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Adiós a 2017, el año de todas las sequías

28/12/2017 07:36 CET | Actualizado 28/12/2017 07:37 CET

GREENPEACE

2017 ha sido un año de sequía y no solo por la escasez de lluvia. La ausencia de justicia, la falta de diálogo, la vuelta a los discursos de odio hacia el diferente, la apropiación de la democracia o la ausencia de solidaridad, entre otras cosas, han marcado 365 días de escasez en lo ideológico, en lo intelectual y en la comprensión de la diferencia.

2017 ha sido el año de la criminalización de los defensores y defensoras de los derechos humanos, de los constantes recortes sobre nuestras libertades, del enquistamiento de muchos conflictos y guerras perpetuas.

2017 ha sido el año en el que millones de personas han comprobado en sus carnes los efectos del cambio climático. Sequías, huracanes, incendios, contaminación...

2017 ha sido el año en el que millones de personas han comprobado en sus carnes los efectos del cambio climático. Sequías, huracanes, incendios, contaminación... han segado vidas y han causado miles de millones de pérdidas y cuantiosos daños. Con cada terremoto, maremoto, megaincendio, guerra, ataque terrorista o golpe de Estado, se utiliza sistemáticamente la desorientación de la ciudadanía para imponer leyes que empeorarán sus derechos.

2017 ha revelado cómo tras casi diez años del inicio de la crisis, las desigualdades sociales siguen siendo una de las lacras de este siglo, mientras los estados del bienestar se encuentran al borde del colapso. Este año ha vuelto a visibilizar cómo las grandes corporaciones gobiernan el mundo, subordinando los intereses de las mayorías a los suyos propios y, en muchos casos, con la connivencia de los gobiernos.

2017 se recordará como el año en el que Donald Trump dinamitó los cimientos de la democracia estadounidense y aisló al país de la lucha internacional contra el cambio climático

2017 se recordará como el año en el que personajes como Donald Trump no sólo dieron pasos para cumplir sus promesas electorales, sino que dinamitaron los cimientos de la democracia estadounidense y aislaron al país de la lucha internacional contra el cambio climático. Quedará en nuestra memoria también como el año en el que la ultraderecha volvió a los gobiernos europeos, como el año en el que Reino Unido sentó las bases de su salida de la Unión Europea bajo la mirada absorta de la mitad del país. El año que termina se recordará por las guerras de Siria y Yemen y por la pasividad de la comunidad internacional ante ellas.

Pero 2017 también nos ha dejado buenas noticias: Portugal avanza hacia la sostenibilidad, demostrándole a la UE que es posible otra forma de hacer las cosas; Hondurasno construirá la hidroeléctrica por la que Berta Cáceres luchó antes de ser asesinada; Chile ha desestimado definitivamente el proyecto Hidroaysén, un megaproyecto hidroeléctrico que hubiera supuesto la destrucción zonas de gran valor ambiental; el sector financiero apuesta cada vez más por las inversiones verdes y por la descarbonización de sus posiciones de forma paulatina y las armas nucleares comienzan a perder su guerra.

Y en el ámbito nacional el medio ambiente también ha ganado algunas batallas: tras más de 40 años de vida, por fin se ha anunciado el cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) y la Audiencia Nacional ha anulado el embalse Biscarrués, con el que el Gobierno pretendía vulnerar la directiva europea del agua, y también ha rechazado las alegaciones de la empresa minera Berkeley, que buscaba deforestar una zona inmensa de Salamanca para extraer uranio, con grave riesgo para los acuíferos y los habitantes.

Apostemos por un 2018 con menos catástrofes, en el que se restrinja el poder de las grandes empresas y se fortalezca la democracia.

Hoy toca decir adiós a este 2017 y poner nuestras esperanzas en el año que está a punto de comenzar. Apostemos por un 2018 con menos catástrofes, en el que se restrinja el poder de las grandes empresas y se fortalezca la democracia.

Aprovechemos 2018 para decirle No al carbón y a los combustibles fósiles y para iniciar la senda de una transición justa basada en las renovables y en otro modelo productivo. Para reactivar economías locales, recuperar nuestras democracias de la influencia de las grandes empresas, recobrar la propiedad de servicios esenciales como la electricidad y el agua, reformar nuestro sistema agrícola y hacer que sea mucho más sano. Para respetar los derechos de los pueblos indígenas y poner fin a las desigualdades existentes, a los conflictos que permitimos y a los feminicidios.

Hagamos que lo colectivo y lo político no sean propiedad de unos pocos, sino el resultado de un proyecto común fundado en la fuerza creativa de las culturas, de nuestra conciencia social y ecológica

Hagamos que en 2018 veamos un descenso en el consumo material y energético, garantizando los recursos suficientes para que toda la población goce de una vida digna. Revirtamos la pérdida de diversidad biológica y garanticemos los procesos ecosistémicos de los que dependemos todos los seres vivos.

Y sí, luchemos por conquistar la verdadera vida contra todos los prejuicios, las ideas preconcebidas, la obediencia ciega, las costumbres injustificadas, la competencia ilimitada. Luchemos para poder pensar. Hagamos que lo colectivo y lo político no sean propiedad de unos pocos, sino el resultado de un proyecto común fundado en la fuerza creativa de las culturas, de nuestra conciencia social y ecológica; en definitiva, de ser y estar en un mundo que puede y debe ser, a pesar de todo, el mejor de los mundos posibles. Feliz 2018.

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