BLOGS

Carta a la madre primeriza que echa de menos a sus amigas

Puede que te sientas como si estuvieras sola en una isla en medio del océano. Pero no te preocupes, todas hemos pasado por eso.

22/12/2017 07:24 CET | Actualizado 22/12/2017 07:24 CET

Motherly

Hola, amiga:

Ahí estás, engalanada con tu pijama y con restos de vómito en tu camiseta de lunares. Puede que el pelo se te esté cayendo a pedazos (no te preocupes, es totalmente normal) y puede que el mayor logro del día sea el hecho de que has sido capaz de traer suficiente comida a casa para la cena.

Puede que ahora te sientas sola, abrumada con la responsabilidad de mantener con vida a un pequeño ser humano. Puede que te sientas aislada del mundo, como si estuvieras sola en una isla en medio del océano. Pero no te preocupes, todas hemos pasado por eso.

Al principio de la maternidad es normal sentirse aislada: tus amigas están muy ocupadas y tú te ves recluida en casa con cestas para hacer la colada y un bebé que no para de gritar. Sí, estoy segura de que poco a poco vas aprendido que incluso los bebés más buenos lloran alguna que otra vez. Al fin y al cabo todos tienen necesidades, muchas necesidades.

Todas estas cosas no te dejan mucho tiempo libre para enviar mensajes con el móvil o para quedar con una vieja amiga para tomar un café. Y aunque consigas salir de casa, sentarte al lado de alguien que lleva una falda ajustada y unos tacones de aguja mientras que tú luces el viejo pantalón de chándal de tu marido y una camiseta ancha puede no ser lo más adecuado para tu autoestima.

A aquellas amigas con las que solías salir los sábados por la noche no les está resultando fácil adaptarse a esta nueva etapa de tu vida. La verdad es que ellas también están ocupadas, ya que la mayoría se pasan el día en el trabajo.

Cada vez te llaman menos para que quedes con ellas en el bar o para hacer una fiesta en casa, porque ya son muchas las veces que has tenido que rechazar la invitación. Además, por muy maravillosas que sean tus amigas, llega un punto en el que ya no quieren que les hables del color de la caca del bebé o lo gracioso que es cuando estornuda.

Si no tienes hijos es difícil comprender lo dura que es la maternidad al principio.

Te sientes como si una gran ola te llevara por delante y, por mucho que te alejes del mar, nunca acabas de secarte por completo. Estás calada hasta los huesos y esto puede desgastarte tanto emocional como físicamente. Aunque parezca que no vas a salir de esta nunca, aprenderás a sobrellevarlo. Date tiempo.

En especial al principio, cuando te estés acostumbrando a las cargas propias de la maternidad, echarás de menos a tus amigas y quizá también a ti misma y cómo eras antes.

Pero no es la primera vez que pasas por esto. En todas las etapas de nuestra vida se cruzan personas que se adaptan a nuestras circunstancias: la maternidad también te brindará muchas oportunidades para conocer a otras mujeres que comprendan todos y cada uno de los detalles de la situación que estás atravesando, siempre que estés abierta a ello.

Hay muchas otras mujeres que también se sienten solas y apestosas y están buscando compañía. Están al acecho en algún centro comercial, con sus bebés en brazos y con la misma mirada de desesperación que tú.

Se asomarán a entre los botes de champú del supermercado y te saludarán con la mirada, insinuando algo así como: "Hola. Veo que tú también eres madre...".

Corresponde a esas súplicas.

No tengas miedo a acercarte a otra madre en el parque o en la cola del cajero, o a una mujer que esté sollozando en el aparcamiento de un centro comercial. Pueden surgir grandes amistades con otras madres.

Estas mujeres comprenderán tu entusiasmo por haber conseguido que tu bebé duerma durante toda la noche y la angustia que te genera la separación.

Te traerán comida cuando tengas gripe y te ayudarán con la enfermedad de tu hijo. A lo largo de la maternidad, otras madres compartirán contigo algunos de los momentos más mundanos, pero también de los más íntimos. Anímate a hacer nuevas amistades.

No importa el lugar en el que conozcas a esas personas, solo importa que las conozcas. Es normal; no, es necesario que busques apoyo y compañía. Y quizá te sorprendas cuando mires atrás al ver cómo te ha cambiado hacer amigas que también son madres. Te llenarán en muchos aspectos y devolverán las risas a los paseos por el parque y a las tardes eternas.

Te espera un maravilloso círculo de amigas. Te lo aseguro.

Este artículo fue publicado originalmente en Motherly y ha sido traducido del inglés por María Ginés Grao.

ESPACIO ECO