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Macroconsulta para elegir presidente

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La situación que se está dando en España será observada con asombro desde otras partes del planeta. Es cierto que también se han dado situaciones complejas en otros países, como es el caso de Bélgica donde estuvieron 541 días sin gobierno. Escuchando a los principales actores políticos, da la sensación de que la solución al problema de la ingobernabilidad en la que se encuentra nuestro país no está cerca, y eso que ya ha pasado un mes desde las últimas elecciones y siete meses desde las primeras.

Todos los partidos se mueven en el terreno de juego pensando en salir de la situación ganando por puntos, utilizando tácticas que les permitan no desgastarse por su actitud en el proceso ni por la decisión que adopten, por lo que pueda venir, sin ser conscientes, o tal vez si, de que están desgastando un poco más nuestra democracia y la percepción que tiene la ciudadanía de los partidos políticos.

Siempre he defendido la democracia participativa, pero basada en la democracia representativa en la que se sustenta nuestro sistema. No soy de los que defiende que los ciudadanos tengan que tomar todas las decisiones que corresponde tomar a sus representantes dando a un botón como si utilizarán el Me Gusta de Facebook para decir lo que les parece bien y lo que les parece mal.

Pero lo que nos demuestra la situación que vivimos es que hay que buscar fórmulas imaginativas que permitan desbloquear la situación y más teniendo en cuenta que los representantes públicos tenemos la tentación de devolver una y otra vez el poder a los ciudadanos con nuevas elecciones. De esta manera, esperamos que en una de las citas se produzca como resultado una aritmética parlamentaria que permita elegir un gobierno de forma sencilla, sin que los parlamentarios tengamos que hacer un esfuerzo que nos desgaste.

Podríamos plantearnos hacer una macro consulta ciudadana para decidir cómo desbloquear la situación, en la que las opciones a elegir sean aprobadas previamente por el congreso de los diputados, que se pueda votar de forma presencial o electrónica y en la que, para que tenga validez, tiene que haber una participación mínima.

Durante el tiempo contenido entre la disolución de las Cortes hasta las nuevas elecciones los partidos políticos cometieron un grave error, uno de los muchos que se han producido en este tiempo y en el que ninguno está libre de culpa. Sabiendo que era muy probable que la situación que se dio durante la legislatura más breve de las historia de España se volviera a repetir, los partidos políticos tenían que haber llegado a un acuerdo antes de las elecciones sobre la solución que se iba a dar en el caso de que se repitiera esta situación, existiendo varias opciones: que gobernará la lista más votada, que gobernara el partido con más apoyos parlamentarios, una reforma de nuestro sistema asemejándolo al francés para que se eligiera al presidente de gobierno en doble vuelta, ... o cualquier solución que permitiera desencallar la situación en la que nos encontramos. Aunque, viendo el devenir de los acontecimientos, seguramente en esto tampoco se hubieran puesto de acuerdo los distintos partidos.

Como opinar es gratis y además está de moda que todos demos nuestra opinión, voy a lanzar mi propuesta, aunque tenga como consecuencia aumentar el ruido que tantas veces he criticado, pero estoy seguro que por lo menos nos servirá para reflexionar o quizás no.

Hemos comprobado que los partidos pueden poner en marcha una consulta en poco tiempo, con todas las garantías democráticas. Teniendo en cuenta esto podríamos plantearnos hacer una macro consulta ciudadana para decidir cómo desbloquear la situación, en la que las opciones a elegir sean aprobadas previamente por el congreso de los diputados, en la que se pueda votar electrónicamente o presencialmente, y en la que, para que tenga validez dicha consulta, tiene que haber una participación mínima.

Resolveríamos la situación en un tiempo muy breve, ahorraríamos al Estado una parte importante del dinero que supone celebrar nuevas elecciones, saldríamos de muchas dudas sobre lo que piensan de verdad los ciudadanos y a nosotros, los representantes públicos, nos serviría de lección.