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¿Parlamentos o jaulas?

16/04/2013 08:26 CEST | Actualizado 15/06/2013 11:12 CEST

Los parlamentos, espacios de trabajo por excelencia de los representantes de los ciudadanos, se han convertido en verdaderas jaulas que impiden, tanto en un sentido como en otro, el acercamiento de los representantes con los representados.

Hemos visto en los últimos tiempos imágenes del Congreso de los Diputados vallado para impedir que se pudieran acercar los manifestantes. En Extremadura el presidente del Parlamento regional ha prohibido la celebración de una reunión entre representantes del principal partido de la oposición y un colectivo ciudadano en las dependencias del grupo parlamentario. Ágiles de reflejos, los representantes del PSOE decidieron reunirse con este colectivo en la calle, con sillas y en círculo, de tú a tú.

Son muchas las condiciones que se ponen para acceder a la mayoría de parlamentos y eso que algunos lo definen como la casa de todos los ciudadanos. Eso, al menos, es lo que se interpreta de las palabras de distintos presidentes de Parlamentos, como estas del presidente del de Cantabria en su web: "... tu casa y la de todos los cántabros y cántabras. Y me refiero a tu casa, no como una frase hecha, sino como una fiel expresión de la realidad. Porque sois vosotros, los ciudadanos, quienes siempre estáis presentes en esta institución, mientras que nosotros, los diputados y diputadas, somos vuestros invitados cuando cada cuatro años elegís libremente a quienes os representan".

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Reunión en la calle entre el PSOE de Extremadura y un grupo de ciudadanos. Foto: Grupo Socialista en la Asamblea de Extremadura.

Para acceder a los parlamentos hay que seguir estrictos procedimientos administrativos que no siempre llevan aparejado la posibilidad de acceder a la Cámara. En la mayoría está prohibido que el público pueda entrar con elementos electrónicos, como cámaras, teléfonos móviles... Se veta la posibilidad, por ejemplo, de hacer una foto a los diputados. Todavía recuerdo cómo el actual presidente de la Asamblea de Extremadura llamaba la atención a un ciudadano por hacer una foto con su móvil desde el público. ¿Se cree alguien que porque los ciudadanos no puedan hacer fotos se va a evitar que salgan a la luz escaños vacios o con algún diputado jugando en mitad de una sesión? Vemos constantemente imágenes de ciudadanos que son expulsados del hemiciclo por mostrar una pancarta, expresar públicamente su indignación o portar una camiseta con alguna consigna. ¿Esto va a impedir que los ciudadanos muestren su profundo malestar en la calle, en las redes sociales o en otros espacios?

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Policías rodean la Asamblea de Extremadura. Foto: Grupo Socialista en la Asamblea de Extremadura.

A los ciudadanos también se les ha imposibilitado manifestarse ante las sedes de los partidos políticos y cada día se les acotan mucho más los espacios de manifestación. La última prohibición es que se acerquen a menos de 300 metros a políticos para llevar a cabo una nueva práctica: los escraches, con los que los ciudadanos de forma pacífica quieren mostrar a sus representantes públicos la necesidad de apoyar medias concretas en el Congreso de los Diputados o en otros Parlamentos de España. No quiero que nadie me mal interprete, no estoy de acuerdo con las manifestaciones violentas, ni las que sobrepasan ciertos límites, pero tenemos que darnos cuenta que estamos dejando a los ciudadanos casi sin posibilidades de mostrar su indignación ante una complicadísima situación económica que sufren sin haberla creado ellos. Y lo que más me indigna es que desde hace años se están llevando crueles y violentos escraches ante clínicas que practican legalmente interrupciones voluntarias del embarazo, como ha denunciado Elena Valenciano, y los representantes públicos que ahora critican los escraches contra ellos nunca criticaron los que se producían contra personas anónimas en esta y otras situaciones que podía citar como ejemplo.

La política cada día está más alejada de la sociedad, pero ya no solo en planteamientos y sentimientos, sino también físicamente. Si los ciudadanos no se pueden acercar a los políticos... ¿a quienes representamos?

No es ese el único problema con el que cuenta nuestro sistema democrático. Las dinámicas parlamentarias marcadas por los reglamentos las hacen poco flexibles y poco atractivas para los ciudadanos. Vemos cómo quienes visitan los parlamentos, lo hacen casi con los ojos de quienes contemplan obras de arte en un museo. Encontraremos a muy pocos que muestren interés por seguir una sesión parlamentaria completa, y eso que en ella se están decidiendo cosas que le afectan en su día a día. Si no queremos que los ciudadanos sigan considerando los parlamentos como algo sin sentido y donde sobran la mayoría de los diputados debemos buscar un nuevo planteamiento, tanto en su concepción física, como en las dinámicas parlamentarias.

A lo largo de #DemocraciaHacker propongo un nuevo modelo para los parlamentos que seguramente no sea la panacea, pero que sin duda es un primer paso que puede ayudar a disminuir esa sensación tan repetida por los ciudadanos de "no nos representan".

Deben disponer de espacios de coworking donde obligatoriamente tengan que preparar iniciativas conjuntas diputados, ciudadanos y colectivos, con lugares para la reflexión, el trabajo en equipo, el debate... donde interactúen constantemente ciudadanos y políticos, tanto física como virtualmente. Las tradicionales bancadas, donde los diputados de un mismo grupo parlamentario se sientan juntos, teniendo en muchas ocasiones una actitud más de hincha de un equipo de futbol, que de un representante ciudadano, deben desaparecer. La disciplina de voto tiene que estar reservada únicamente para las cuestiones realmente definitorias de la ideología política de los partidos, dejando el resto a elección de cada diputado, obligando de esta forma al proponente a utilizar todo su talento para convencer, sin que haya un resultado previsto antes de la votación. Es el momento de sesiones parlamentarias ciudadanas, reservadas a las preguntas, propuestas y debates, entre ciudadanos y parlamentarios. Se necesita habilitar plataformas que permitan recoger las propuestas de los ciudadanos, y políticos que sepan interpretarlas y convertirlas en iniciativas parlamentarias. Las leyes estén en constante revisión por parte de la sociedad, de la misma forma que esta va modificándose día a día. Los presidentes parlamentarios, finalmente, deben ser moderadores de debates y no tener el rol de profesor de escuela antigua.

O cambiamos o nos cambian, ¿a qué esperamos?

César Ramos, es autor del libro #Democracia Hacker: el poder de los ciudadanos.

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