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PP culpable, PSOE cómplice

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Foto: EFE

Saber si el gato de Schrödinger está vivo o muerto es tan difícil y relativo como entender si el PSOE continúa siendo un partido político autónomo o es una sucursal del Grupo Prisa. Entre las múltiples lecturas posibles de la paradoja de Schrödinger , quizás sea la interpretación relacional la que mejor se ajusta al paralelismo con la situación en la que se encuentra el PSOE. Según esta interpretación, la clave sería la relación subjetiva existente entre el observador y el gato: solamente cuando se abre la caja obtenemos un resultado concreto. Dicho de otra manera, las dos descripciones del proceso colapsarán al abrirse la caja; es decir, al abstenerse en la investidura.

Ya lo anticipó de manera muy lúcida el 15M en las plazas: PP y PSOE son el partido único del Régimen del 78. Un PSOE que -como bien muestra la historia en los últimos años- ya venía pactando con el PP las grandes cuestiones de estado como la reforma del artículo 135 de la Constitución, el Código Penal, la reforma laboral, el pacto antiyihadista, el 'no' al referéndum para el TTIP en España, etc., no podía representar una oposición real al PP. El PSOE ya no era una opción de resistencia al PP, sino su complementario parlamentario, su reflejo distorsionado y moderado.

Lo que definía a la nueva política, su gramática y sus prácticas, era la insistencia en profundizar en los mecanismos de resistencia social ante el poder omnívoro del aparato legislativo, y la necesidad de más democracia y más participación construida desde la base. Ya no cabía entender la política sin contar con la gente. Pensar la política separada de lo social. El 15M reclamaba un protagonismo que le había sido negado al pueblo, al comprender la democracia como un espacio de negociación entre los profesionales de lo político al servicio de las élites. Una serie de agentes extra-políticos que, en muchos casos, decidían el futuro de nuestro país sin haber sido elegidos democráticamente.

El cambio de ciclo que se inició con el 15M hoy vuelve a mostrarse tras el abstencionazo del PSOE, tras su claudicación ante el régimen. En el Parlamento Europeo (eso que está tan lejos pero que determina las políticas económicas del país) votan conjuntamente en más del 75% de las veces.

En Madrid ya no caben ambigüedades: un Podemos plural, abierto y democrático, representado por Juntas Podemos (liderado por Ramón Espinar) o un Podemos descafeinado que busca caer bien antes que ser auténtico.

PPSOE en estos últimos años han recortado en derechos sociales y laborales, han aplicado medidas de austeridad, no han sido capaces de defender el derecho a una vivienda digna, han privatizado empresas públicas. La lucha corrupción, que a cada ciudadano nos cuesta una media de 2.000 euros al año, ha sido parte de la retórica, pero no la han combatido, sino que han sido cómplices de ella. No nos olvidamos.

Y hoy en otro escenario diferente, el PSOE (junto con Cs, alias la muleta parlamentaria) ha cerrado filas en un contexto de descomposición del régimen que le obliga -por primera vez en la historia democrática de España- a mostrar públicamente sus vergüenzas. Ese partido socialista que en los primeros años de democracia supo traer esperanza a miles de ciudadanos, que trajo muchos logros a este país, hoy se entrega al partido más corrupto de Europa.

PPSOE están de acuerdo en una cosa fundamental, y es el mantenimiento de su propio statu quo: mantener el régimen del 78 y evitar a toda costa que Unidos Podemos sea una alternativa real de gobierno. No se han dado cuenta de que en 2016 todo ha cambiado, que la época del turnismo en el sistema de partido ya ha finalizado. La alternativa al PP ya existe y se llama Unidos Podemos, y hoy por hoy tiene la difícil tarea de no arrinconarse en un parlamento que buscará taparle nuevamente las vergüenzas al PSOE para ganar tiempo y poder volver a presentarse como el PSOE regenerado: la regeneración dictada por el propio régimen a la carta, lo que beneficia no sólo al PSOE sino al propio PP y al turnismo. Las grandes cuestiones en esta nueva legislatura volverán a ser cosa del PPSOE, con apoyo siempre del partido muleta naranja, mientras que en el resto de cuestiones -trámites simbólicos que no tienen ninguna repercusión en la vida de la gente-, el PSOE hará una feroz oposición. Ya no le valen los disfraces. Hoy toca estar -también- en las calles, defendiendo nuestros derechos, reclamando el futuro que nos ha sido robado. Quienes quieran atribuir a unos u otros el derecho legítimo que tiene el pueblo de salir a la calle y defenderse en común, poco ha aprendido de ese 15M que llenó las plazas de todo el país.

La tarea fundamental pasa por hacer de Podemos el instrumento más eficaz (el mejor) para el cambio, una verdadera herramienta al servicio de la gente y no de las instituciones. Para eso no debemos proyectar nuestro futuro ni permitir que nuestro destino esté en manos de quienes han entregado el país a los corruptos. No podemos ni debemos parecernos a nadie, ni seducir a quienes han sido cómplices de este golpe de régimen. Toca seguir siendo coherentes, ser claros, apostar por el empoderamiento de la gente y decir las verdades, aunque sean incómodas, aunque tengamos enfrente a los medios y a las élites. Pero que sepan que sólo así tendremos detrás a los imprescindibles, a lo más importante: el pueblo.

En la Comunidad de Madrid, tenemos la oportunidad de demostrar qué Podemos queremos en el futuro. La organización vive también su propio cambio de ciclo, después de haber servido -exitosamente- como maquinaria electoral, hoy toca replegarse y hacer trabajo de hormiga, codo a codo con quienes más tiempo llevan peleando por la transformación social. La situación económica obliga a no ponernos de perfil, a no dejar que se cometan injusticias y a actuar en ellas visibilizando los problemas de la gente (a pesar de que no sean marcos ganadores). Personalmente, estoy segura de que mas pronto que tarde ganaremos, pero no a cualquier precio. Hoy toca ser oposición en las instituciones a pesar del estrecho límite legislativo y, sobre todo, construyendo contrapoder en las calles con amplios sectores de la sociedad.

Y en Madrid ya no caben ambigüedades: un Podemos plural, abierto y democrático, representado por Juntas Podemos (liderado por Ramón Espinar) o un Podemos descafeinado que busca caer bien antes que ser auténtico. Esperanza Aguirre nos decía que se siente cómoda con ese Podemos moderado. Afortunadamente, Aguirre no decide en Podemos. Sigamos construyendo Podemos en común, con los de abajo, sin renunciar a nuestro ADN, defendiendo a los invisibles. Como decía Allende..., sepan ustedes que más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas.

Y es que la situación es la que es, y el PSOE, con su abstención en la investidura de Rajoy, se ha encerrado en una paradoja que le invalida automáticamente como oposición real. Su futuro como organización ya no le pertenece, le viene determinado por otro partido y, de una u otra forma, quedan a la espera de que Rajoy abra la caja y comprobemos que el PSOE está muerto.

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Foto de la candidatura Juntos Podemos al Consejo Ciudadano de Podemos Madrid/Irene Lingüa