has querido y decidido.

Y sé por experiencia propia que dejar el trabajo (remunerado) para cuidar de tu hijo es algo muy, muy duro. Y lo es por muchas causas: porque la monotonía es brutal, por la carencia de relaciones sociales y conversaciones adultas, por la angustia de si algún día podrás recuperar tu vida laboral... Pero lo es, sobre todo, porque como persona "no productiva empresarialmente", te sientes y te hacen sentir como un ser completamente inútil.

Cierto que las circunstancias de mi segunda maternidad diversa no me dejaron otra opción que la de abandonar mi trabajo fuera de casa para ocuparme de las diversas e indelegables necesidades de mi hijo. Pero también puedo decir que mi primera maternidad (ordinaria) la viví como una auténtica privilegiada: tenía un trabajo que me permitía pasar todas las tardes con mi hija. Eso es algo impagable. Y en eso consiste la verdadera conciliación: no en disponer de lugares donde poder aparcar a nuestros hijos la mayor cantidad de horas posibles y al menor coste, sino de facilidades (como una baja de maternidad prolongada o una reducción de jornada) para que ELLOS disfruten de la infancia que se merecen. En tener la opción de poder abandonar nuestro puesto trabajo durante un año, dos o tres, sin el miedo de que sea imposible recuperarlo a la vuelta de ese tiempo.

Ni en esa, ni en ninguna otra empresa, porque parece que toda mujer que haya tomado esa decisión es sospechosa de incompetencia. Y de falta de compromiso y lealtad hacia la empresa, otra de las milongas que nos han vendido: si una trabajadora toma esta decisión es irresponsable para con la empresa. Pero, ¿qué hace esa empresa contigo en cuanto pintan mal o puede fichar a alguien que haga tu trabajo por la mitad del salario? ¿Se acuerdan entonces de las horas extras que les regalaste? ¿de que te incorporaste a tu puesto antes de las 16 semanas porque te lo "pidieron"? ¿de la mitad del sueldo que destinas a la persona a quien debes recurrir para cuidar a tu hijo cada vez que cae enfermo o tiene vacaciones? ¿de que te enteraste por teléfono de que había dado sus primeros pasos? ¿de que tuviste que ver en foto su simpática cara de disgusto ante la primera papilla de verduras? ¿de que viste su primera función navideña gracias al vídeo que pudo grabarte tu cuñada? ¿de que nunca has visto su carita de ilusión ante los Reyes Magos porque tienes que pasar la noche haciendo cambios para las rebajas del día siguiente? ¿de que llegas tan cansada a casa que apenas puedes disfrutarlo? ¿De verdad van a tener todo esto en cuenta cuando prescindan de ti a la primera de cambio?

Nos lanzan a diario el mensaje de que nuestro trabajo está por encima de nuestros niños. Y han conseguido que lo asumamos y lo hagamos nuestro.

Creo que son muchísimas las mujeres a quienes les gustaría poder tomar la decisión de quedarse en casa con su hijo un tiempo, pero son conscientes de que es un suicidio laboral. Para muchas, trabajar esos primeros años ni siquiera les compensa económicamente. Al menos esa fue mi propia experiencia: con los abuelos a cientos de kilómetros, mi sueldo se iba en la guardería de mi hija y en pagar a la persona que la cuidaba todos esos días en que los infinitos virus de los primeros años le impedían la entrada en la guardería o sus vacaciones y festivos no coincidían con los nuestros. Pero al menos disponía de mis tardes para ella y eso nos lo vamos a llevar las dos para siempre.

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Este post fue publicado inicialmente en el blog de la autora.

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