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De sanciones y 'fair play'

21/05/2015 07:04 CEST | Actualizado 20/05/2016 11:12 CEST

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Simon Clarke cede su rueda a Richie Porte. / @GIRODITALIA

La tarde después de la décima etapa del Giro de Italia no fue una tarde cualquiera, no fue la típica tarde de descanso, masajes y recuperación para todos los ciclistas, al menos no para todos, y tampoco fue una tarde corriente para todos los aficionados, que esperarían corrientemente al día siguiente para volver a consumir su dosis diaria de buen ciclismo. La tarde del martes fue una inusual tarde de revuelo mediático en el mundillo ciclista, en los medios y en la redes sociales. ¿El motivo? La penalización con dos minutos de tiempo perdido a Richie Porte; la justificación, haber recibido asistencia mecánica de un equipo contrario. La realidad es que en los últimos kilómetros de la décima etapa, cuando el pelotón volaba en caza y captura de los cuatro fugados, el corredor australiano del equipo Sky sufrió un pinchazo; inmediatamente, otro australiano, Simon Clarke, del equipo Orica, le cedió su rueda para que no perdiera tiempo en volver a subirse a la bicicleta. Richie Porte perdió 47 segundos en meta, un tiempo sin duda importante, y la etapa finalizó sin mayores sobresaltos. Pero a media tarde saltaba el revuelo cuando se hacía saber que los jueces de carrera decidían sancionar a Porte con una penalización de 2 minutos. A partir de aquí, opiniones para todos los gustos. Ante circunstancias tan singulares como estas, cabe hacerse varias preguntas.

Se entiende que una penalización se impone ante la existencia de un perjuicio. ¿Cuál es aquí el perjuicio causado y a quién? Si lo que dice el artículo 12.1.040 /8.2 del Reglamento de competición es que no se puede recibir asistencia mecánica de un rival (aunque no diga por qué), podemos deducir que lo que se quiere evitar es recibir ayudas o beneficiarse de situaciones ventajosas provocadas por un equipo contrario, y por ello, surgen aún más dudas.

¿Qué sucede cuando un corredor de un equipo entrega a otro un bidón con agua o con sales? ¿No es esa una ayuda a un rival? ¿Y si el rival que necesita el bidón se encuentra al límite de la deshidratación y el hecho de recibir esa ayuda le permite conservar un rendimiento adecuado que de otra manera no hubiera tenido? Quizás lo del bidón pueda parecer nimio. Pero, ¿qué sucede cuando un corredor rival deja ganar a otro? Una victoria no es poca cosa, de hecho es la situación más importante que se da a lo largo de una competición, ¿no está adulterado así el resultado? ¿Y si hay intereses ocultos tras las victorias de etapas cedidas a corredores rivales? ¿No es eso sancionable? La respuesta es no, no lo es. De la misma manera, ¿qué sucede con las ayudas durante la carrera, en forma de relevo o labor de gregario ante una situación de pérdida de tiempo con respecto a los corredores que van por delante? Recordemos que es habitual ver a corredores sin intereses en la general ayudar a líderes que se han quedado sin compañeros y que solos no podrían hacer el trabajo de persecución.

Más allá de un par de detalles que se deducen de este caso, a saber, que muchos corredores no se saben el reglamento y que los directores no están al tanto de lo que hacen sus ciclistas (Porte colgó inocentemente en su Twitter la fotografía de Simon Clarke dándole su rueda) hay ciertos elementos que deberían hacernos reflexionar. En primer lugar, los árbitros de carrera no vieron cómo se producía la cesión de esa rueda, ya que actuaron tras ver publicada la fotografía por el australiano. ¿Debe actuar de oficio un árbitro sin haber sido testigo de la infracción?; en segundo lugar, ¿es proporcionada la imposición de dos minutos a la infracción cometida? ¿En qué se basa la aplicación de esa cantidad de tiempo? ¿Siempre se aplica la misma imposición de tiempo al margen de las circunstancias de carrera y de la situación del corredor en la clasificación general?

Si algo caracteriza al ciclismo es que se trata de un deporte que tiene un componente de solidaridad entre rivales raramente observable en otras disciplinas. Como antes se ha dicho, que un rival deje ganar a otro no es algo frecuente en el deporte profesional, y no tiene por qué responder a oscuros intereses sino, en la mayoría de los casos, al respeto y consciencia de que a quien se va a ceder esa victoria tiene motivos justificados para merecérsela. No parece que decisiones como esta contribuyan al fair play deportivo, por no hablar del grave daño que le causa al corredor sancionado, un corredor que aspira a la victoria final de una competición de tres semanas y que, además de tener que soportar la pérdida de tiempo derivada del pinchazo (una circunstancia de carrera sí, pero que no deja de ser una desventaja derivada de un hecho ajeno a las circunstancias del corredor), ve cómo una losa de 2 minutos cae sobre él, privándole casi con total seguridad de sus aspiraciones a la victoria final. No nos engañemos, en el ciclismo actual, donde las victorias se dirimen por una cada vez menor diferencia de tiempo, 2 minutos suponen decir prácticamente adiós a tus aspiraciones.

Parecería en cambio más lógico que los jueces actuasen como tal y que, viendo in situ desde sus cómodos asientos forrados del coche o la moto la infracción, realizasen una estimación objetiva del tiempo ganado por esa ayuda para aplicarlo después en modo de penalización; estaríamos hablando quizás de 30 ó 45 segundos, el tiempo que hubiera tardado en llegar el coche y no más. Incluso parecería aún más lógico aplicar una sanción económica a un caso como este, que no influyera y que respetara el hecho deportivo.

Le queda al aficionado, en definitiva, la sensación que le han robado una parte del espectáculo de este Giro de Italia, con una sanción desproporcionada que priva al corredor de luchar por la victoria final, dando al traste con buena parte de su preparación de una temporada en la que el Giro de Italia era su principal objetivo.