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¡Vivan las 'caenas' del 26-J!

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Al regreso de su destierro, el absolutista Fernando VII, el rey Felón, tras ignorar la Constitución de 1812 y las Cortes de Cádiz disfrutó de un recibimiento apoteósico: varios ciudadanos desengancharon los caballos de la carroza real y se dispusieron a tirar de ella al grito de "¡Muera la libertad y vivan las cadenas!, ¡Viva el rey absoluto y vivan las cadenas!", que con la mala pronunciación popular degeneró en "¡Vivan las 'caenas'!". Por aquella época, los negros eran los españoles liberales -no en el sentido económico y "neocon" que se le da ahora, sino en el político-, de manera que también se gritó mucho "¡Mueran los negros!".

Cuando el presidente del Gobierno decidió el año pasado echarse la larga siesta de invierno y el resto de candidatos se dedicaron a pisarse la manguera, España entraba en un ciclo de parálisis institucional en el que todavía seguimos. Aun así, un tercio de los que acudieron a los comicios ha vuelto a votar a la derecha, que tras pulverizar los horóscopos de las encuestas e intenciones de voto -los españoles no castigan la corrupción, algo que debería preocuparnos a todos- ha obtenido 14 diputados más en las Cortes y se ha convertido en el partido más votado, con el 33% de los españoles gritando frente al balcón de Génova, con ardor militante, aquello de vivan los impuestos, arriba la corrupción y más recortes en sanidad y en educación.

Este y no otro es el retrato, el mismo que llevó a la Presidencia a Mariano Rajoy el 21 de diciembre de 2011 en esta España que exonera y despenaliza a sus dirigentes corruptos, corre que empieza el partido y no llegamos. Valdría igual para el resto de partidos, ya se trate del PSOE o de Convergència i Unió, que cuentan con ese voto militante e inamovible, hagan lo que hagan. A lo que se ve, poco han cambiado las cosas en un lustro, que tampoco es para tanto, oiga, porque para que estén estos es mejor que salga uno de los nuestros; mientras, bulle la picaresca de los pactos, las tarjetas black, los áticos y apartamentos y el borrado de los ordenadores de Génova antes de que llegue la policía judicial.

En España, en realidad, siempre esperamos como una epifanía el día de la Lotería de Navidad, la bonoloto o cuando el partido nos elige por nosotros un líder después de mucho bregar, medrar y trepar, porque lo que nos inspiran unas elecciones generales es una gran abstención, que hoy la suegra nos ha preparado una paella mixta: con el panorama que tenemos, menos del 70% de los españoles salieron de la cama a depositar las dos papeletas. A nosotros nos dio tiempo a leer después las deliciosas memorias de Elvis Costello, Música infiel y tinta invisible, entre col y col, y a la espera del recuento.

Pablo Iglesias, que es más de novias de largo aliento que de jais que van y vienen, le dio el abrazo del oso a Alberto Garzón en el último tramo e hicieron de la izquierda española un afiche, un cartel colgando de una farola que al electorado le resbala, un póster de los chicos, un selfie resultón y viejoven para las novias y hasta una cita para el cine.

No vivimos en un país donde se premie la meritocracia. Aquí las cosas son a dedo de cargazo, de sobrinísimo o de yernísimo, que somos muy de familia para estas cosas del Poder y el suelo de votantes -que siempre nos parece el infierno de Dante visto desde arriba con millares de cabezas chillando-.

Más de 600.000 adeptos de la derecha que hay que añadir desde diciembre. "Nosotros pagamos la corrupción el 20-D", ha dicho convencida la vicesecretaria Andrea Levy, el lado femenino del PP que deshace el paisaje plano de los muy mayores que salen al balcón. Los nuevos ricos amnistiados fiscalmente por Montoro ya han cobrado solera y se sienten fuertes con su aspecto camp y la cadenaca de oro sobre el pecho abierto, salen a la calle y hacen el hortera con el descapotable y la jai por la Castellana, que puede no ser la misma a lo largo del día.

Pablo Iglesias, que es más de novias de largo aliento que de jais que van y vienen, le dio el abrazo del oso a Alberto Garzón en el último tramo e hicieron de la izquierda española un afiche, un cartel colgando de una farola que al electorado le resbala, un póster de los chicos, un selfie resultón y viejoven para las novias y hasta una cita para el cine. Unidos no pudieron. Luego salieron con Errejón a la plaza del Museo Reina Sofía para decir que gobernarán dentro de muchos años, pero a nosotros qué más nos da, si ya no lo veremos.

Ahora se ha abierto la tienda de los mercaderes: si uno tiene los suficientes escaños ahí se compra y se vende una investidura para gobernarnos, una presidencia en el Congreso o unos presupuestos generales para 2017 que se verían prorrogados si no se llega a un acuerdo, antes del plazo legal en septiembre.

La izquierda da mucho miedo y da como un escepticismo del mito: María, qué nos van a hacer estos chicos, que nos quitarán las pensiones. Y la ley D'Hont sigue perjudicando a los partidos incipientes y pujantes: 285.000 personas votaron al PACMA, la octava fuerza más votada, y que no ha logrado representatividad. En España a los animales nos los comemos.

Ahora se ha abierto la tienda de los mercaderes: si uno tiene los suficientes escaños ahí se compra y se vende una investidura para gobernarnos, una presidencia en el Congreso o unos presupuestos generales para 2017 que se verían prorrogados si no se llega a un acuerdo, antes del plazo legal en septiembre. Nos preguntamos qué sería de nuestros queridos líderes sin sus respectivos partidos. ¿A qué orientarían su megalomanía? El círculo vicioso de la España conservadora y del vamos tirando y "virgencita, que me quede como estoy" no se esclarecerá nunca porque en realidad lo del PP es un tirón dinástico sancionado por el pueblo. Lo que no nos queda claro tampoco es si los españoles creamos a nuestros candidatos o fueron ellos quienes nos modelaron con el barro de la indiferencia.

¡Viva la lista cerrada! El 26 de junio nos ha dejado con la bajamar un resumen eficaz de nuestra personalidad. Los que no somos partidistas, sino periodistas, nos pasmamos ante el españolito merengón del todo se andará, su ligue de barra de bar, su metesaca cotidiano con su oíslo y su odioso "más vale lo malo conocido"; conciudadanos que quieren continuidad y canapé porque gustan de tributos, gravámenes, regidores pútridos, comisionistas, azotes, lo ultra... las cadenas. O "caenas", señora, que mire la que ha liado con los populares, que nos ha dejado España de cuerpo presente. "Déjate de zarandajas, hijo, y déjame ver a Bertín, que es muy gracioso". Buenas noches, señora: y hasta la vista.