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Jugando a ser héroes

04/06/2017 00:13 CEST | Actualizado 04/06/2017 00:40 CEST
GTRESONLINE
El diseñador Davil Delfín y la modelo Bimba Bosé en una imagen de 2008.

En estos días cuando leía sobre el estado de salud de David Delfín me venía a la cabeza el libro de memorias de Patti Smith Éramos unos niños, donde la cantante relata su amistad con el fotógrafo Robert Mapplethorpe; la vida en común de dos entusiastas que cruzaron un camino que les llevó al centro neurálgico del arte. No podía evitar extrapolar la historia de esa afinidad con la que mantuvieron Bimba y David. Si los primeros estaban inspirados por Rimbaud, Dylan, o Genet; el Delfín y la Bosé se nutrían de Bourgeois, Magritte, Beuyes o David Bowie.

Qué latigazo eléctrico sentiría Bimba cuando conoció a David trabajando de camarero en el bar de su tía Paola, Corazón Negro, ataviado completamente de blanco, con las cejas depiladas y flores en la cabeza. A él se le apareció la virgen; su musa. Fue un encuentro cósmico.

Poco tiempo después sellaron una amistad inquebrantable y fascinados el uno por el otro irrumpieron en la moda, David con sus prendas militares, Bimba abriendo desfiles en EEUU y haciendo campañas para Gucci.

Como dice el texto de la ilustración que David Delfín dedica a Bimba en su exposición Interiores: 'Fue cuando te conocí que las palabras se empezaron a desarticular. Leer entre líneas. Leer al mirar. Lo superficial en lo profundo, lo profundo de lo superficial [...] Vamos a jugar'. Y jugaron sin parar... Junto a los hermanos Postigo, montaron la firma Davidelfin Madrid; jugaron a hacer cortometrajes, ella jugó a cantar por Manuel Alejandro con base musical de Twin Peaks en un desfile; él jugó a ilustrar el libro de ella; jugaron a conquistar el mundo con la colección Revelations en la semana de la moda de Nueva York. Jugaron a ser héroes de su propia historia, y lo fueron.

David y Bimba no han sido parte de ninguna corriente artística, ni tampoco de algo parecido a La Movida II, pero integraban una especie de animal con varias cabezas que se retroalimentaban entre sí.

¿Cómo explicar que un chico que trabajaba en una óptica de la Marbella del GIL consiguió liderar una factoría creativa con relevancia nacional? Y digo factoría, porque a David además de la pasarela lo que le interesaba era diseñar a toda costa, mostrar su mundo, su visión, ya fuera en el vestuario de Hamlet (versión teatral de Tomaz Pandur), en una película de Almodóvar (Los Amantes Pasajeros), en la portada de un disco (The Cabriolets) o sobre un envase de vino (Sonsierra). El rondeño ha demostrado ser un trabajador incansable.

No me avergüenza confesar que conocí la obra de Beuys gracias a Davidelfin. Y que posteriormente diseñé el escudo de mi equipo de fútbol en base a un sello de Beuys que vi estampado en una camiseta que rezaba 'La rivoluzione siamo noi'; y es que la revolución realmente llegó con ellos. A nadie antes se le había pasado por la cabeza fusionar a un artista tan controvertido como el alemán con prendas de vestir.

David y Bimba no han sido parte de ninguna corriente artística, ni tampoco de algo parecido a La Movida II, pero integraban una especie de animal con varias cabezas que se retroalimentaban entre sí: Alaska y Mario, La Fresh Gallery, Davidelfin Madrid, etc, han venido siendo emblema de la imperecedera modernidad de Madrid en los últimos años. Al igual que el fallecimiento de las Costus fue posiblemente el hecho que marcó el punto final de la movida madrileña, la desaparición del diseñador y la modelo supone la clausura de una época.

Ese engalanado ser bicéfalo que fue Delfín/Bimba sostuvo el tiempo con las manos recelosas, tejidas de seda, caminando cuidadoso sin hacer ruido para no despertar lo mundano. No tengo duda de que esta noche les espera recital de piano de su admirado Liberace en exclusiva. Mientras tanto, subo el volumen del reproductor musical, a mis poros se agarra la melancolía de la canción 2HB interpretada por Thom Yorke en la versión de Venus in Furs. Un ciclo se disipa, pero el recuerdo prevalece por siempre.