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La erótica 'app'

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Esto es nada más que una sospecha, pero intuyo que el fin tras el diseño de las redes sociales era el de la ficción de facilitar la comunicación y el encuentro. Una tecnología que corrigiera la ingeniería humana siempre fallida.

Así, Facebook permitiría recuperar o mantener el contacto con los conocidos, cosa que el encuentro cuerpo a cuerpo no permite. No da el tiempo, ni el entusiasmo, en la vida real los contactos se diluyen. En la red se acumulan. Twitter, por su parte, además de facilitar la información instantánea, corregiría la verticalidad de la opinión, dándole voz y lugar en el debate a todos. Una aplicación democrática. Mientras que Tinder permitiría algo que en la erótica es sumamente difícil: elegir, gracias a una oferta amplia y a que se hace desde la comodidad del hogar y no desde la ansiedad de la fiesta (en la que si se yerra o hay demora, se termina durmiendo solo). Además, supone ahorrarse todo esa tensión llena de equívocos del momento de la seducción: ¿me miró o no?, ¿quiere o no quiere?

Y WhatsApp, una verdadera revolución comunicacional: nunca más vivir la inquietud de no saber el momento oportuno para hacer una llamada, sencillamente se deja un mensaje y se espera la respuesta. Además, se lograría depurar al máximo el mensaje de todos esos acompañamientos y manierismos del lenguaje que confunden al receptor. Sueño de la maravilla de lograr superar algo de la neurosis que llevamos en el bolsillo en cada encuentro con otro.

Pero el factor humano es más fuerte, mucho más fuerte que cualquier cálculo que la tecnología de las relaciones pueda programar. Y fueron las redes sociales las que se adecuaron a la tríada de nuestra erótica (S.Thompson): Facebook e Instagram son las plataformas del deseo, esa faceta de nuestras pasiones que se juega en el barro de hacerse desear. Mostrarse, esperar el "me gusta" de alguien privilegiado, o bien, acumular miradas de aprobación. Supera esa dificultad que en la vida nos hace tener pocos amigos: la energía para dar y recibir aprobación. Acá bastan segundos para este gratificante acto. ¿Cuántos no hemos donado un like antes siquiera de cargar la foto o el texto de aquel a quien queremos festejar?

Si quiere saber más sobre usted mismo o sobre los otros, vea cómo configura y usa sus redes sociales.

Por su parte Tinder aborda la parte goce de las pasiones. Si bien se ahorra el mal entendido de la seducción, porque estar en la vitrina no resiste confusiones, se replica de todos modos esa grieta que en la vida deja la división del goce y el afecto. Aparecen las dudas y la ansiedad, por ejemplo: ¿después de cuántas citas con alguien de Tinder debo esperar que éste deje la aplicación? ¿Se está en obligación de ir al encuentro sexual? ¿El código es que si el encuentro fue por Tinder, se asume que hay otros concursantes participando de manera simultánea, o es sucesivo?

Y WhatsApp. ¡Ay, WhatsApp! Aplicación que devela lo más terrible de la demanda de amor. Ahora se puede calcular qué soy para el otro: si leyó mi mensaje, cuánto tiempo se demora en responder. El amor sería proporcional a tal tiempo. No hay desazón mayor que verificar un doble check y no recibir noticia. Lo más terrible es que el disimulo es imposible, ya que al configurar la app para que no se vea ni la última hora de conexión o doble check, aquello también es digno de sospecha.

Y a esta triada yo le agregaría una cuarta pasión: el odio. La promesa de la horizontalidad del debate de la aplicación del pajarito pasó a ser el campo de la vulgaridad de la agresión. Se dice que por lo mismo el valor de Twitter va en bajada.

Si quiere saber más sobre usted mismo o sobre los otros, vea cómo configura y usa sus redes sociales. Como los sueños, éstas se han transformado en una vía regia a sus pasiones inconscientes.