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Pensad, pensad malditos

15/10/2012 08:14 CEST | Actualizado 14/12/2012 11:12 CET

Podría empezar este artículo con un alegato del papel del intelectual público en nuestro tiempo, pero iré directamente al grano. FP en español acaba de publicar la lista de los 50 pensadores iberoamericanos más influyentes. A nadie sorprenderá encontrar en ella los nombres de Mario Vargas Llosa, de Fernando Savater o de Julio María Sanguinetti, y a muchos sí sorprenderá la ausencia de alguien como Gabriel García Márquez. Pero los cuatro únicos criterios utilizados para confeccionarla han sido que los autores estén vivos, activos -lamentablemente Gabo lleva ya algún tiempo retirado -, que hayan desarrollado toda o parte de su carrera en español y/o portugués y que tengan peso en el debate público. Por supuesto, hay también nombres discutibles, como en todos estos ejercicios, pero también se trata de eso: de generar un poco de polémica y de dedicarle unos instantes a pensar qué es y qué papel desempeña, realmente, un intelectual.

¿Será, tal vez, una especie en vías de extinción? Porque este agitado ritmo de vida, la celeridad con la que nos imponen tomar decisiones, la multiplicidad y dispersión de fuentes de opinión y de conocimiento, y el reinado absoluto del corto plazo dejan hoy poco espacio para la reflexión profunda y pausada.

Hubo un tiempo, además, en que el intelectual era un personaje conocido, y reconocido, valorado por lo que aportaba a la sociedad. Desde hace ya un buen número de años, los modelos son otros completamente diferentes, dominados por el éxito rápido y el dinero. Hubo un tiempo, incluso, en el que muchos políticos habían sido primero intelectuales. De hecho, en la lista de FP figuran varios, como Fernando Henrique Cardoso, Ricardo Lagos o Jorge Castañeda. Poco hay que añadir a la percepción que tienen los ciudadanos, al menos los españoles, de su clase política actual; cuando, con sus ideas y sus propuestas deberían ser parte de las soluciones, se los ve como parte inherente del problema.

También hay una destacada representación de economistas en este listado. Es lógico: han pasado a ocupar el primer escalafón entre los especialistas con influencia. Nadie discute que su capacidad de convencer a los políticos de ir en un sentido o en otro determina nuestra existencia. La crisis ha convertido en habituales términos que hace no mucho pertenecían casi al dominio exclusivo de los herederos de Keynes y sus contrarios.

FP en español comenzó este ejercicio hace cuatro años, a rebufo de la iniciativa lanzada por la edición americana de la publicación, que anualmente selecciona a los 100 intelectuales con más influencia global. En aquel momento, sólo cinco, de un centenar, eran españoles o latinoamericanos. ¿Realmente era tan escaso el peso del pensamiento en español y portugués? Más de 500 millones de personas, ¿y no tenían a casi nadie que hablara por ellos? Claro que los hay; pero determinados ámbitos están tan dominados por el impulso anglosajón -el de las relaciones internacionales es indiscutiblemente uno de ellos- que casi cualquier otra alternativa queda sepultada. Y no es sólo una cuestión de idioma, sino de modos de ver, entender y traducir el mundo.

Así que el conjunto será discutible en esta lista. Muchos nombres podrían no estar y otros que lo merecen han quedado fuera; pero el que la selección haya sido difícil es una fantástica noticia, porque indica que el abanico es amplio. Ahora toca a los lectores elegir a sus 10 favoritos. Están todos, por supuesto, cordialmente invitados a participar.